10 de abril de 2013

ALLENDE 2012: CULTURA Y CIVILIZACIÓN EN LA NOOSFERA PLANETARIA DE ACUARIO







“La Cultura Galáctica
y el advenimiento de la Civilización Cósmica:
Mirando más allá de 2012”


Por José Argüelles

[Extracto]




II. La Naturaleza de las Culturas y de la Civilización: Una Visión Más Elevada


Puesto que estamos viviendo en el tiempo final, en el tiempo de la inversión de valores y el expolio de todo lo que es sagrado y espiritual, es importante reconsiderar lo que entendemos por civilización y cultura, dos palabras que a menudo se pueden asociar estrechamente ¿Qué es una civilización? ¿Qué es cultura? ¿Cuál es la relación entre ambas?
Hoy en día, la civilización está plenamente equiparada con el progreso material y el avance tecnológico. Cualquier otro valor –cultural, espiritual o medioambiental– está subordinado a los valores materialistas. Y por supuesto, el progreso material y tecnológico está totalmente asociado con la economía financiera. Esto es, cuando se trata de decidir entre lo económicomaterial, y entre los valores, espiritual, cultural o medioambiental, casi siempre prevalecerá el asunto económico. En la década de 1970 las múltiples protestas del mundo no pudieron impedir la construcción del aeropuerto de Narita, en Japón, en la que era considerada una zona cultural y medioambiental sensible. En nuestros días, hay numerosas peticiones contra la construcción de un hipermercado Walmart en Teotihuacán, el mayor y más sagrado de los antiguos centros culturales en México. El hecho que alguien haya pensado en permitir tal proyecto en este lugar, muestra ya un signo de mentalidad cultural degradada de los tiempos finales.
El hecho es que la cultura alrededor del mundo está prácticamente extinguida, su mayor florecimiento es una concesión a la “industria” turística (léase: gigantes compañías aéreas y grupos hoteleros) mientras que la monstruosidad de la tecnosfera con sus variadas formas artificiales de entretenimiento electrónico ha suplantado la idea de cultura entre las grandes masas. Y la propia civilización, como un sistema de valores, se encuentra inmersa en una guerra prolongada contra el terrorismo, una guerra que nunca ganará. Si civilización significa algo que ennoblece, que eleva al ser humano, entonces los terroristas ya han vencido. Al someter a todo el mundo a un tratamiento criminal a medida que pasan a través de los aeropuertos del mundo, camino a ésta o aquella “meca turística”, la dignidad humana, base de todos los valores de la civilización, ha sido ya sacrificada en el altar de la “seguridad”.
Mientras tanto, el ruido de las autopistas, incluso en el campo, la contaminación acústica en todas partes de las ciudades, el polvo, la suciedad y la horrenda cultura del desperdicio, han destruido prácticamente la calidad de vida del ser humano. Esta pérdida, que todo el mundo está viviendo en su día a día, poco a poco va disminuyendo su sensibilidad, complementándose con el hecho de que la industrialización ya ha excedido sus propios límites, y la respuesta de la Tierra al calentamiento global está a punto de alterar las líneas costeras y el clima de la civilización para siempre. Dicho en términos geológicos, estamos refiriéndonos a los cambios dramáticos que se producirán en el futuro inmediato –antes del 2012.
Así que cualquier visión de una futura Civilización Cósmica, sólo puede y debe ser, la antítesis que transcienda lo que ahora prevalece. De alguna manera, parece que debemos empezar de nuevo, si no fuera por que disponemos de un plan ya desarrollado que se hará evidente, una vez que lo peor haya alcanzado su punto más dramático. Pero para ayudarnos a reorientarnos hacia el bien supremo, la regeneración óptima de nuestras percepciones y valores más sagrados, debemos considerar de nuevo: ¿Qué es cultura? ¿Qué es civilización?
Podemos suponer que la cultura precede y es la base de la civilización. Cuando hablamos de cultura en este contexto, nos referimos a un patrón integrado de conocimientos, creencias y comportamientos humanos, que dependen de la capacidad humana para aprender y transmitir el conocimiento a las generaciones futuras. Como tal, una definición biológica aún más básica,  sostiene que la cultura es el cultivo de la materia viva (humanos) en un medio nutriente preparado.
Es este medio “nutriente”, quien realmente determina la calidad de la cultura. Para la consciencia humana, el medio nutriente estaría constituido por las creencias espirituales y las estructuras mentales que codifican un sistema particular de creencias. Cuanto más puras sean las creencias espirituales, y más elevada sea la predisposición mental y sus estructuras de percepción, más se aproxima el término cultura a la edificación espiritual, y a una excelencia de gusto adquirido por un entrenamiento espiritual, intelectual y estético. Por tanto, la cultura se convierte en el acto de desarrollar las facultades espirituales, morales, intelectuales y estéticas mediante sistemas de educación coherentes con el medio de cultivo. “El hombre y los tesoros en su interior representan uno de los mayores secretos de la creación.” El-Yacoubi, Whatever Your Is You Are His” p. 116. 
Según los preceptos de Nicolás Roerich, la esencia de la verdadera cultura humana es la luz. Esta luz, es la luz de la consciencia espiritual innata, que ilumina los senderos de toda iniciativa humana que constituye lo que llamamos cultura. Cuando esta percepción está en el centro de los asuntos humanos, entonces la cultura se convierte en el estándar de una paz viva, razón por la que Roerich declaró: "Donde hay paz hay cultura, donde hay cultura hay paz". Es claramente esta percepción de cultura la que debe ser el núcleo de la futura Civilización Cósmica.
La noción de cultura, como cultivo de la luz, es innata en cada ser, corresponde a las más elevadas enseñanzas espirituales, por ejemplo, el Islam y el budismo. En el Corán se dice claramente que todo ser humano está impreso –desde antes de su creación– con la memoria del único Dios (7:172), mientras que una doctrina fundamental del budismo Mahayana, es que cada uno nace con el potencial de la iluminación, bodhicitta. Aunque todos estemos innatamente dispuestos a la realización de ese potencial de iluminación del Dios interno, debe ser cultivado para ser totalmente realizado o despertado.
Ciertamente es la calidad de la cultura la que determina la calidad de la civilización, y la calidad de la educación del individuo, es la que determina la calidad de la cultura. La verdadera base de la educación genuina del individuo está en impartir el valor del auto-cultivo. ¿Qué es el autocultivo? El auto-cultivo comienza con el entrenamiento del individuo a temprana edad, para que tenga una percepción de sí mismo en relación a un orden divino más elevado de la realidad y transferir esta percepción a las relaciones en el entorno que le rodea.
Así que la base del auto-cultivo debe empezar a inculcarse al niño, a partir de los 7 años, en el sentido de responsabilizarse de su propia mente, consciencia y cuidados del cuerpo físico,
incluyendo una ética de respeto hacia sí mismo, higiene personal, y la implicación en la calidad estética y el cuidado de su entorno. Probablemente el punto más fundamental que debe enseñarse al niño en esta etapa, para elevar su propio auto-cultivo, es la ley del karma de causa y efecto, que dice que lo que cosechas es lo que siembras. Si esto se le explica al niño en términos de que es una ley cósmica, y no simplemente una recompensa basada en el miedo, o motivo de un castigo, todo irá mejor.
El punto es que la cultura comienza con el individuo y después se extiende a la familia y al grupo social. Esto forma el núcleo de lo que eventualmente se convierte en una civilización. ¿Qué es lo que constituye una civilización? Obviamente, un núcleo cultural que es el núcleo de cualquier civilización. El tipo y calidad de la cultura van a determinar las características y naturaleza de la civilización. Por supuesto, hoy en día, tenemos muy distorsionada nuestra percepción de lo que podría ser una civilización, esto es debido a la calidad y naturaleza de la civilización global en que vivimos. Dados los efectos de esta civilización en el planeta, su guerra al terrorismo, después de dos guerras mundiales, y dos siglos de expansión industrial e imperialista mundial anterior a todo ello, ¿qué tipo de núcleo cultural podríamos suponer que tiene esta civilización?
De hecho, ¿cómo definimos una civilización en relación a su núcleo cultural? La definición estrictamente histórica de civilización es que es la etapa de desarrollo cultural en  la cual la escritura y la conservación de registros escritos es alcanzada. Esta es una definición bien interesante. Desde una óptica más profunda, la escritura, en cuanto medio perceptual que afecta al cerebro, acentúa la necesidad de la conceptualización abstracta, que es diferente del estímulo inmediato de los órganos de los sentidos. Es esta tendencia hacia la abstracción la que caracteriza la civilización y la noción expuesta de civilización histórica, como se ha desarrollado en los últimos cinco mil a seis mil años. La idea de que una civilización también se distingue por una necesidad cultural de mantener registros escritos, o que la escritura sea utilizada para tales registros, también hace a la civilización, por esta definición, un factor productor de historia, porque ¿qué es la conservación de registros sino la base del constructo de la consciencia conocida como historia? Si la historia es un concepto que depende del arte de la escritura, ¿existe la historia como concepto para los pueblos que no poseen escritura? ¿Qué significa decir “post-histórico”? ¿Es posible concebir civilizaciones definidas por otro factor que no sea la escritura o los registros escritos? ¿Es el estándar de hacer-historia quizás, una definición primitiva de civilización? En cualquier caso, dentro de un horizonte cultural que ha “avanzado” hasta la escritura, existe aún un núcleo cultural. Éste es el motivo por el cual, la civilización tradicional china, por citar un ejemplo, tiene cualidades diferentes de la civilización indo-aria o de la civilización grecorromana. De hecho, por el estándar de escritura como definición de civilización, ha habido solo algunos fenómenos durante el “ciclo histórico": la mesopotámica (escritura cuneiforme), egipcia (escritura jeroglífica), indo-aria (escritura alfabética-pictográfica), china (escritura pictográficaideográfica), greco-romana (alfabética), mesoamericana (escritura jeroglífica) –sin embargo al acercarnos a la civilización andina de América del Sur, encontramos que parece no existir una tradición escrita, aparte de un riguroso sistema de símbolos y el quipu – de cuerdas anudadas– por lo que damos el status de civilización completa a la gran civilización de Sudamérica.
Otra definición más generalizada es la siguiente. Civilización es cualquier nivel relativamente alto de desarrollo cultural y tecnológico. Por este estándar igualmente, civilizado, cualidad de vivir en una civilización, ha tendido a significar un refinamiento del pensamiento, costumbres y gusto. Por esta definición, la gente “civilizada” se ha separado de los “bárbaros”, aquellos que tradicionalmente han vivido fuera de los límites definidos –geográficos y culturales– de una civilización. Por otro lado, el ciclo histórico también está caracterizado por el "surgimiento y caída" de civilizaciones, y esto es a menudo citado como debido a una tendencia general hacia la degeneración cultural y el auge de los bárbaros del interior. Estos ciclos han impulsado a renovadores culturales y reformistas religiosos y, de hecho, al surgimiento de nuevas civilizaciones enteras –como la islámica surgiendo de la civilización persa, o anterior mesopotámica, o de la europea surgiendo sobre la antigua civilización greco-romana.
Mientras que la actual civilización Global es Europea (“Occidental”) en sus raíces, cuando examinamos su núcleo cultural, en relación a la cultura actual que se está manifestando, encontramos una enorme discrepancia. Desde la implantación de la civilización europea por la caída del Imperio Romano en el siglo V d.C., hasta el siglo XVIII, bien podríamos llamarla la civilización cristiana europea, porque en su núcleo fue una cultura construida en torno a los valores defendidos por la Iglesia Católica. Sin embargo, tras el surgimiento de la industrialización en el siglo XVIII y la expansión de la civilización europea en una red de imperios global –el Británico, Español, Francés, Alemán, etc. El núcleo cultural comenzó a esfumarse en sus efectos, y surgió una nueva cultura popular exterior forjada mucho más por los nuevos medios de comunicación y electrónicos, que por la Iglesia o ética cristiana.
Después de la Segunda Guerra Mundial, esta civilización global basada en el cristianismo se transformaba en algo hasta entonces sin precedentes, un caparazón planetario artificial – la tecnosfera. La tecnosfera le da realmente la característica global a la civilización actual. Pero es una civilización en la que los factores tecnológicos son los predominantes en determinar la naturaleza y el curso de la civilización. Los factores determinantes de esta nueva estructura artificial, que en muchos sentidos transciende las viejas definiciones de civilización, son el Mercado Mundial y la tecnología electrónica. La verdadera cultura de esta inmensa civilización híbrida artificial son las fuerzas que están detrás de la televisión popular y la música electrónica –desde el rock and roll al hip hop– que han afectado incluso al resto de formas culturales tradicionales. Por ejemplo, el DVD underground “One Giant Leap”, es probablemente la mejor síntesis de la cultura tecnosférica mundial que ha surgido.
Pero la cultura como una norma que eleva, como un vehículo genuino de luz innata dentro de cada ser, está dispersada y es difícil de encontrar, mucho menos la noción de civilización como un refinamiento del pensamiento, costumbres o gustos. Las guerras contantes, el terrorismo, y la desaparición de objetivos sociales positivos han producido un orden mundial debilitado cultural y espiritualmente. Pero en todo caso, ésta es precisamente, la condición que uno esperaría si es el “cierre del ciclo”.
Al mismo tiempo, en medio del popurrí electrónico global, hay una variada selección espiritual, que contiene en sí, el germen de la espiritualidad universal y la liberación final de todas las enseñanzas verdaderas de sus encasillamientos dogmáticos en las formas tradicionales. En cuanto a la noosfera inminente, la intermedia ciberesfera electrónica –el sistema de retroalimentación de información e inteligencia de internet – proporciona el equivalente a la telepatía universal, permitiendo a las personas de cualquier parte de cualquier región cultural o geográfica del mundo estar conectado y en comunicación con los demás. En este sentido, la Tecnosfera está cumpliendo su papel evolutivo en preparación del advenimiento de la Civilización Cósmica.
Al examinar el advenimiento de la Civilización Cósmica, debemos llegar a una definición de civilización que no esté basada en el estándar histórico. Es sabido que la biosfera de la Tierra establece la unidad de la vida y sus sistemas de soporte en el que la suma de toda la vida es una. Tal como V. I. Vernadsky declaró, la biosfera es esa región en la Tierra para la transformación de  las energías cósmicas. La biosfera no hace ninguna distinción de la condición cultural o política con respecto a sus ciclos de transformación de la energía. Si la noosfera es la próxima etapa de la evolución de la biosfera, entonces como la esfera mental de la Tierra y como la infraestructura de la civilización que viene, podríamos decir que es aquella "región" de la Tierra para la transformación de las formas de pensamientos cósmicos sobre una base no sectaria y universal.
Como la capa mental del planeta, la noosfera caracteriza a la mente y la consciencia como un fenómeno unitario, cuya suma es Uno. En esto reside una clave hacia una definición de la futura  civilización en la Tierra, una civilización que se distinguiría por la comprensión de que como la vida es Una, así la Mente también es Una, y en consecuencia todas las diferencias políticas de las naciones estados son superfluas. Al mismo tiempo, una diversidad cultural bio-regional, como la biodiversidad, sería reconocida como necesaria para mejorar la calidad de la totalidad de la vida y la consciencia como un fenómeno unitario. En la suprema cultura igualitaria de la noosfera, que al mismo tiempo reconocería la existencia de una jerarquía basada en grados de realización espiritual y de auto-cultivo, no habría ninguna duda del hecho que la evolución del planeta y la humanidad han alcanzado la etapa supramental de la Civilización Cósmica.
Pero antes de alcanzar esta etapa debemos comprender lo que debe suceder, los pasos que se deben dar con el fin de realizar la Nueva Mente que predica el advenimiento de la Civilización Cósmica en la Tierra.





III. La Cultura Galáctica y la Ley del Tiempo como una Dispensación Supramental



“De verdad uno debe tener en cuenta que cada ser humano participa en el cosmos y que está inalterablemente ligado a él”.

Trigueirinho, La Llamada a la Humanidad


Es evidente que la tecnosfera, la realidad de la civilización global, casi nunca tiene un núcleo cultural vivo, sino más bien, un nexo multisensorial electrónico de la realidad virtual artificial, de generalmente bajos instintos que incita la imaginación degradada del híbrido "humano planetario". Éste es el humano arrancado de una cultura vital, que vive ahora a merced de una vida industrial y sistemas de marketing tecnosférico. Éste es el humano, ya sea musulmán o indígena maya, chino o croata, que frecuenta un café internet, viste jeans azules, Adidas o alguna otra marca similar, y camisetas. La próxima vez que veas una foto de los “insurgentes” iraquís, observa bien cómo van vestidos. El mercado mundial ha convertido al homo sapiens en un híbrido cultural, al menos en hábitos relacionados con los medios de comunicación y la apariencia externa. Pero para que exista una Civilización Cósmica tiene que haber un nuevo núcleo cultural vivo, no sólo a efectos de marketing global, sino uno basado en una manera profundamente nueva de pensar o percibir el mundo. Este núcleo cultural debe ser vivido y practicado universalmente por seres humanos de cualquier trayectoria cultural actual. ¿Cómo debería ser esto y cómo se produciría?
Antes que nada es necesario referirse a nuestra tesis original: La actual crisis mundial está siendo "guiada" y "observada” por una inteligencia jerárquica divina operando de forma interdimensional y quizás también extraterrestre. Tan terribles como puedan parecer los acontecimientos actuales son, por tanto, consecuencia de los efectos kármicos históricos, que al mismo tiempo están siendo orquestados, por así decirlo, como propósito de un descenso supramental o divino. Esta intervención es necesaria ya que, por sus normas de funcionamiento actual y la reducción constante del estado de consciencia, la humanidad, nunca saldría de otro modo, por sí sola, de su caída irrevocable hacia la catástrofe total global.
Este tipo de descenso supramental daría un análisis realmente fresco y cósmicamente objetivo y una perspectiva de la crisis mundial actual, derivada de una visión desde una dimensión superior, pero adaptada al lenguaje y necesidades de la civilización terrestre actual. Esta es   precisamente, la naturaleza y el propósito de la Ley del Tiempo, un descubrimiento apropiado basado en el antiguo conocimiento y profecía maya. Porque es la Ley del Tiempo la que “indica” la verdadera naturaleza de la tecnosfera: Un sistema de tiempo artificial desincronizado con la frecuencia de tiempo natural del resto del orden universal.
Esto es, la epata final de las funciones de la civilización humana como una singularidad absolutamente única, en la que los estándares de tiempo a las que están sujetas todas sus operaciones e instituciones son artificiales, irregulares y mecánicos, y por tanto crean un efecto en la civilización que es igualmente artificial, irregular y mecánico. Nadie más en el resto del orden natural funciona con estas normas, sino más bien por resonancia instintiva e intuitiva con los ciclos de tiempo naturales del universo.
Un filósofo e historiador como Lewis Mumford, se aproximó a este análisis con estudios tales como El Mito de la Máquina, pero la Ley del Tiempo avanza un paso más: identifica la frecuencia mecánica como una relación de forma precisa matemática, 12:60 – un calendario irregular de 12 meses combinado con una hora mecánica de 60 minutos– lo cual crea una frecuencia de tiempo inconsciente (a partir del 1600 d.C.) que ha acelerado al ser humano en un mundo dominado por la máquina, de la que es esencialmente, poco más que el cuidador.
Debido a los efectos psicosociales de adaptación a la frecuencia de tiempo artificial, el ser humano está girando fuera de control como una bomba demográfica, una amenaza nuclear, y un riesgo medioambiental para él mismo y el resto de la Tierra. El resultado de esta adaptación a la frecuencia 12:60, primero por parte de los europeos y sus colonias de América del Norte, y en menos de 200 años, por el resto del mundo, fue el sistema global de la tecnosfera.
Este análisis asombrosamente simple de la naturaleza de la frecuencia del tiempo artificial, su efecto en la consciencia humana y la civilización tecnológica resultante, no se podría haber hecho, si las investigaciones sobre las matemáticas del calendario maya, no hubieran sido aplicadas tan exhaustiva y profundamente. Pero no debe suponerse, que una revelación vendría simplemente a través de una búsqueda intelectual. Porque eso sería como frotar dos palos juntos, y esperar que de resultado se encienda una luz. Una enseñanza como la del "Descubrimiento de la Ley del Tiempo" ha existido siempre, pero sólo puede manifestarse en el momento de su necesidad y de una forma apropiada al momento de su manifestación. Esto es debido a que la misma Ley del Tiempo ha estado siempre funcionando, manteniendo al universo en un estado de perfecta sincronización. Pero saber que esta ley existe como principio supremo de resonancia armónica y activación telepática, requiere que la evolución mental esté en una cierta condición o estado de consciencia. Entonces puede entrar en la consciencia como un descenso supramental, iluminando factores hasta ahora latentes en la ignorancia oscura de la mente condicionada.
Tampoco debería pensarse que la Ley del Tiempo es únicamente un medio de análisis y discriminación crítica. Más bien, representa una enseñanza completa adecuada para la siguiente etapa de la consciencia que está más allá de la capacidad del nivel al que ha descendido para comprender. Porque el asunto de la evolución de la consciencia y su avance siempre es: ¿Cómo podemos alcanzar una etapa más allá que nuestra etapa actual pueda comprender? Cuando la aspiración y la necesidad es correcta, entonces la jerarquía puede adoptar la enseñanza supramental y liberarla como corresponde. No puede producirse su liberación a cualquiera, sino al recipiente preparado para recibirlo.
El 26 de Julio de 1987, en el Colegio de San Juan, Santa Fe, en una amplia presentación pública, se hizo el anuncio del advenimiento de una Cultura Galáctica en la Tierra. Esto era en referencia a la próxima "Convergencia Armónica" el 16 y 17 de Agosto de 1987, y las Profecías Mayas del 2012 y el Cierre del Ciclo. La Cultura Galáctica, fue declarada, reemplazaría a la civilización del materialismo histórico que ha dominado la Tierra durante los últimos 5000 años. Antes del momento de su anuncio, ningún pensamiento de dicho anuncio había estado presente. Sucedió de manera espontánea. El pensamiento-forma "Cultura Galáctica" había sido liberado en la Tierra.
La Cultura Galáctica es el requisito previo de la nueva forma cultural necesaria para proporcional el núcleo vivo para la Civilización Cósmica venidera. ¿Qué es la Cultura Galáctica? Es la forma cultural universal hecha posible por el descubrimiento de la Ley del Tiempo. Basada en los códigos matemáticos intrínsecos de la frecuencia de tiempo universal –la proporción básica 13:20– la Cultura Galáctica es el descubrimiento de estos principios matemáticos universales dentro de la estructura del organismo humano, y su funcionamiento en el entero planetario, como un solo ser unitario. La Cultura Galáctica asume que la inteligencia coordinada por la frecuencia universal de la sincronización puede ser colocada en una condición de resonancia mental o psíquica con la totalidad del entero galáctico del que es una unidad operativa.
Para que esta posibilidad se manifieste hay dos requisitos: Una manifestación plena de la Ley del Tiempo como una enseñanza uniforme en la totalidad galáctica; y una adecuada preparación espiritual que está basada en una avanzada tecnología de "higiene” mental y la autoexperimentación que está de acuerdo con una visión comprensiva de la evolución del tiempo como consciencia, ya supervisados por los órdenes superiores de inteligencia, y en sumisión a un único y todo supremo Principio Guía (Dios).
Afortunadamente ambos prerrequisitos pueden satisfacerse ahora. Desde el 26 de Julio de 1987, la Ley del Tiempo fue revelada progresivamente, así como los correspondientes códigos del orden sincrónico, la naturaleza cuatridimensional de la realidad que gobierna realmente el mundo fenoménico tridimensional. La tecnología mental ya ha sido cultivada en diferentes escuelas de pensamiento y tradiciones espirituales, específicamente el Dzog Chen, el Zen, Raja Yoga, y la Plegaria Sufi (Dhikr), por mencionar las más notables. Debe entenderse que, igual que la Ley del Tiempo, todas las grandes enseñanzas mentales siempre han existido, porque la mente siempre ha existido como un método o medio para el cultivo de la consciencia superior.
El punto ahora es liberar estas enseñanzas de sus contextos históricos limitados, y fusionar la esencia de estas enseñanzas de la mente en un código galáctico universal de una mayor absorción mental, para que pueda emerger la Cultura Galáctica en la Tierra.




V. La Naturaleza y el Propósito de la Próxima Civilización Galáctica


"Las estructuras sociales estipuladas por la Ley del Tiempo son también estructuras de conocimiento telepático. La integración de los patrones biológicos de la vida en la frecuencia de tiempo correcta con la consecuente creación de estructuras mentales de duración continuada, dotará a la especie humana de un despertar telepático colectivo sin precedentes." - Dinámicas del Tiempo, Postulado 1.11
Reconocemos que la evolución es de naturaleza mental-espiritual, porque el cosmos es fundamentalmente un evento de evolución de la consciencia. El cosmos de nuestros cosmólogos actuales no es sino una delgada rebanada horizontal a través del plano de la realidad tridimensional. El Universo se extiende hasta el infinito a través de grupos y más grupos de galaxias.
Cientos de millones de galaxias. Billones y billones de estrellas y sistemas estelares. Todo tipo de sistema de mundos concebible mantiene todo tipo de formas de vida imaginable. Y sin embargo, esto es sólo el deslumbrante despliegue del orden tridimensional. ¿Cuán grandiosa debe ser la perspectiva de las dimensiones más elevadas de las cuales el plano tridimensional es simplemente la base o plataforma para la evolución y expresión de estados de consciencia superiores? Y todo este fantástico mosaico es la determinada manifestación intencional de la Mente de una inteligencia omnisciente y omnipresente tan vasta y suprema que resulta virtualmente inconcebible.
Si vemos el universo visible como una construcción divinamente inspirada de nuestra propia consciencia limitada, ¿cuánto más infinitamente poderoso y espléndido puede ser el universo multidimensional de una consciencia menos restrictiva, la consciencia de la supermente, o consciencia supramental evolucionada más allá de la mente? Cuando consideramos la inteligencia que anima esta consciencia que asciende y evoluciona en planos cada vez más vastos del orden cósmico ¿Cómo podemos concebir o imaginar que sería la civilización de este orden?
La Cultura Galáctica que hemos descrito es el punto más diminuto de la creación de un orden de realidad que es tan extenso y supermental en naturaleza que parece desde nuestro punto de vista, que hoy sea el lugar de morada y construcción de los dioses. De hecho, los antiguos mitos que a menudo aparecen como dioses pueden ser en realidad las percepciones antropomórficas de esos "visitantes" de la Civilización Cósmica. Ante la inmensidad del universo podemos imaginar que cada cúmulo galáctico o galaxia no es más que una simple "entidad" que constituye todo el orden de la Civilización Cósmica. Entonces, ¿qué podemos decir de la parte que ha de desempeñar nuestro pequeño planeta en su solitario sistema estelar en el remoto Brazo de Orión de nuestra galaxia local?
Para considerar en nosotros aún la noción de la Civilización Cósmica en la Tierra, y más aún la naturaleza de una Civilización Cósmica Universal que está liberada de todas las pequeñas preocupaciones que nos minan hoy en día, hace falta que aclaremos nuestra mente. De hecho sólo una clara mente lúcida puede comenzar a vislumbrar la naturaleza real de la Civilización Cósmica. Tal civilización será, primero y ante todo, una en la que el logro más elevado de la mente iluminada concebible para nosotros será sólo la base para los constructos sociocomunicativos de naturaleza telepática y parasicológica más allá de todo lo concebible. Una vez que lleguemos a la mente noosférica −el Plano Terrestre de la Consciencia Unificada− la Civilización Cósmica se convertirá en una realidad alcanzable.
La enseñanza más pura de la percepción directa de la naturaleza de la mente es probablemente la escuela Dzog Chen. Aunque podemos decir que es una característica del Budismo Tibetano que es demasiado limitante. Esta enseñanza se limitó a constatar su encaje dentro del sistema del Budismo Tibetano – e incluso en la religión chamánica Bon que precedió al Budismo− en el cual pudo florecer. “Encontramos por ejemplo, en uno de los tantras de Zoggen (Dzog Chen) donde se dice que la enseñanza Zoggen está diseminada en trece sistemas solares diferentes.
¿Cómo podemos pensar entonces que el Zoggen se originó en un país determinado y que es el resultado de lo que sucede en ese lugar particular?" (Namkhai Norbu, Dzog Chen y Zen, p.17). De esta cita podemos deducir que: "Allí existen muchas, muchas formas de seres realizados para manifestarse y para las enseñanzas que surgen". (ibid. 18).
Las dos citas anteriores apuntan al hecho del Dzog Chen como una enseñanza mental que es una característica de una Civilización Cósmica auto-existente − teniendo en cuenta su presencia en trece sistemas solares − y que es una enseñanza de la mente superior, su transmisión no está sujeta a las limitaciones de las leyes de causalidad que gobiernan exclusivamente los procesos de transmisión tridimensional. Esta descripción de la transmisión explica, por ejemplo, la manifestación de la Ley del Tiempo como un descenso supramental que está conectado con Pacal Votan que vivió hace 1300 años.
Para ilustrar mejor la noción de que la transmisión de la mente puede adoptar muchas formas diferentes, vamos a considerar un pasaje del más grande de los Sutras budistas del Mahayana, el Avatamsaka o Escritura del Ornamento Floral, "Todos los budas... tienen la potestad de hacer el trabajo búdico en beneficio de los seres sintientes − ya sea mirar, examinar, mover, estirar, caminar, estar de pie, sentado o reclinado, en silencio o hablando, sea manifestando poderes ocultos, o explicando principios... Todos los budas pueden hacer este trabajo búdico desde los retiros de los bosques, o en sitios tranquilos, o en lugares desolados, o en los lugares en los que habitan los budas; o pueden hacer su trabajo búdico mientras están en trance, o en la soledad de la caverna, o cuando están alejados de la vista de los demás, o mientras habitan en el conocimiento de la profundidad absoluta, o mientras viven en el reino incomparable de los budas, o llevan a cabo su trabajo búdico mientras desempeñan acciones físicas imperceptibles, adaptándose a las mentalidades de los seres sintientes... o pueden hacer su trabajo búdico buscando la omnisciencia en la forma de los espíritus del agua, duendes, querubines, titanes, pájaros, serpientes humanos, sub-humanos y muchos más ..." (Volumen II, pp. 234-235)
Este Sutra del Ornamento Floral está repleto de incontables ejemplos de la consciencia no local como una facultad normal de todos los budas cósmicos. Encontrarse no sólo en dos lugares diferentes sino también en diferentes dimensiones a la vez es algo de lo que da cuenta la enseñanza de la Ley del Tiempo con respecto a la universalidad de la mente, la sincronicidad y la naturaleza telepática del tiempo mismo. En cuanto a la naturaleza de la Civilización Cósmica, la mente iluminada hiperdimensionalmente de los budas cósmicos también aporta descripciones que podemos aceptar como metáforas sobre la naturaleza supersensorial de la Civilización Cósmica: "Dentro del océano de mundos existe un sistema central de mundos denominado Matriz de Señales de las Puertas orientado a Todas las Direcciones, en el cual hay un mundo llamado La luz omnipresente del Color de Todas las Joyas. Los límites de aquel mundo estaban engalanados con joyas reflejando imágenes de los lugares de iluminación de todos los budas; éste, descansaba en un océano de flores hecho de todo tipo de joyas, estaba compuesto de joyas que muestran las apariciones de las emanaciones de todos los budas; tenía la forma de un palacio celestial, y era puro con unas trazas de contaminación. Además, en aquel mundo hay muchas regiones con cuatro continentes como átomos en la montaña polar; en el centro de ellos está el llamado Pico Montañoso de Todas las Joyas, cuyos cuatro continentes eran innumerables cientos de miles de leguas de extensión. En cada continente había diez mil grandes ciudades. En el centro del Continente Sur hay una gran metrópolis llamada la Luz de las Miríadas de Matrices de Árboles Joya, rodeada por diez mil ciudades. En ese continente, además, el promedio de vida de las personas era de diez mil años. El rey de aquella metrópolis fue llamado el Sonido Armónico de la Proclamación de todas las Leyes, el Gobernante soberano... El continente entero estaba bajo la protección de este Rey y no tenía ni enemigos ni adversarios." ibid, Volumen III, p. 230
Aunque el lenguaje y las imágenes usadas son medievales, la amplitud y el alcance de la descripción que nos da una clara idea y la vastedad de la mente que caracteriza la Civilización Cósmica. 
Esas visiones de una Civilización Cósmica en la Tierra las encontramos como un eco en la memoria de Tollan del México antiguo. Lugar de origen cósmico, su esplendor mítico fue recapitulado en la Tollan Terrenal, gobernada por el gran profeta Quetzalcóatl, durante un breve lapso de tiempo. Así está escrito, Tollan era la capital del imperio de los imperios. Sin equiparación en el mundo.
"Tollan era el corazón de todo aquello que había sido siempre bueno y puro. En esta antigua tierra estaba la esencia de la grandeza, la cúspide de la prosperidad. Tollan era puro espíritu manifestado en obras de piedra y pluma, oro y jade. Era un mundo de esplendor religioso y piadoso cumplimiento. Una muestra de lo que el hombre puede crear en paz " −Tony Shearer, Señor del Alba, pp 106-07.
La visión de la llegada de la Civilización Cósmica a la Tierra es la visión de la Tollan de los Ancianos Estelares. Estos son los ancianos cuya vida está en el futuro de un pasado que hemos olvidado vivir. Pero el objetivo del descenso divino, la naturaleza de lo que es la mismísima noosfera, es dar a la humanidad la oportunidad de comenzar de nuevo. Esto es, la Segunda Creación que trae a la Tierra la Civilización Cósmica.
Igual que la Tollan Terrestre previa y los sistemas de mundos iluminados de los budas, la futura Tollan de los Ancianos Estelares será una Civilización de Paz. Únicamente la mente que se conoce a sí misma, puede conocer la paz, porque la paz es la cualidad de la consciencia ominiabarcante que permea todo el universo y los sistemas de mundos en indestructible simplicidad. Esta es la consciencia omniabarcante que es la base de la Única Mente de lo que será la Fundación de la Civilización Cósmica en la Tierra.
Esta es la mente que será capaz de construir con las plantillas de la Ley del Tiempo una Cultura Galáctica del orden sincrónico que será espléndidamente armoniosa, entretejida telepáticamente con la realidad interdimensional de la consciencia cósmica. Y a través de esta Cultura Galáctica, la Noosfera de la Tierra se expandirá en su lugar en la gran y siempre evolucionante Civilización Cósmica.
La Civilización Cósmica significará una renovación total de la Tierra a través de las tecnologías mentales del campo resonante magnético telepático. Si la historia fue la era dominada por la escritura, en la noosfera de la Civilización Cósmica, del conocimiento posterior a la escritura surgirá una consciencia hipersensorial. Descubriremos que la naturaleza no es democrática. Es cosmocrática. El orden gobernante no procede de decretos impuestos por reyes o representantes electos, sino a través de la naturaleza esencial de la organización cósmica misma. Esto será comprendido intuitivamente y comunicado telepáticamente. Una jerarquía genuina será percibida como algo ya existente en todo el universo, el de la jerarquía de los órdenes ascendentes de la consciencia, que en esencia, es totalmente espiritual.
La historia será contemplada como una fiebre de la Tierra en su preparación para alcanzar la plena consciencia. Las fronteras religiosas se fundirán. En la percepción espiritualizada de la vida diaria, la religión no existirá más. En su lugar estará el Recuerdo Universal - UR.



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Director de Investigación, Noosfera II
Instituto de Investigación Galáctica
Luna Rítmica Dali 3, Kin 141 Dragón Espectral Rojo, Año Tormenta Cristal Azul


Fuente: Xochipilli – Red de Arte Planetaria  / Sitio digital: http://xochipilli.wordpress.com/author/xochipilli/, donde puede leerse el artículo completo.



8 de abril de 2013

VERSIONES DE LUBNA, BEDUINA (Leyenda transfigurada)











“Mi fuego no tiene un velo que lo oculte a quien busca su resplandor en la noche, antes bien, lo atizo.”
                                                                                                                        Hátim at-Tai




Cuenta una leyenda que cierta vez, sentándose Ziyad, como solía, en el borde de la cisterna, plañía al amparo de su piel de cabra el sinsimiyya [1] que él apenas podía oír. Desde el fondo del pozo, una luna hechizada de azahares le dijo entonces que la noche ya está encima del desierto, que era tiempo de que Lubna hubiese regresado a la tienda para reavivar los rescoldos y servir el vino.
  -- ¿Qué haces aquí, padre, cantando a solas tan tristemente? – musitó ella, atraída por los pensamientos del anciano y envuelta sólo por las hélices translúcidas del viento.
Tampoco a Lubna necesitaba oírla: recordaba la pregunta y reconocía su mano en el hombro.
  -- ¿De dónde llegas, Lubna mía?
  -- A Halab [2] subí en busca de… - y una ráfaga se llevó el resto mientras ella recogía el balde lleno hasta arriba.
-- ¿De Halab vienes…? Sabes lo que yo y quienes encendieron mis venas sentimos por esas ciudadelas que se encumbran en almenas de piedra. ¿Has hablado allá arriba con alguien…?
-- He traído sésamo para sacar aceite y algo de almizcle para ti…
Y antes de que se apaciguara la azulada locura del fuego, Ziyad y su hija Lubna se habían dormido en la carpa de oscuro pelo de camello.


Otra versión de la leyenda cuenta que la cándida luna surcaba el ojo de la cisterna cuando Ziyad dejó de tocar su sinsimiyya. Un extraño remolino se había llevado las huellas de Lubna de regreso al oasis.  Pero su ajorca de plata asomaba por la abertura de la casa de adobe (así se dice que era, y no una tienda) prendida a la garganta de su pie. “¿Qué haces allá, padre – oyó susurrar al viento-, ... el arpa ha cantado demasiadas canciones tristes; corta sus cuerdas para que no viertan más lágrimas[3]?” Y la sombra retorcida de su bastón resbaló sobre la arena igual que un áspid, y todos dormían en el campamento. Y el viejo pastor miró hacia atrás y una antigua palmera que no recordaba se inclinaba encima del pozo en cuyo borde había quedado el balde cargado de agua fresca.


Pero ningún papiro tan fidedigno, en lo que hace a esta historia, como el hallado entre los escombros que en Basora multiplicaron los bombardeos finales. Ahí se lee en kurdo que fue en algún otro de sus largos insomnios junto al pozo cuando el sordo Ziyad, de ensortijada barba blanca, acalló su instrumento que lloraba en vano y se asomó a la cisterna para mirar con sus propios ojos. Porque pocas cosas podía ya ver además de la luna llena. Entonces un extraño remolino resplandeciente lo encandiló desde el fondo. Era, según se añade al manuscrito una glosa en árabe, la espiral misteriosa de las Pléyades, navegando en secreto. El anciano pastor se apoyó en su báculo arqueando hacia abajo su giba a fin de constatar en el cielo el vórtice engañoso. Cientos de estrellas apenas recordadas, seguramente muertas miles de años atrás, escamoteaban su luz en lo alto. Sin embargo, la luna no estaba. Obcecado como sus propios callos, volvió a preguntarle por ella al aljibe. Un tenue pero tenaz hilo rojo cruzaba el turbulento espejo circular del pozo. “¿Lubna…? – sonó en el viento- ¿Dónde estás, hija mía? Es tu padre que te llama…”. De la silenciosa palmera que había olvidado a su lado se desprendió un pájaro que el horizonte erizó en una bandada más allá de una tortuosa columna de humo negro. Con el balde vacío en una mano y sus partes desnudas sin saberlo, Ziyad se encaminó a su tienda.




GUSTAVO ARITTO
©2009


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[1] El sinsimiyya, una lira de cinco cuerdas muy frecuentada por los beduinos del desierto en Medio Oriente. Los temas de su música y su poesía suelen reflejar sus actividades cotidianas. Hay canciones para el abrevado de los animales; otras para alejar a los espíritus malignos del desierto que son cantadas por los guías de las caravanas, y otras para salir a pescar. Llamadas comúnmente yamania, se cree que tienen un poder extraordinario y están relacionadas con la práctica del exorcismo.
[2] Nombre originario de la moderna ciudad siria de Alepo; su étimo remonta a halib (“leche”, en árabe), en memoria de Abraham, quien, según la tradición, ordeñó su vaca en el centro de lo que transformó en ciudadela, sede de la famosa “Mezquita de Abraham”.
[3] Cfr. El vino del olvido”, de Hafiz (Muhammad Shamsuddín; Shiraz, actual Irán, 1320-1389).

  

29 de marzo de 2013

EL CRISTO, EL GRAN INICIADO JESÚS, Y LA "NUEVA HUMANIDAD": Misterios develados por JOSÉ TRIGUEIRINHO










“En griego, el término [XRISTÓS] significa ungido; desde el punto de vista de la evolución cósmica, se refiere a la consciencia que expresa la esencia de las leyes universales. La  vida crística es la aplicación y la vivencia correcta de esas leyes. En la actual civilización, ese nombre tomó connotaciones sectarias e ideológicas distantes de su acepción genuina. Cristo es el nombre dado también a una Entidad de alta evolución que, por intermedio de Jesús, expresó la energía del Segundo Rayo Cósmico en la faz de la Tierra. Pero, con mayor frecuencia, el término se refiere a la energía en sí, y no a esa Entidad que la manifestó. Como consciencia, representa la realización divina que, un día, la humanidad entera alcanzará. Como Avatar, se reveló por intermedio de diversos instructores que, en el transcurso de las épocas, vinieron al plano físico para conducir al hombre por la senda espiritual. Cristo es energía cósmica de unificación, y no un individuo; está en todos y se expresa con libertad en quienes prenuncias etapas futuras de perfeccionamiento del género humano. Es la síntesis de la vibración del centro del sistema solar, el sol espiritual, vibración que, por sus características de atracción, ayuda a conducir el universo creado al Origen. Todos los que personifican esta energía inmaterial y sublime pueden ser denominados crísticos. La expresión auténtica de la energía crística, el amor-sabiduría, en los niveles concretos del planeta, significa un avance del cosmos entero. No obstante, innumerables aspectos suyos aún son desconocidos para la humanidad de la superficie de la Tierra; esto se debe, en parte, a que pocos individuos se relacionan con dicha energía de manera impersonal. En este sistema solar, la energía crística sintetiza a las demás, está presente en todo su ámbito y es la vía de realización de los seres; sin embargo, tiene que ser despertada, dinamizada e irradiada. Cuanto más el ser humano se aproxima al propio núcleo interno, más penetra en esa energía y más es utilizado por ella como canal de expresión. La energía crística no es, por lo tanto, exclusividad de sectas o religiones y tampoco puede ser explicada. Para conocerla, el hombre debe recorrer la senda de la entrega al yo supremo y dejarse impregnar por su esencia de amor. Esa energía es la que consuma la verdadera transformación de la consciencia –todo lo que el individuo debe hacer es no colocar obstáculos a su actuación y, por el contrario, facilitarla, cultivando el despojamiento y el desapego, pues ella trabaja para liberarlo de las ilusiones del mundo formal: es el camino, la verdad y la vida. La energía crística lo ayuda a trascender el ego y lo lleva a estados más amplios. El espíritu crístico es síntesis; es la cualidad de la consciencia de la Jerarquía planetaria y la nota que la simboliza con el propósito solar. 
Como consecuencia de la manifestación de esa energía de un modo bastante avanzado y perfeccionado, a través de un ser encarnado hace dos mil años, la estructura planetaria se modificó fundamentalmente. Las posibilidades de contactos internos, la evolución del alma y el despertar gonádico aumentaron en la Raza humana de la superficie terrestre después de esta irradiación en los planos concretos. Y, si entendemos la cura como la implantación, en la forma, de la vibración correspondiente a la idea que le dio origen (sea esa forma los cuerpos de un hombre, una célula o un átomo material), la energía crística puede ser considerada curativa, pues es mediadora entre el patrón arquetípico y el mundo exterior. Cuando Cristo se manifestó en Jesús, no sólo lo hizo en aquel ser, sino también con gran potencia, aunque en menor grado, en los Apóstoles. Éstos llegaron a curar y a expurgar fuerzas involutivas del aura de algunos individuos, incluso mientras Jesús estaba encarnado. La energía crística determina la tonalidad de la vibración de este sistema solar, y de todos los cuerpos que forman parte de él, pero sin limitarse a ese ámbito. El hecho de que una galaxia esté cualificada por el Segundo Rayo Cósmico es una de las razones por las que pudo albergar una coyuntura planetaria desequilibrada como la de la Tierra. Dos consciencias distintas prestaron servicio por medio de los cuerpos de Jesús: se propio ser, eslabón entre la humanidad y la Jerarquía planetaria, y la Entidad-Cristo, eslabón entre la Jerarquía planetaria y la solar. Debido a esta interacción se amplió la posibilidad de que algunas consciencias actuasen directamente en los planos materiales sin pasar por el nacimiento físico, utilizando para ello los vehículos de un ser encarnado. En estos casos, tampoco se requiere la transformación monádica[1]: la consciencia sólo se expresa durante el período necesario para el trabajo evolutivo que le corresponde en los planos materiales. Sin embargo, este proceso no se asemeja en nada al de la incorporación de seres humanos terrestres desencarnados en personas sensitivas; la sublime interacción de Cristo y Jesús contiene las claves de la unión del hombre con la esencia de la vida, que él denominó Padre, y constituye un referente para su actual realización. Esta interacción no fue develada totalmente, excepto a ciertos Iniciados, en los planos internos. No obstante, ahora, con los impulsos que trae la transición planetaria y con la consumación de la fase comenzada hace más de veinte siglos, caen muchos velos y puede concretarse la aproximación de la humanidad a la Jerarquía, de manera inédita en la historia de la Tierra. La encarnación de Cristo en los cuerpos de Jesús fue propiciada no sólo por una coyuntura planetaria y solar, sino también cósmica; en los niveles internos, se alinearon Sirius, el Sol, Venus y la Tierra. El comienzo de una nueva fase se hizo realidad en el planeta. Cristo representaba la ligazón del Sol y de la Fraternidad de Sirius con la Tierra, y Jesús la ligazón de la Tierra con el Sol, por intermedio de Venus; en la unificación de la consciencia de Cristo y Jesús, y en el servicio que ellos prestaron al impregnar la materia terrestre, se consolida el circuito energético Tierra-Venus-Sol-Sirius. Las energías que fluyeron en esa coyuntura especial estaban imbuidas de las emanaciones cósmicas de Sirius. Grande fue la potencia de esa manifestación crística preparada durante eras por las Jerarquías y por manifestaciones anteriores de menor voltaje. Según Rudolf Steiner (1861-1925), Vishva Karman era el nombre de Cristo para Zoroastro.”







"JESÚS CRISTO 

HIJO DE DIOS SALVADOR",

donde el griego ÍXTHYS = 'pez'



"JESÚS. Innumerables interpretaciones fueron tejidas en torno a la vida y la naturaleza de Jesús. El Nuevo Testamento, el relato más difundido de sus actos, fue elaborado con textos escogidos en concilios cristianos, siguiendo criterios generalmente dogmáticos y unilaterales. Además, su sentido original fue tergiversado, voluntaria o involuntariamente, a lo largo del tiempo y con las sucesivas traducciones. De ese modo, los conocimientos verdaderos acerca de ese miembro de la Jerarquía espiritual se hicieron cada vez más raros. Existen relatos semejantes al de la concepción sobrenatural de Jesús, según está descrita en los Evangelios: en la India, referidos a Krishna, y en Egipto antiguo, referidos a sus divinidades. El mito creado en torno de Jesús sirvió de fundamento para una religión exotérica que después se dividió en varias facciones, cada una de las cuales sostiene posiciones más o menos trascendentales del mensaje que él canalizó. Algo poco común siempre estuvo presente en la naturaleza de este ser. Rudolf Steiner presentó una obra notable respecto de los Evangelios, en base a las informaciones que recogía de los archivos akáshicos. Reveló mucho sobre la genealogía de Jesús, aclarando la aparente contradicción entre los Evangelios. Además, explicó cómo, desde el punto de vista esotérico, los cuerpos de Jesús fueron formados tanto por sustancias primordiales, equivalentes a lo que existía en la Tierra antes de la caída del hombre (lo cual le concedió salud y pureza inigualables), como por elementos que, después de componer los cuerpos sutiles de un antiguo avatar, fueron conservados para esa finalidad. Los cuerpos de Jesús fueron preparados en el transcurso de varias encarnaciones para la tarea futura que tendrían. En el momento del Bautismo, en el Jordán, fueron cedidos a la Entidad-Cristo, según reveló también Alice A. Bailey al transmitir las enseñanzas del Maestro Tibetano D. K. (Djwhal Khul). En el proceso de encarnación de Cristo en Jesús, se aplicó una variante de la ley de transmutación con características diferentes a las de una simple transmutación monádica. Por eso no se puede establecer el límite entre la manifestación de Cristo y la de Jesús a partir del momento de esa interacción. Lo que se conoce de la vida de Jesús da testimonio de su enseñanza. La Entidad cósmica que se expresó por intermedio de Jesús se manifiesta a los hombres de acuerdo con la capacidad de ellos para acoger su energía y de acuerdo con su nivel de consciencia. Jesús se dio a conocer como Cristo al impulsar en esta humanidad especialmente el desarrollo de un alma. A medida que se establece el contacto de un hombre con el nivel anímico, la energía crística aflora de modo más potente y estimula su proceso cósmico: el despertar y el desenvolvimiento de la mónada. Cuando actúa en el plano monádico, esa Entidad se denomina Samana.


Jesús no se dirigió a un pueblo en especial; su mensaje es universal, como toda la obra de la Jerarquía; nació hebreo, pero siguiendo un destino mundial y con repercusiones en toda la humanidad de la superficie de la Tierra. Paul Brunton, en su libro, La realidad interna, comenta el origen extraterrestre de Jesús, y, según Helena P. Blavatsky, una de las funciones de Jesús era traer a esta humanidad enseñanzas de origen divino, cimiento de una nueva civilización. Al principio, su palabra se irradió por Occidente. Él sabía que tendría pocos seguidores mientras estuviese en el mundo material; también sabía cuál sería el desenlace de su encarnación. No vino para fundar organizaciones, sino para dejar simientes en lo íntimo de los seres humanos; como no cumplió las expectativas de sus contemporáneos, cristalizados en la letra muerta de las escrituras, éstos lo rechazaron. No obstante, a pesar de las tendencias retrógradas y de la falta de comprensión de la mayoría, su tarea fue cumplida, pues la energía crística, el amor-sabiduría, se afincó en el interior del planeta, posibilitando hoy la implantación de un nuevo código genético, más sutil, en la parte rescatable de la humanidad. Esa energía, además, permitió que el alma humana se polarizase en el nivel intuitivo y se desvinculase de ciertas leyes restrictivas, como la del karma material. Las palabras ‘El Reino está dentro de vosotros’, atribuidas a Jesús, sintetizan una gran enseñanza, cuya esencia recién ahora la humanidad comienza a vislumbrar. Es en el propio universo interior donde el ser humano encuentra los orígenes de su existencia, las causas de lo que ocurre en el mundo tangible y el destino que le aguarda. Con esa premisa se puede comprender, con mayor facilidad, la obra de Jesús y la de otros enviados de la Jerarquía, como también colaborar con ella.”






LA TRANSFIGURACIÓN: [Es] el proceso por el cual el yo consciente pasa a reflejar con pureza la energía de su ser interior. Es la Tercera Iniciación. Significan gran progreso para las partículas de los cuerpos de aquellos que la viven –en realidad, también es una iniciación de la materia. La transfiguración dinamiza el fuego solar y en el plano etérico y lo irradia hacia toda la órbita planetaria. La posibilidad de que el individuo sea transfigurado depende, en parte, de la cualidad de la vibración de sus cuerpos y, en parte, del grado en que el fuego del espíritu haya sido activado en él. Sus cuerpos deben haberse sutilizado y purificado en una proporción tal que les permita recibir, sin desintegrarse, una energía tan intensa que los transfigura. En la transfiguración, hasta el cuerpo físico es profundamente transformado y llega a expresar la luz interna en cierta medida.”

Se entiende por INICIACIÓN la “expansión de la consciencia por medio de la cual un ser adquiere control de las leyes regentes de cierto nivel de existencia, así como de su cuerpo de expresión en ese nivel, convirtiéndose en una prolongación de las energías creadoras. Este término designa procesos que marcan avances específicos en la evolución individual y que repercuten en el Todo… Las Iniciaciones constituyen peldaños en la trayectoria de la consciencia rumbo al Origen. Todas las partículas –átomo, ser humano o Logos- están destinadas a vivenciarlas. Es el camino para trascender las leyes materiales e ingresar en mundos incorpóreos e inmateriales; hace emerger facultades superiores y torna lúcido al individuo en niveles suprafísicos. Al adquirir control de las leyes en nivel de existencia, la consciencia está apta para ser iniciada en otro, más sutil. Con esta sucesión de niveles, se aproxima a su fuente interior. […] En todo el cosmos, las Iniciaciones en general ocurren espontáneamente en el transcurso de la evolución. Sin embargo, en algunos casos se necesita un esfuerzo adicional, externo, para acelerar ciertos desarrollos. En la Tierra, los iniciados reciben esa ayuda desde mediados de la Raza atlante y continuarán recibiéndola hasta la Cuarta Raza del próximo ciclo planetario de expresión.” (INICIACIÓN)

Tercera Iniciación: El alma asumía el control de la personalidad y, por primera vez, se encontraba frente al Logos planetario; la voluntad del ego humano se disolvía en el alma. Fue simbolizada por la transfiguración de Jesús.” (INICIACIONES EN EL PASADO, EN EL PRESENTE Y EN EL FUTURO)








CRUCIFIXIÓN / LA CRUZ. Símbolo universal de la perfecta interrelación de la existencia material (asta horizontal) con la realidad interior (asta vertical). No se puede precisar el período o el lugar de origen de este símbolo; en todos los tiempos estuvo presente en la cultura de los pueblos terrestres. Estimula al ser humano a penetrar en los misterios de la esencia de la Vida. Según la enseñanza esotérica, la cruz y el Árbol de la Vida son símbolos equivalentes. A esto alude H. P. Blavatsky en La Doctrina Secreta (Tomo IV, Ed. Kier) cuando afirma que la figura de un hombre crucificado representa originariamente el renacimiento, o sea, la Iniciación. No obstante, en el plano esotérico, la cruz se convirtió en símbolo de muerte, por haber sido usada por los romanos como instrumento de tortura y mal interpretada por los primeros organizadores cristianos. La cruz fue, es y será parte del camino iniciático del ser humano. En los Centros de Misterios de Grecia, de Egipto, de la India y de Caldea, ella era la base para el renacimiento. El gesto de la señal de la cruz, adoptado actualmente por religiones y sectas cristianas, es herencia de los ritos iniciáticos antiguos, aunque hoy no se utilicen los mantras de gran pureza que los acompañaban en aquella época. A través de los tiempos, el símbolo de la cruz presentó diversas formas, captadas por Iniciados sintonizados con núcleos arquetípicos que rigen la evolución de la humanidad y del planeta, y vitalizadas por energías superiores. Cada una de ellas expresa un matiz de la verdad que vivifica este símbolo; canaliza, con todo, el impulso para trascender y transmutar el estado de consciencia ya alcanzado. La cruz expresa el equilibrio perfecto y la fusión de los cuatro elementos básicos de este universo: tierra, agua, fuego y aire. Aun así, tiene una potente acción transmutadota; conduce las fuerzas del mundo material a sus posiciones correctas en el campo energético del cual forman parte. Por eso es conocida su eficacia para disolver núcleos con tendencias involutivas. La crucifixión corresponde a la Cuarta Iniciación del hombre, la Iniciación de la gran renuncia, en la cual se cumplen las palabras de Cristo: ‘[…] Padre, hágase Tu voluntad…’. Al entregar el ego a la crucifixión –lo que implica ingresar en la senda del olvido de sí, de la ecuanimidad, del abandono de los propios conceptos-, los individuos son, por lo general, poco comprendidos por el mundo. No obstante, ése es el misterio de la cruz: los que en su centro dejan que se desvanezca la ilusión y, por medio del perfecto equilibrio entre el asta vertical y la horizontal, apaciguan en sí mismos los opuestos, llegan a la compasión. Ésta, nutrida por la renuncia y alentada por la sabiduría, anuncia la consciencia de la eternidad.”








RESURRECCIÓN. Proceso oculto que se desencadena en el nivel etérico, en una avanzada etapa de ascensión del ser humano. Por medio de la resurrección, la red etérica, que mantuvo cohesionada a la materia del cuerpo físico, es sustituida por una prolongación del cuerpo de luz con vibración adecuada para proyectarse en los niveles concretos; sin embargo, téngase en cuenta que esta materialización no tiene nada que ver con la condensación de formas que se efectúa con la manipulación de fuerzas psíquicas. A fin de que la resurrección se cumpla, el débito kármico para con el reservorio planetario de átomos debe ser equilibrado con la restitución del material que componía el cuerpo físico del individuo. Por eso, el cuerpo resucitado no es el mismo que él usó antes: está plasmado en un nuevo molde etérico y las leyes que lo rigen son distintas. Para construirlo, es necesario que, después de desencarnar, los núcleos internos del ser se sumerjan en la Fuente de Vida y retornen con la chispa que reunirá nuevas partículas y las vivificará.
Algo diferente de la resurrección, aunque semejante en ciertos aspectos internos, ocurría en la época en que los Centros de Misterios estaban activos en el nivel concreto de la superficie de la Tierra. Algunos procesos de ampliación de la consciencia relacionados con los primeros grados iniciáticos requerían que el individuo entrase en una especie de trance, conducido por sacerdotes genuinos; mientras su cuerpo físico permanecía en estado cataléptico, su ser recibía enseñanzas en los niveles sutiles. La duración de estas ceremonias variaba según la finalidad. Fueron realizadas en la Gran Pirámide, en Egipto, al igual que en templos y tumbas. En la llamada “resurrección” de Lázaro, relatada en la Biblia, públicamente Jesús lo hizo retornar de ese “trance” (él fue considerado muerto por los no iniciados), lo cual simbolizó un importante cambio: el alma del hombre ya estaba apta para transformar la consciencia y los cuerpos de la personalidad sin este tipo de intermediación. Se volvió capaz de esto después de un progreso largo y gradual, que culminó con la encarnación de Cristo en Jesús.

Con respecto a la verdadera resurrección, es uno de los pasos más avanzados que puede dar el hombre de la superficie de la Tierra, pues consolida su integración en la Fraternidad de Sirius, lo desvincula del mal cósmico y lo libera del nivel físico cósmico. La capacidad de un ser resucitado para lidiar con la materia es infinita si se la compara con la de un hombre común. Cuando se alcanza este punto, la mónada reúne las energías de los núcleos de consciencia inframonádicos, las absorbe mediante la acción del fuego cósmico y ‘resurge’ en un nivel superior. Entonces aumenta su poder de crear vínculos para expresarse en el mundo material siempre que sea necesario, es este mismo poder el que se nota en seres oriundos de mundos incorpóreos que se materializan en la Tierra con la finalidad de cumplir tareas del Plan Evolutivo. En la actual transición planetaria, y también en el ciclo cerrado el 8/8/1988, la resurrección forma parte de la Séptima Iniciación. En el ciclo venidero, será lograda en la Cuarta Iniciación, cuando las nueve Iniciaciones vigentes en el ciclo pasado (hoy, siete) estará sintetizadas en cinco.”





REAPARICIÓN DE CRISTO. [Se trata de la] exteriorización de la energía crística, profetizada de diferentes formas, tanto en la enseñanza esotérica como en la exotérico-religiosa. Sobrevendrá del despertar de la llama interior de la humanidad. En esta época, esa energía debe exteriorizarse en todo el planeta, y no sólo en el individuo y en una región, como ocurrió varias veces en el pasado. Los que buscan su fuente fuera de sí mismos estarán perdidos, pues las fuerzas involutivas son poderosas y hábiles para confundirlos. En el mundo interno es donde puede encontrarse el puro manantial de la energía crística, energía que devela el Plan Evolutivo, impulsa al ser humano al servicio, a la donación, a la unión con la Vida, a la integración en los Grupos Internos y en la Jerarquía. Seres que desde hace tiempo vienen profundizando sus vínculos con la consciencia crística están encarnados en este período de transición del planeta y colaboran en la implantación de patrones de conducta basados en el amor impersonal y trascendente, sobre los cuales será erigida la nueva humanidad. Rudolf Steiner predijo que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, muchos podrían tener una experiencia equivalente a la del Iniciado Pablo en el camino de Damasco: estar frente a Cristo en el nivel etérico (The Gospel of Mark). Esta experiencia no depende de la filiación a religiones formales. Es íntima y secreta; es el reconocimiento del eslabón del propio ser con la esencia solar, pues todo el sistema solar está incluido en la consciencia de Cristo y es sostenido por ella. A lo largo de los siglos, la expectativa de que Cristo reaparezca nuevamente, como un individuo en el nivel concreto, ha favorecido las mistificaciones; en 1137, en Francia, una persona llegó a ser condenada por un tribunal común por esta razón; en 1147, en Persia, el regreso de un pseudo Cristo fue ampliamente denunciado y esperado; en 1666, en Esmirna, surgió un movimiento importante en este sentido, cuyo representante peregrinó por varios países europeos, por el Norte de África y por el interior de Asia. Además de éstos, existen otros casos de mistificadores, incluso algunos recientes. En The Notebooks of Paul Brenton (Volume XI, Larson Publications, New York; también publicado por Editorial Kier, con el título Agendas), Brunton (1898-1981) dice que un error frecuente que se comete con los líderes espirituales es creer que son una reencarnación de Cristo. De hecho, se incurrió en este error a principios del siglo XX, cuando tal papel le fue atribuido a Krishnamurti. Sin embargo, él se negó a desempeñarlo. Aun así, la creencia persiste, y sobre ella, Paúl Brunton dice: ‘Ningún estudiante de filosofía debe dejarse engañar por esta revelación fantasiosa’. En cartas escritas entre 1929 y 1939, Helena Roerich afirma que si Cristo reapareciese en cuerpo físico tal vez no llegaría a ser condenado a muerte, pero le resultaría difícil escapar de la prisión o de la inmoralidad pública. El calificativo de anticristo le sería dado por teólogos y autoridades eclesiásticas, y sería renegado tal como lo fue hace siglos.
La energía crística nunca estuvo ausente. Su ‘reaparición’ se refiere al comienzo de una fase de mayor interacción de la consciencia humana con ella y a su mayor difusión y penetración en la vida planetaria. La humanidad se está preparando para una Iniciación, y por eso se aproxima aun más la energía crística. El planeta también está siendo iniciado, mientras que, al mismo tiempo, se consuma una importante Iniciación cósmica de la propia Entidad-Cristo. La reaparición de Cristo deriva de varios factores, entre los cuales están esas Iniciaciones, y se relaciona con el translado de la energía del Logos planetario [2], de Shamballa, en Oriente, a Miz Tli Tlan, en Occidente. Se hace notar de diferentes maneras en las dimensiones del plano físico y en los niveles etéricos; cítense como ejemplo las Jerarquías que, como luces, recorren los cielos. Por los dichos atribuidos a Cristo, su venida sería como un relámpago que sale del oriente y brilla hasta el poniente (Mateo, 24: 27); él vendría en medio de las nubes, con gran poder y gloria, y enviaría a los ángeles a reunir a sus elegidos (Marcos, 13: 26-27).
[…]


Entre otros impulsos, la venida de Cristo hace siglos facilitó el despertar anímico de la humanidad, y la dinamización de los Grupos Internos en el nivel causal. En esta etapa, su reaparición posibilita la exteriorización de la esencia solar en el nivel etérico del planeta, proporcionando el despertar de las mónadas y la activación de los Grupos Internos en el nivel gonádico con el centro intraterreno Erks como punto de convergencia de esos Grupos Internos. La proyección visible de Erks en la superficie del planeta, en un valle de Córdoba, Argentina, es una parte significativa de esta gran transformación planetaria y de esta reaparición.”




De José Trigueirinho, de Léxico esotérico, Kier, Bs. As., 2003. (Sin datos de traducción.)



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[1] Mónada: “El ser humano tiene varios centros de consciencia, puntos focales por medio de los cuales se expresa en diferentes niveles del universo. Para él, la mónada es el núcleo fundamental en su actual fase de evolución. Deriva de otro, más profundo, el regente gonádico, ‘centella cósmica emanada del Creador’. La mónada es la proyección del regente en el universo físico cósmico; el alma, la proyección de la mónada en los niveles abstractos, y el ego humano, la proyección del alma en el mundo concreto.” - J. Trigueirinho, en esta misma obra. 

[2] Logos planetario: “Consciencia rectora de ámbitos planetarioso de sectores del sistema solar. Hay dos escalones de Logoi planetarios: mayores y menores. Los Logoi planetarios mayores constituyen canales para transformación y transporte de la energía del sistema solar. Asumen conducir la obra del Logos solar y están vinculados directamente a él. Gobiernan la relación entre diferentes sectores del sistema y de éste con otras esferas siderales de vida. Rigen círculos de existencia, que son sectores de manifestación del sistema solar, todo lo que existe en esos círculos de existencia es vivificado, conducido y plasmado por la inducción, directa o indirecta, de los Logoi planetarios mayores. En cuanto a los Logoi planetarios menores, son prolongaciones de los Logoi planetarios mayores y rigen campos de expresión, parcelas de los círculos de existencia que pueden incluir la vida de planetas, asteroides u otros cuerpos celestes; su trayectoria abarca la evolución de los reinos de la naturaleza. Un Logos planetario puede manifestarse en más de un sistema solar concomitantemente… […] Las fases de manifestación de un Logos planetario mayor, y por lo tanto de un círculo de existencia, son preparatorias para las iniciaciones que el Logos debe alcanzar; en la primera fase, el círculo de existencia tiene tres campos de expresión; en la segunda fase, hasta siete, y en la tercera, hasta doce… Estas fases están implícitas en el triángulo de Pitágoras, cuyas relaciones matemáticas corresponden al proceso evolutivo logoico… En resumen, la creación y el desarrollo de un universo planetario forman parte de la ascensión de consciencias logoicas, son el medio por el cual se perfeccionan, se ejercitan en la aplicación de las leyes cósmicas y proveen condiciones para que evolucionen una infinidad de mónadas que integran sus diversos reinos.” - J. Trigueirinho, en esta misma obra.


Ilustración de portada (arriba): María Magdalena ungiendo los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo. Jean Béguin, Retablo del Rosario, Basílica de San Máximo, Var, Francia. Más abajo (en el apartado La Transfiguración): icono de finales del siglo XIV / principios de l XV, oriundo de Polonia.