8 de agosto de 2015

EN UN CLARO DEL BOSQUE CELTA (IV) / DRUIDAS: La mística de la Verdad, el misterio de la Palabra creadora, la religión de la libertad








Escuelas druídicas                            


Fue Julio César quien habló de lo extenso del estudio involucrado en el volverse un Druida. En algunos casos los pupilos permanecerían unos veinte años, así  dice él, bajo la tutela de sus maestros. Presume él además que hubo importantes escuelas de enseñanza druídica en la Gran Bretaña. Pomponius Mela, escribiendo después de la proscripción romana de los druidas, habla de los druidas yendo al encuentro a fin de instruir a sus pupilos ‘en secreto lo mismo en una cueva que en un valle apartado’.[1] Sin duda, existe para exponer evidencia suficiente de que la casta druídica tuvo a su cargo la educación céltica. En lo que concierne a la Galia, Camille Jullian observa a partir de las evidencias que los druidas ‘congregaban a su alrededor a los varones jóvenes de las familias gálicas y les enseñaban todo cuanto ellos sabían o creían de lo relativo al mundo, el alma humana, y los dioses. Unos pocos de esos estudiantes se quedaban con sus maestros hasta que hubiesen alcanzado la edad de veinte años; sin embargo, está claro que aquellos que hubieran de volverse sacerdotes recibían la parte del león en atención’.

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Libros druídicos


‘Se dice’, escribió Julio César de los druidas, ‘que ellos encomendaron a la memoria una inmensa cantidad de poesía, y así algunos de ellos continúan sus estudios durante veinte años. Consideran impropio confiar sus estudios a la escritura, aunque usan el alfabeto griego para casi todo lo demás…’
Una interpretación superficial o una lectura errónea de esta ahora famosa cita, ha llevado a incluso los más serios investigadores a expresar a veces la idea de que los celtas pre-cristianos eran analfabetos. Es bien sabido que los textos irlandeses y galeses que sobrevivieron datan del período cristiano, cuando se considera que la proscripción religiosa a los druidas a destinar los conocimientos célticos a la escritura no importaba ya más. El irlandés se convirtió entonces en la tercera lengua escrita de Europa después del griego y el latín.
Cuando discutamos la filosofía de los druidas, en nuestra sección siguiente, estaremos tratando el concepto druídico de Verdad como poder supremo, el cual se encuentra como un pensamiento indoeuropeo básico. A esta altura, deberíamos simplemente hacer mención, como una razón para la prohibición druídica de escribir, que la enseñanza era que la Verdad era la Palabra y la Palabra era sagrada y divina y no debía ser profanada. Los celtas creían en el poder mágico de la Palabra.La Verdad es el fundamento del habla y todas las Palabras están fundadas en la Verdad’. Los druidas creían que ‘por la Verdad permanece la tierra’. Sin embargo, ¿en qué medida se aplicó esta prohibición religiosa de la que habla César?
Una lectura más minuciosa de César nos muestra claramente que a lo que se prohíbe dar forma literaria es sólo el conocimiento druídico (la ‘Palabra’), y que los celtas – en este particular aspecto, los celtas continentales – venían usando letras griegas. Deberíamos añadir que usaban también letras etruscas y latinas. La prueba de esto se recoge de las antiguas inscripciones célticas, particularmente las halladas en la Italia del norte (Galia Cisalpina) y en España. Han sido estudiadas en Lepontica, por el Dr. Michel Lejeune (Paris, 1971), inscripciones en cementerios que datan de entre los siglos cuarto y segundo A. C., tales como Briona, Todi y Saignon. Las inscripciones funerarias célticas, las señas de identidad del artesano en las piezas de cerámica y otras mercancías bastan para demostrar algún grado de conocimientos alfabéticos. Más aun, durante muchos años al Calendario de Coligny, datado en el primer siglo A. C., se lo consideró el más extenso documento en lengua celto-gálica…
Un punto que muchos asimismo olvidan es el hecho de que tras las conquistas romanas de los territorios célticos, muchos celtas comenzaron a escribir en la lengua del conquistador. Presumiblemente, estos celtas, salvo que hubiesen rechazado totalmente la religión céltica pagana, creyeron que la proscripción druídica en lo tocante a la práctica de la escritura no se hacía extensiva a la expresión literaria en otras lenguas. El paso del tiempo ha hecho que estos escritores fueran aceptados como autores latinos – del mismo modo que muchos escritores irlandeses, escoceses o galeses, debido a que escriben en inglés, son considerados escritores ingleses. En verdad, en el primer siglo A. C. surgió toda una ‘escuela literaria céltica’, principalmente identificada con escritores de la Galia Cisalpina. Celtas de Iberia, Provence (La Provincia) y más tarde de Galia propiamente dicha, se sumaron pronto a la literatura latina…
La cuestión más importante es si alguna práctica de escritura relativa a la historia céltica, la filosofía, el derecho y otras materias escaparon a la proscripción druídica.


Según el Dr. Joyce: ‘Los druidas galos prohibieron a sus discípulos poner por escrito parte alguna de su saber, estimando esto como una práctica non santa. No existe mención de ninguna prohibición tal entre los druidas irlandeses’.
Lo cierto es que en las sagas irlandesas los druidas leen y escriben en un alfabeto irlandés distintivo: Ogham. En la mitología irlandesa la invención del alfabeto se atribuye a Ogma, no sólo dios de la elocuencia y la enseñanza sino, significativamente, de los druidas. De todos modos, el grueso de inscripciones en Ogham que sobreviven data del período cristiano, esto es, los siglos quinto y sexto de nuestra Era. Hay 369 inscripciones, la mayoría en Irlanda, pero muchos en Gales y Escocia, con unos pocos en Cornwall y la Isla de Man y algunos en lo que hoy es Inglaterra. La inscripción en Ogham más hacia el este fue registrada en la zona de Silchester, la cual fue la capital tribal de los atrebates célticos. La distribución de estas inscripciones, a partir de una concentración en Munster (sugestivamente el área del origen más remoto en la tradición irlandesa) en dirección al este está en concurrencia con el movimiento de los maestros misiones cristianos irlandeses. Cuando, en 1390, Maghnus Ó Duibhgánnáin compiló el Libro de Ballymote (Book of Ballymote), que incluía una copia del Leabhar na gCeart (Books of Rights = libro de los derechos), incluyó un tratado sobre el Ogham con una clave alfabética. El alfabeto en sí mismo consiste de cortas líneas dibujadas encima, o cruzando, una línea de base. Se ha defendido el Ogham como el alfabeto druídico en la fantasía popular, y más frecuentemente ‘El Alfabeto de los Árboles’, ya que cada letra irlandesa toma su nombre de un árbol; por caso, A: ailim  (olmo); B: beithe (abedul); C: coll (avellano), y así el resto.
Dado que todos los restos corresponden al período cristiano, se ha sostenido que el Ogham no estuvo operativo hasta aquel entonces y que se basó en el alfabeto latino. Otros, como el Dr. Barry Fell, de Harvard, ve inscripciones en Ogham por todas partes – tanto en España como en América, ¡y fecha tales ‘inscripciones’ ca. 500 A. C.! Podemos, no obstante, estar seguros de que el Ogham no pervive desde antes del siglo quinto de nuestra Era. Sin embargo, es pertinente preguntarse si pudo haber existido antes de esa fecha.
La mención del uso del Ogham ocurre frecuentemente en los antiguos mitos irlandeses…[2]

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… Las inscripciones en Ogham que sobreviven sólo lo hacen porque fueron grabadas en piedra. Es obvio que las varas de madera, de haber existido, hubieran sido fácilmente quemadas o que, si sobrevivieron a los fanáticos cristianos, se habrían deshecho al pudrirse con el paso de los años. Y un aspecto interesante es que las inscripciones en Ogham que efectivamente sobrevivieron resultan ser una forma arcaica de ‘irlandés literario’; arcaicas incluso en el momento en que fueron hechas… Así como la lengua del pueblo cambió, los textos antiguos, no. Éstos fueron, se presume, transmitidos en una tradición estrictamente oral desde tiempos remotos hasta el punto en que se los encomendó a la escritura. Como Myles Dillon y Nora Chadwick han observado por igual:

Irlanda poseyó una riqueza en tradición oral preservada cuidadosamente desde el más temprano período de nuestra era mayor que cualquier otro pueblo en la Europa al norte de los Alpes. Por esta razón, la fundamentación de su historia primitiva a partir de materiales tradicionales es de interés general mucho más allá de su área geográfica y política, y segunda sólo respecto de la del antiguo mundo griego y romano.

Nos ha llegado de Irlanda literatura y enseñanza tremendas. Pero, aun así, podemos igual lamentar la aparente destrucción de los libros druídicos por los fanáticos misiones cristianos, que fue claramente un crimen contra el conocimiento.



Los druidas como Filósofos


La palabra ‘sacerdote’ no fue nunca aplicada a druidas por ningún escritor clásico, pero muchos griegos y romanos usaron el término ‘filósofo’ para describirlos. Dio Chrysostom, de hecho, hace una distinción clara entre un ‘druida’ y un ‘sacerdote’.
¿Qué era la filosofía de los druidas? ¿Podremos salvar alguno de sus principios básicos? Nora Chadwick ha observado, en su estudio The Druids (los druidas), que: ‘El aspecto excepcional de la enseñanza druídica puede resumirse como filosofía natural y ciencia natural – la naturaleza del universo físico y su relación con el género humano’. Diodorus Siculus sostiene: ‘El druida unía al estudio de la naturaleza la de la filosofía moral, vindicando que el alma humana es indestructible, y asimismo el universo, pero que en algún momento impredecible, el fuego y el agua prevalecerán’.
Mucho se ha discutido acerca de la filosofía moral druídica. Si uno hubiera de intentar extraer esa filosofía de las fuentes, no puede sino señalar el comentario sumario de Diogenes Laertius de que la principal máxima de los druidas era que el pueblo debería ‘rendir culto a los dioses, no ejercer el mal y ejercitar el coraje’. Para sintetizar, a partir de fuentes diversas, los druidas enseñaron que se debería vivir en armonía con la naturaleza, aceptando que el dolor y la muerte no son males sino parte del plan divino y que el único mal es la debilidad moral. De los textos en Irlandés Antiguo se colige que a los druidas les preocupó, por encima de todas las cosas, la Verdad y predicaron ‘An Fhírinne in aghaidh an tSaoil’ (The Truth against the World = la Verdad contra el mundo). El profesor Myles Dillon arguye que ‘esta noción de la Verdad como el principio más elevado y fortaleciente poder de creación dominan la literatura [irlandesa]’.

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Varios conceptos lingüísticos [sic] de esta idea de Verdad perviven. Un punto fascinante es que la palabra en Irlandés Antiguo para verdad es también la base de los conceptos lingüísticos de santidad, rectitud, lealtad, de religión y, por encima de todo, de justicia. Incluso en irlandés moderno puede decirse: ‘Tá sé/sí in dit na fhírinne anois’ para expresar que un hombre / una mujer está muerto/a. Esto quiere decir literalmente ‘él/ella está en el lugar de la Verdad ahora’. Esto es claramente una enseñanza de los druidas ya que encontramos un paralelo en el sistema parsi persa-iranio. El Avesta es el libro sagrado de los parsis que data de los siglos tercero o cuarto de nuestra Era, y resulta de la colección de antiguos escritos y tradiciones del maestro religioso y profeta de la antigua Persia, Zoroastro, más conocido popularmente como Zarathustra (ca. 628 – ca. 551 A. C.). En el Avesta, Asa, o Verdad, es el nombre del Ultramundo o el Paraíso al cual todos tenemos esperanza de acceder. En los Vedas hindúes encontramos que la Verdad (rta) es una tierra en el más alto estado del paraíso y la fuente del sagrado Ganges…
… El Acto de Verdad, satyakriya, ocurre frecuentemente en la literatura hindú. La misma noción de Verdad se puede hallar en algunas de las enseñanzas que sobreviven de Heráclito de Efeso (ca. 540 – 480 A. C.), en las cuales postula un principio de lo que devino en la escuela estoica de filosofía, de que la naturaleza o el universo estaban controlados por el logos, la Palabra o razón, que era la Verdad y sinónimo de naturaleza divina. Sea lo que fuere lo que ocurriese estaba de acuerdo con esta Verdad y el fin de hombres y mujeres era vivir en armonía con ella. El concepto fue mantenido por estoicos y estoico-platónicos, tales como Philo Judaeus (ca. 30 A. C. – 45 D. C.), un judío alejandrino helenizado, cuya obra ejerció influencia sobre los cristianos primitivos. El Evangelio de San Juan se redactó alrededor del año 100 D. C., y, a diferencia de los Evangelios Sinópticos[3], se trata de una composición unificada por un solo autor. Este autor muestra claramente que fue influido por Philo u otros estoicos de raíces platónicas con su sentencia ya bien al comienzo de todo: ‘En el principio era la Palabra (logos), y la Palabra (logos) era con Dios, y la Palabra (logos) era Dios’.
Agustín de Hipona, en Confesiones, admite que él encontró precisamente este concepto en los libros de los platónicos.
Así retornamos a la idea indoeuropea básica de Verdad en su entidad de Palabra y sinónimo de divinidad. Para los druidas y Brahmines, el principio dador-de-vida y poder fortalecedor fue la Palabra o Verdad, la causa última de todo ser. Los Vedas dicen que ‘por medio de la Verdad permanece la tierra’… Así, encontramos en muchos mitos celtas la idea de alguna retribución para la persona por no hablar la verdad. Usualmente, la mancilla habría de hacerse presente. La idea impregna muchas culturas indoeuropeas; el famoso vestigio moderno de la antigua idea que hallamos en el relato para niños Le aventure di Pinocchio (las aventuras de Pinocho) (1883), escrito por el italiano ‘Collodi’, Carlo Lorenzini (1826-1890). En este cuento la nariz de Pinocho crece cada vez que Pinocho dice una mentira.
Una demostración más de la importancia de la Palabra se ve en el concepto de que el nombrar las cosas les confiere el ser. Se nos relata que Ra, el gran dios solar y primera deidad egipcia en aparecer a partir del caos inicial, se creó a sí mismo pronunciando su propio nombre. Hasta que algo no es nombrado se mantiene oculto al conocimiento [unknown] sin lugar ni propósito… Por eso, la Palabra en sí misma es poder divino. En Irlandés Antiguo, así como en Irlandés Moderno, encontramos que ainm no era sólo la palabra para ‘nombre’ sino para ‘alma’ (como opuesta a ‘cuerpo’) y ‘vida’. La confrontación se da en galés con las palabras enwi, enaid y einioes que evolucionaron desde la palabra común. Para los antiguos celtas, junto con otras sociedades indoeuropeas, el mundo fue creado por la Palabra, desde el proceso del desarrollo del lenguaje.
Ya hemos observado que hubo entre los celtas en evolución una doctrina de la inmortalidad del alma y que fueron uno de los primeros pueblos europeos en poseerla. Ammianus Marcellinus observa: ‘Con gran desprecio por el destino mortal, profesaban ellos la inmortalidad del alma’.  Y Lucano, en su poema Pharsalia, se refiere a los druidas de este modo: ‘Son ustedes los que dicen que las sombras de los muertos no van en busca de la silente tierra del Erebo y las pálidas salas de Plutón; en cambio, nos dicen que el mismo espíritu posee un cuerpo nuevamente en alguna otra parte, y que la muerte, de ser verdad lo que ustedes cantan[4], no es sino el punto medio de una larga vida’.
La Escuela de Alejandría se dividió en relación con el hecho de si los celtas habían desarrollado su doctrina por sí mismos o bien habían tomado el concepto  de los griegos, de modo notorio de Pitágoras.





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Pitágoras, en el siglo sexto A. C., enseñó una doctrina de la reencarnación o transmigración del alma. Él defendió el haber sido el troyano Euphorbos, muerto en Troya, en una reencarnación anterior.
Según Diodorus Siculus, fue Polyhistor quien primero hizo mención de que ‘la doctrina pitagórica prevaleció entre los galos’, doctrina en la cual se enseñaba la inmortalidad del alma. Timagenes parece también haber enseñado la misma idea y Ammianus Marcellinus, usando a Timagenes como su autoridad, dice: ‘Los druidas, hombres de elevado intelecto, y unidos a la fraternidad íntima de los seguidores de Pitágoras, fueron se consagraron a la exploración de materias secretas y sublimes, y con una consciencia desapegada de los asuntos humanos, declararon ser las almas inmortales’.
Estrabón dice: ‘Los druidas y otros aunaron el estudio de la naturaleza al de la filosofía moral, afirmando que el alma humana es indestructible, y así también el universo, pero que en algún momento impredecible, el fuego y el agua prevalecerán’. La observación del cínico soldado de César de que esta doctrina explicaba la bravura de los celtas en la batalla es también un eco de Lucano.
Hippolytus (ca. 170 – 236 D. C.), un importante autor cristiano que escribió en griego pero de cuya obra sólo quedan fragmentos, sostuvo que los druidas habían adoptado las enseñanzas de Pitágoras gracias a la intermediación de Zalmoxis de Tracia, que había sido su esclavo. De acuerdo con Herodoto (ca. 490 – ca. 425 A. C.), un griego de Halicarnassus, a quien a veces se refiere como ‘el padre de la historia’, Zalmoxis fue el esclavo del filósofo mientras Pitágoras vivió en Samos. Hippollytus dice que Zalmoxis finalmente retornó a Tracia con riquezas y prestigio, y prometió a su pueblo la inmortalidad a través de esta nueva enseñanza y terminaron considerándolo su dios.

Entre los celtas, los druidas, habiendo examinado en profundidad la filosofía de Pitágoras, Zalmoxis, un tracio por su raza, el esclavo de Pitágoras, convertido para ellos en el fundador de esta disciplina, él después de la muerte de Pitágoras, habiéndose ganado un lugar ahí, se convirtió en el fundador de esta filosofía para ellos. Los celtas honraban a los druidas como profetas y vaticinadores porque anticipaban hechos [matters] por las cifras y números de acuerdo con la técnica pitagórica… Los druidas, con todo, practicaban además las artes mágicas. [Sin cita del fragmento]

Existe un problema aquí. Hippolytus obviamente sabía que Tracia había sido ocupada por los celtas. Cambaules y un ejército celta se habían mudado al interior de Tracia en 298 A. C. Los celtas establecieron el país durante un tiempo. El último rey tracio en llevar un nombre distintivo celta gobernó en 193 A. C. Sin embargo, Pitágoras vivió en el siglo sexto A. C., mucho antes de que los celtas hubiesen llegado a Tracia. Entonces, ¿en qué medida podemos dar crédito a la tradición de Zalmoxis? ¿Fue él un celta o fue un tracio?...

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El enlace pitagórico con los druidas han sido tratado románticamente so pretexto de que un druida llamado Abaris viajó a Atenas y trabó conversación con Pitágoras.

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Hiperbórea


Ahora bien, a Abaris se lo describe como un hiperbóreo. Un hiperbóreo, ‘morador más allá del viento norte’, era un miembro de un pueblo fabuloso del que los griegos creían existía en el inaccesible norte. Rendían ellos culto a Apolo, de quien se creía moraba una parte del año con ellos. Aquellos que eran particularmente favorecido por los dioses podrían volverse inmortales y vivir con los hiperbóreos. Las fuentes originales no hacen de Abaris un celta o, más precisamente, un druida. Fue John Word en 1747 quien sostuvo que ‘los britanos y los hiperbóreos eran uno y el mismo pueblo…’ Su fuente autorizada era, aparentemente, Hecateo de Mileto, quien identificó a los hiperbóreos como habitantes de las Islas Británicas.

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La base de la idea céltica de inmortalidad del alma era la de que la muerte no era sino un cambio de lugar y que la vida continuaba con sus formas y bienes en otro mundo, un mundo de los muertos, el fabuloso Ultramundo [Otherworld]. Cuando la gente moría en aquel mundo, sin embargo, sus almas renacían en éste. Así, tenía lugar un constante intercambio de almas entre los dos mundos; la muerte en este mundo llevaba un alma al Ultramundo, la muerte en ese mundo traía un alma a éste. Philostratus de Tyana (ca. 170 - 249 D. C.) observó con corrección que los celtas celebraban el nacimiento con luto en razón de la muerte en el Ultramundo, y consideraban la muerte con júbilo en razón del nacimiento en el Ultramundo. Un escritor clásico observó que tan firme era su creencia en el renacer en el Ultramundo que algunos celtas se mostraban sumamente dichosos al aceptar pagarés por deudas a ser pagadas como reintegro en el Ultramundo. La fuente es Valerius Maximus, del siglo primero D. C., que dice de los celtas que ‘se prestaban sumas de dinero unos a otros que eran reintegrables en el próximo mundo, tan firmemente están ellos convencidos de que las almas de los hombres son inmortales’.

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El tema de la muerte y el renacer es un hilo constante a través de todas las sagas y todos los cuentos mitológicos celtas. El tema de la resurrección del guerrero puede hallarse tanto en la Segunda Rama de El Mabinogion como en el relato de la batalla entre los Tuatha Dé Danaan y los Fomorii en que los cuerpos arrojados dentro de calderos mágicos retornan a la vida…
Una noche del año el Ultramundo se volvía visible al género humano. Era ésta la fiesta de Samhain (31 de octubre / 1 de noviembre), cuando las puertas al Ultramundo eran abiertas y los habitantes podían disponer el cumplir venganza sobre aquellos que vivían en este mundo que habían sido injustos con ellos. La creencia antigua sobrevive en el seno del cristianismo en una forma transmutada como Hallowe’en, el anochecer de All Hallows [itálicas mías], con el All Hallows u All Saints’ Day (Día de Todos los Santos) fijado el 1 de noviembre. La idea moderna es que ésta es la noche cuando las brujas y los demonios y espíritus provenientes del Infierno se disponen a atrapar almas incautas.
Las descripciones del Ultramundo entre los celtas abarcan un rango que va desde el oscuro purgatorio amenazador de las islas Fomorii, hasta las agradables landas soleadas de la Tierra de la Juventud o Tierra de Promisión.

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Creo que no podemos abandonar una discusión sobre la filosofía de los druidas sin referirnos al hecho de que los celtas produjeron algunos de los más fascinantes filósofos cristianos primitivos. Estos filósofos abarcan desde el celto-galo Hilary de Poitiers (ca. 315 – ca. 367 D. C.), considerado uno de los más extraordinarios teólogos de la Iglesia Cristiana primitiva, que escribió, entre otros discursos, De Trinitate (sobre la Trinidad), hasta Eriugena (ca. 810 – ca. 880 D. C.), en ocasiones llamado Johannes Scotus, John the Irishman, a quien se considera el más importante filósofo del mundo occidental entre Agustín de Hipona y Tomás Aquinas.
Pero entre esos dos destacados filósofos celtas hace su aparición otro que, significativamente, fue acusado por sus enemigos de intentar reavivar la ‘Filosofía Natural de los druidas’.



El filósofo en cuestión era Pelagius (ca. 354 – 420 D. C.). Fue él un celta que recibió usualmente el apelativo de ‘Brito’, lo que daría a entender que era británico, aunque un escritor contemporáneo comenta despreciativamente que ‘estaba lleno de porridge irlandés[5]’, lo que llevó a algunos investigadores a considerar que era un irlandés. Así lo creyó Heinrich Zimmer en su estudio Pelagius in Ireland (Pelagius en Irlanda) (Berlin, 1901). Se considera que el nombre es una forma helenizada del nombre celta ‘Morgan’, significando concebido-por-el-mar [sea-begotten]. Un contemporáneo suyo, un hombre que lo conoció personalmente, Eusebius Hieronymus (San Jerónimo), lo describió como un hombre pensativo, grave e imperturbable. Pelagius no parece haber sido ordenado sacerdote pero era veluti monarchus, alguien que seguía la disciplina del monasterio. Fue él inicialmente respetado por la sabiduría de sus declaraciones.
Pelagius fue a Roma alrededor del año 380 de nuestra Era. Se sintió dolido por la laxitud de los estándares morales con que se encontró entre los cristianos de ahí y culpó por ello directamente a la doctrina expuesta por los escritos de Agustín de Hipona, que sostenían que todo estaba preordenado y que el Hombre estaba manchado y cagado de pecado porque asumió el pecado original de Adán. Además, Dios había ordenado esto, de ahí que el Hombre no tenía libre voluntad en la materia. Pelagius creía que ambos, el hombre y la mujer, podían tomar el escalón inicial y fundamental hacia su salvación, haciendo uso de sus propios esfuerzos y no aceptando las cosas como preordenadas. Pelagius creyó que las teorías de Agustín ponían en peligro la entera ley moral. Si los hombres y las mujeres no eran responsables de sus actos buenos y malos, no existía nada por lo cual contenerlos de darse el gusto de pecar en virtud de que ello estaba preordenada de todos modos. En el escrito de Pelagius más antiguo conocido, de alrededor de 405 D. C., una filosofía queda clara: ‘Si yo debería, yo puedo’.

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Resulta aquí interesante que mientras los antiguos celtas de cierto tenían una palabra para ‘culpabilidad’ o ‘responsabilidad’, no parecieron tener un concepto claro de la idea cristiana de pecado. Tanto en Irlandés como en Galés Antiguos la palabra para pecado, pecad (irlandés), y pechod (galés), es un préstamo del latín peccatum, y se la usa siempre en su sentido cristiano como opuesta al Irlandés Antiguo cin o lochtach significando ‘culpa’ o ‘culpabilidad’, o el galés euogrwydd. El concepto nuevo de la idea cristiana de pecado parece muy ajeno al mundo celta y, creo yo, es subrayado por los argumentos pelagianos. En la Iglesia Celta, la confesión de pecado no era obligatoria y cualquiera que confesase que era necesaria se hacía un elegido ‘amigo de(l) alma’ (‘soul friend’). Según el Padre Joseph MacVeigh, en Renewing the Irish Church (renovando la Iglesia irlandesa) (1993): ‘El amigo-de(l)-alma (anam chara) que actuaba como un guía y consejero espiritual – no un confesor – para los monjes y conversos jóvenes era parte de la práctica druídica’. Luego el pecado y la necesidad de confesarlo era algo nuevo para las percepciones celtas.
La idea del ‘amigo-de(l)-alma’ o ’amigo álmico[6]’, o guía espiritual, fue un concepto usado en la sociedad céltica pre-cristiana, y el rol fue usualmente ejercido por un druida. Tal vez resulte, además, significativo que en la sociedad cristiana celta primitiva el lugar de ‘amigo álmico’  fuera ocupado por mujeres. Hay muchos ejemplos; Ita de Cluan Credill fue el amigo álmico de Brendan. Columbanus tenía una mujer como amigo álmico. Sin embargo, posteriormente en su vida, dado que pasó más tiempo en Francia e Italia y fue influenciado por percepciones romanas, ordenó que los varones sólo podían tener confidencia con amigos-de(l)-alma varones.
Leslie Hardinge ha señalado las íntimas similitudes entre Druida y ‘santos’ celto-cristianos primitivos:

En su posición social y su influencia política los poderosos santos fueron, en ocasiones, aparentemente los sucesores de los druidas. Druidismo y cristianismo fueron, superficialmente considerados, similares. Ambos tenían estaciones en las cuales las fogatas eran extinguidas según un ceremonial, y eran luego reencendidas a partir de una llama simbólica. Ambos bautizaban a los bebés, momento en el cual se otorgaba el nombre del niño. Ambos defendían operar curas mágicas, predecir acontecimientos, y transferir enfermedades de los seres humanos a plantas u otros objetos. Ambos fueron maestros de jóvenes y consejeros de reyes. Al igual que el druida, el amigo-de(l)-alma cristiano podía desterrar a un pecador. Ambos maldecían a sus enemigos, y, como [San] Senan cierta vez exclamó, ‘Más fuerte es la maldición que he traído conmigo, y mejor es mi saber’.

No poseemos registro de la defensa de Coelestius al escuchar sentencia ante Auretius de Cartago. Fue juzgado culpable de siete cargos presentados en su contra.
Colestius fue condenado y excomulgado por adherir con sus creencias a las ideas planteadas por Pelagius. Con este triunfo, Agustín y sus adeptos comenzaron su ataque al propio Pelagius…

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… El 30 de abril, año 418 D. C., en Ravenna, el emperador Honorius (395 – 423 D. C.) fue persuadido de tomar la iniciativa sobre la cuestión teológica gestionando una proscripción política contra Pelagius, confiscándole todos sus bienes. Zosimus, como obispo de Roma, no tuvo mucho para elegir sino seguir la ‘pista’ dada por el emperador. A regañadientes, también denunció ahora a Pelagius.
La Iglesia Occidental no hizo una denuncia de Pelagius hasta el sínodo de Efeso en el año 431 de nuestra Era. Se consideró, hasta el fin de sus días, que la Iglesia Celta estaba acribillada por la ‘herejía pelasgiana’. Por cierto, el segundo Consulado de Orange en 592 D. C. hizo una reafirmación de la condena del pelagianismo como movimiento, lo que implicaba que tenía todavía una fuerte adhesión entre los celtas.
Hacia 420 D. C. no se oyó más del propio Pelagius, aun cuando su amigo Coelestius emergió en 428 D. C. en Constantinopla en busca de ayuda del obispo Nestorius. Sobre qué le ocurrió a este prominente filósofo nada se sabe.
Ahora bien, si Pelagius verdaderamente reproducía la filosofía de los druidas, y esto no es improbable, ya que fue indudablemente un hombre de su cultura y estaba enseñando los conceptos sociales de ésta dentro del marco de una nueva religión, y éste fue el aspecto que llevó a Agustín y sus seguidores a denunciarlos como un intento de reavivar la ‘Filosofía Natural de los druidas’, debemos preguntarnos, ¿cuál era esta filosofía?
La esencia del pelagianismo era que los hombres y las mujeres eran responsables de sus actos y que aunque existían diversos factores externos dominantes, la elección final era suya. No hay, y no puede haber, pecado donde la voluntad no es absolutamente libre; donde uno no es capaz de elegir entre el bien y el mal. (Si necessitatis est, peccatum non est; si voluntatis, vitari potest.)[7]
Pelagius enseñó que nacemos sin-carácter (non pleni) y libres de tendencias hacia el bien o el mal. Para distinguir el bien del mal, uno tiene que ser instruido (ut sine virtute, ita et sine vitio = [al igual que sin virtud, así también sin vicio]). Él arguyó que, a diferencia de la enseñanza de Agustín, no somos ya dañados por el pecado de Adán, salvo en la medida en que nos brinda un ejemplo de nuestros ancestros del mal que puede influir sobre nosotros o engañarnos (non propagine sed ejemplo = [no por la propagación sino por el ejemplo]). El poder de elección, que reafirma el libre albedrío, significa que en cada elección en la vida, en cada momento de la vida, no importa qué le haya ocurrido previamente al individuo, él o ella es capaz de elegir entre el bien y el mal.

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Podría argumentarse que para negar ‘influencia divina’ en este asunto Pelagius estaba sugiriendo que la doctrina cristiana de la ‘Gracia’ era suplantada por la de la ‘Naturaleza’, aun cuando no parece haber llevado esta racionalización hasta la instancia de la conclusión lógica, lo que habría sido una negación de la ‘redención’, tan central en el credo cristiano. El cristianismo occidental estaba enfatizando, en estos tiempos, el carácter sobrenatural del cristianismo como agente en el mundo subjetivo, desarrollando una doctrina de ‘pecado’ y ‘Gracia’. Pelagius, y en verdad la Iglesia Celta, que tenían más en común con la Iglesia Ortodoxa oriental y los primitivos cristianos griegos como John Chrysostom y Origen, mantenía con celo el libre albedrío humano, odiaba hacer del ‘pecado’ un poder de la Naturaleza [Natural power], y estaba desarrollando la doctrina de la Trinidad, la encarnación y el carácter sobrenatural del cristianismo en un mundo objetivo.

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En Pelagius, el ‘Britano siciliano’[8], Fastidius y otros escritores ‘pelagianos’, podría descubrirse un cierto eco… de las filosofías de los druidas. Sin embargo, el observador podría ahora objetar que seguramente existe una contradicción en sus aproximaciones filosóficas aquí. Sabemos que los celtas gozaron de renombre por sus augurios; su adivinación mediante el vuelo de los pájaros y otros medios; sus vaticinios del futuro. La mitología y el folclore célticos están llenos de druidas que declaran el destino fatal de los individuos, y el intento de aquellos individuos de escapar de aquel destino fatal es usualmente la senda misma por la que finalmente lo encuentran. Esto parece contradictorio a la idea básica consagrada en la filosofía expuesta por Pelagius…

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Este asunto no es tan blanco o negro. Hay dos argumentos. El argumento más razonable, y el más simple, es que al tratar sobre una civilización paneuropea por un milenio y medio, podrían emerger y emergerían diversos hilos conductores del panorama filosófico. Probablemente es más apropiado hablar de filosofías druídicas que de filosofía druídica; aquellos que aceptaron la Fatalidad o Predestinación y aquellos que no. De todos modos, nada está jamás agotado; por ejemplo, astrólogos de la mayor seriedad sostendrán que la astrología no tiene que ser un argumento para la predestinación, sino simplemente que un conocimientos de influencias astrológicas en momentos diversos proporciona a la gente una posibilidad de elección. Y la elección es aquello con lo que la aproximación pelagiana está más compenetrada.”
  
 

Zodíaco céltico



Extraído de Peter Berresford Ellis, The Druids (los druidas), W. B. Eerdmans Publishing Company, Grand Rapids, Michigan, U. S. A., 1995. El fragmento corresponde a Chapter 8: The Wisdom of the Druids (Cap. 8: la sabiduría de los druídas), págs. 157 – 189. Versión castellana de este extracto, notas y comentarios – para su exclusiva publicación en este blog digital -: G. Aritto / 2015.


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* Dada la peculiar despreocupación de Peter B. Ellis por ofrecer a sus lectores citas bibliográficas precisas y puntuales al invocar textos de su apabullante enciclopedia personal - la misma despreocupación en que reincide en otros libros suyos como The Celts (los celtas), publicado originariamente bajo el título The Ancient World of the Celts (el antiguo mundo de los celtas), London - 1998 -,  listo abajo las obras por él mismo recomendadas, en este fascinante volumen, de los autores que convoca en los fragmentos precedentes:

-         Julio César, De Bello Gallico (difundido como Comentario a la Guerra de las Galias) ;
-         Pomponius Mela de Tingentera – próximo a Gibraltar - (ca. 43 D.C.), De Chorographia (sobre la cronografía);
-         Camille Jullian, Recherches sur la religion gaulois (investigaciones sobre la religión gala), Bordeaux – 1908; e Histoire de la Gaule (historia de la Galia), Paris – 1908;
-         P. W. Joyce, A Social History of Ancient Ireland (historia social de la Irlanda antigua), London – 1903;
-         M. Dillon, ed. Early Irish Society (sciedad irlandesa primitiva), Cork – 1963;
-         ------------, Celt and Hindu (celta e hindú), Dublín – 1973;
-         ------------, Celts and Aryans (celtas y arios), Simla, India -1975;
-         M. Dillon y N. Chadwick, The Celtic Realms (los reinos celtas), London – 1967;
-         L. Hardinge, The Celtic Church in Britain (la Iglesia céltica en Gran Bretaña), London – 1972.

    Del Dr. Barry Fell no existe acuse bibliográfico. Tampoco hay referencia alguna a la edición manejada por Ellis de los escritos de Pelagius.







[1] El llamado “ciclo de Saros” de nuestra Luna se cierra cada casi dieciocho años y once días, según el cálculo de los antiguos astrólogos caldeos. Se trata del itinerario celeste que realiza el satélite hasta la reincidencia de eclipses lunar / solares reconocibles. Hay quienes sugieren que el período que abarcaba aquella “paideia” céltica, el retiro formativo holístico de los jóvenes bajo la guía integral de un druida, coincidía, por alguna razón de índole cósmica, con el mencionado “ciclo de eclipses” asumido por el satétile (¿natural?) del planeta.

[2] Ellis enumera y se explaya a continuación sobre varios textos irlandeses antiguos; entre otros: Immrain Brain (Voyage of Bran = viaje de Bran); Táin Bó Cuailnge (el robo del toro de Cuailnge); Leabhar na Nuachonghbala (The Book of Leinster = el Libro de Leinster); Leabhar Buidhe Lecain (Yellow Book of Lecan = Libro Amarillo de Lecan); Cosmographia Aethici Istrii (Cosmography of the World = cosmografía del mundo), de Aethicus of Istria; Audacht Morían (Morann’s Will = testamento de Morann).

[3] Se conoce bajo la denominación conjunta de “Evangelios Sinópticos” a los otros tres recogidos por la tradición ortodoxa en el Nuevo Testamento, es decir, los de Mateo, Marcos y Lucas. Como bien se sabe, el libro escrito por el anciano discípulo Juan mantuvo desde su origen un lugar diferenciado como fuente del Conocimiento secreto y expresión de simbolismo hermético que nutrió, hasta el exterminio definitivo de los cátaros (comienzos del siglo XIII), la doctrina marginal y heterodoxa de las sectas gnósticas surgidas del seno del cristianismo primitivo y contestatario del orden eclesiástico instaurado por Roma. Es extraño que Ellis no selle más directamente el movimiento filosófico que está describiendo como sustrato místico de los escritos de Juan con el nombre que recibe en cualquier historia de la filosofía occidental: neoplatonismo. Fueron justamente los metafísicos de la Patrística cristiana quienes mejor leyeron a Plotino en los confines antiguos de la Alta Edad Media (el numen evocado por Ellis a continuación, San Agustín - Obispo de Hipona, es el ejemplar por antonomasia).

[4] “… if  what you sing es true...”, en la versión inglesa de Ellis: ¿no resulta llamativa, y asaz fascinante, la alusión de Lucano al canto de los druidas?...

[5] “Porridge” da nombre a una suave preparación comestible hecha a base de avena hervida en agua o leche; el cazo típico en que ser sirve y toma se conoce, consecuentemente, como “porringer”.

[6] “álmico”, si se me permite este amigable neologismo, tan en boga en los actuales tiempos de espiritualidad “acuariana”.

[7] Glosando el pasaje: si la elección nace de la necesidad, entonces no hay pecado; si, en cambio, surge de la libre voluntad, puede evitárselo.

[8] “Sicilian Briton’ es el apodo que recibió un anónimo escritor celto-británico que, según todos los indicios, produjo sus escritos en Sicilia. Ellis habla de este ‘pelagiano’ fantasmagórico y cita pasajes suyos en párrafos precedentes.




Peter Berresford Ellis


10 de junio de 2015

EN UN CLARO DEL BOSQUE CELTA (III): POLARIDAD, DESEO Y RUINA EN LA SIMBOLOGÍA ARTURIANA






“La parte que Morgan le Fay juega en la Arturíada es la de un intento de usurpación y un mal empleo, para sus propios fines personales, de las fuerzas internas que, en rigor, pertenecen al reino y a aquellos que lo gobiernan.
Ella sale en esto parcialmente exitosa, a pesar del consejo y las advertencias de Merlín a Arturo acerca de la importancia de guardar la espada y su vaina, que representan, inter alia, la integridad espiritual y el destino-mandato de Arturo.
La secuencia donde Morgan toma control y posesión temporaria de Excalibur y su vaina sigue al no poco común preludio a las aventuras astrales: Arturo es conducido lejos al interior de un bosque en persecución de un animal, en este caso, un ciervo.
Él es acompañado en esta ocasión por el esposo de Morgan, Uriens de Gore, y por su amante Accalon de Galia. Al final sus caballos se caen de debajo de ellos, significando el derrumbe de la consciencia física inferior, y el ciervo es traído con ellos, aunque mediante sabuesos que no son los de Arturo. Esto ocurre a orillas del agua, y una barcaza, revestida de plata sobre el agua, se allega a ellos y arriba a las arenas sin ninguna criatura de este mundo adentro.
Cuando se encaminan a bordo del barco mágico sobre estas aguas encantadas, son, según cae la noche, repentinamente iluminados por un centenar de antorchas. Doce bellas doncellas aparecen para darles la bienvenida y guiarlos hasta la cámara donde se lleva a cabo espléndidamente una fiesta. Todo muy a semejanza de una imagen refleja de las cualidades de dador-de-alimento del Santo Grial. Tras haber cenado los camaradas, cada uno es llevado a un dormitorio separado hermosamente amueblado, y allí se quedan dormidos.
Al despertar ellos, el encantamiento ha terminado. Uriens se descubre a sí mismo en su cama, en casa, en los brazos de su esposa Morgan le Fay. Arturo se halla a sí mismo apresado en el calabozo de un falso caballero, un traicionero usurpador, el cobarde y despiadado Damas. Accalon se encuentra él mismo en grave peligro, tendido a mitad de un pie de distancia de un profundo pozo del cual mana con elevados chorros una fontana de plata.
Un malvado enano viene hasta Accalon y revela que él es enviado por Morgan, y que ella requiere de aquél que libre una batalla para ella, hasta morir. Sin embargo, ella, dice el enano, ha de obtener para él la espada Excalibur de Arturo, de modo que él tiene asegurada la victoria. Accalon accede a esta propuesta. En efecto, la proximidad de la fontana mágica es un indicador simbólico de que esta ilícita fuente de poder, con sus peligros, es ya suya. El poder de kundalini, la espada mágica, y una fuente, son símbolos íntimamente asociados que resultan virtualmente intercambiables.
La batalla que se está montando ha de fijar las diferencias entre el diabólico Damas y su noble hermano Outelake. Damas, demasiado cobarde para luchar él mismo, es ahora capaz de ejercer coerción sobre el apresado Arturo para pelear por él como condición sobre su libertad y la de los otros caballeros que Damas ha encerrado.
Outelake, sin embargo, está ahora herido en sus muslos y no puede pelear por sí solo. Por eso, Morgan arregla que Accalon sea su campeón, y al mismo tiempo envía a Arturo una espada que parece ser Excalibur y su vaina, mientras a Accalon se le da las verdaderas.
Afortunadamente, la Dama del Lago se da cuenta de lo que está pasando e irrumpe en la escena de la contienda. Debido al trueque de las armas mágicas, pese a su destreza y coraje naturales, Arturo va siendo gradualmente cortado en pedazos. Finalmente la espada falsa se rompe en su mano pero él sigue luchando desposeído de armas, con su puño solo y su escudo.
Aquí la Dama del Lago interviene con su propio encantamiento. Ella provoca que a Accalon se le caiga Excalibur, y ésta es atrapada por Arturo. Él comprende ahora lo que ha ocurrido y arrebata también la verdadera vaina del costado de Accalon, que lo ha protegido hasta ese momento de lesiones.
Como consecuencia, Arturo vence pronto a Accalon. Han estado luchando disfrazados y ahora se revelan mutuamente sus verdaderas identidades…
[…]
Los demás intentos de Morgan de irrumpir en la corte de Arturo corresponden más apropiadamente al siguiente grado del ciclo artúrico, los misterios de Ginebra, al que conciernen los secretos de la polaridad en acción. En esta materia a Morgan se la considera acertadamente el epítome del mal y la bruja egoísta. No obstante, según lo hemos dicho, todos los arquetipos artúricos son de doble-faz, mostrando sus potencialidades buenas y malas, aun cuando algunos se los represente haciendo reconocibles más las unas que las otras. Los arquetipos, al igual que los individuos, son, de todos modos, capaces de redención, y en última instancia Morgan-la-hacedora-de-daños se vuelve Morgan-la-curadora, lo cual es un uso correcto y abnegado de los poderes de la vaina. El herido Arturo es transportado en una gabarra al Ultramundo celta, a fin de ser atendido por Morgan y sus hermanas bajo el tutelaje de la Dama del Lago.” (G. Knight, 1983, § Morgan le Fay – Cap. 16 / Parte II)



“El Grado de Ginebra está involucrado en el conocimiento y el uso de las fuerzas de la polaridad. Como la polaridad es la base de toda existencia manifiesta, debe ser, por ello, considerada como un grado superior al de Merlín o de Arturo, los cuales involucran, respectivamente, la dinámica grupal, y la individual dentro del grupo. No obstante, como en la vida real, todos los aspectos son interdependientes; un grado no puede trabajarse aisladamente respecto de los otros. De ahí que sea más una cuestión de énfasis sobre diferentes aspectos del ser humano ideal como un todo…
El Grado de Ginebra está muy compenetrado con las fuerzas polares según queda ejemplificado en las relaciones entre los diversos caballeros y las damas, y particularmente en las relaciones entre aquélla misma, el Rey, y Lancelot (Lanzarote), ‘el mejor caballero del mundo’.
La Reina es el centro de la vida social y de la estructura de la corte toda. En un sentido más amplio ella representa las virtudes cortesanas que propiciaron la vida pacífica y civilizada en oposición a las preocupaciones militares y políticas de Arturo y Merlín. No bien queda hecho el trabajo de Arturo y Merlín, y rigen la paz y la justicia, es la Reina quien ejerce el reinado sobre la sociedad ideal que por entonces se desarrolla.
En las etapas primitivas de creación del dominio, y de su sometimiento al orden pacífico, ella representa un cuerpo coherente dentro de la corte desde donde los caballeros salen en pos de aventuras, y al cual retornan una vez que sus búsquedas se completan. Dentro del patrón perfecto, cada caballero posee una dama y cada uno tiene un lugar en torno a la Mesa Redonda. En algún sentido Ginebra representa la Mesa Redonda y la Mesa Redonda representa a Ginebra. No fue pura coincidencia que la Mesa Redonda fuese parte de la dote de ella, aportada a la corte de Arturo mediante su matrimonio.
En otro sentido, la Mesa Redonda, Ginebra, y la Corte representan la vaina de la espada. La espada se desenvaina para corregir errores en el territorio, y se devuelve entonces a su vaina cuando se ha restablecido el equilibrio. Este es un aspecto grupal de la espada, la vitalidad y la esencia espiritual de la Corte.
Esto presenta, además, un aspecto individual, en la vitalidad y la esencia espiritual de cada caballero y cada dama en la Corte. Ellos son las fuerzas de la polaridad, los secretos del poder personal, hallables en las fuerzas duales del aura humana.
Existe un glifo particular relacionado con el Árbol de la Vida que se conoce como el Destello de Rayo[1]. A éste le concierne el descenso de poder en la creación de la vida y frecuentemente se lo describe con un asa, como una espada.
Esto puede aplicarse al aura del individuo y brinda el patrón para un ‘yoga de Occidente’. Indica puntos de poder y la dinámica dentro del organismo psíquico. Al mismo tiempo, la vaina puede visualizarse sobre una base similar: oscura, grabada en plata con extrañas runas y símbolos cósmicos extraños, alada en su extremo superior a la manera de un caduceo.
En la vaina, las polaridades, destellantes gracias a la espada desplegada del espíritu en acción, están contenidas en equilibrio dentro de la línea central de esferas del Árbol de la Vida
[…]
En un nivel más personal, la subida del poder del kundalini encuentra su equivalencia en Arturo obteniendo Excalibur, primero de la piedra, y luego de la Dama del Lago. En este sentido, uno podría, según muestra la Figura 11[2], visualizar la espada elevándose desde las profundidades, con su empuñadura en el chakra Muladhara (o el Sephira Malkuth) en la base de la columna. Aquí se trata de la espada activando el control sobre los Elementos...
Dado que ésta representa el poder en elevación de las fuerzas vitales, la serpiente Kundalini, o el poder del dragón, podemos distinguirla de la espada descendente visualizándola con una forma ondulada en su hoja. Esto será también un recordatorio de sus aspectos polares, ya que es un equilibrio de la consciencia entre funciones opuestas en el Árbol de la Vida. En términos orientales, es una estructura triple: positiva, negativa y su equilibrio (ida, pingala, y shushumna)[3].
[…]
Se sigue de esto que en las legendas artúricas las relaciones entre caballeros y damas son de importancia al estar enseñando las polaridades del aura humana. Esto está particularmente consagrado en el grandioso panorama de las convenciones del Amor Cortés, que no son meras reliquias de los hábitos sociales del siglo XII, sino la sabiduría simbólica de los secretos de la polaridad vertical y horizontal, según se los recibió en la Tradición de Misterios occidental.
La tradición de Arturo, Lancelot y otros, en tanto criados por la Dama del Lago, consagra una antigua enseñanza de la dirección apropiada de las fuerzas viriles en un joven en crecimiento.



Los orígenes arquetípicos de la Dama del Lago se remontan a la lejana prehistoria. Es ella un vestigio de la memoria de una grandiosa jerarquía de poderes matriarcales que eran antiguos inclusive en la Atlántida, y cuyo rol en las primitivas brumas del tiempo era el de ayudar a restaurar los ajustes necesarios a una humanidad primordial cuando la diferenciación de los sexos se establecía como el medio de procreación continua de la raza. Una muy borrosa memoria de estos eventos antediluvianos está contenida en la historia bíblica de los animales subiendo a bordo del arca de Noé de dos en dos.
Cuando el Merlín original buscó llegar a establecer las tradiciones atlantes de Misterios en las Islas Británicas, las ‘mujeres feéricas’[4] también estaban ahí. Estas eran caudillas femeninas y altas sacerdotisas de antiguos cultos atlantes, de las cuales la Dama del Lago en sus diversas facetas, Morgan le Fay, e Ingraine, madre de Arturo, son remembranza.
[…]
Podría decirse que la madurez y la salud mental en su sentido pleno son la habilidad para relacionarse con la gente y los eventos sin proyectar nuestros propios contenidos psíquicos sobre ellos.
La manipulación deliberada de proyecciones, induciendo a otros a proyectarlas, es en gran medida el modus operandi de la publicidad y la propaganda política. En menor medida es también el de la magia cuando se la emplea objetivamente sobre otros. De cualquier forma, en este contexto la magia es de valor y motivación dudosos, ya que la verdadera magia blanca está compenetrada con la evolución de la consciencia hacia la madurez, la objetividad y la libertad respecto del glamour y la ilusión[5].
Poniendo esto en el contexto de la Arturíada, encontramos al joven Arturo siendo inducido hacia una temprana polaridad objetiva con un ser de los planos internos, la Dama del Lago, asimilando por ese medio de ella los contactos internos que lo habilitarían para polarizarse con el reino como un todo, y también con la reina suya, otorgando a ella a través de esto un poder regio similar.
Morgan le Fay, sin embargo, ‘diestra en la nigromancia’, en razón de su ambición personal y de su personal deseo de hacerse ella misma de semejantes poderes, desvía el flujo polar en una proyección sobre sí misma, en vez de dirigir la atención, la consciencia alerta y el flujo polar de Arturo hacia una doncella de su misma edad destinada a ser su reina.
A resultas de esto, sean cuales fueren sus indudables virtudes como guerrero y líder de caballeros, Arturo sufre de frialdad hacia las mujeres, porque sus fuerzas polares no están orientadas hacia ellas de un modo correcto. Así, no logra relacionarse plenamente con Ginebra y ella es abandonada, una reina sólo de nombre, estéril y malograda. Consecuentemente no existe heredero para el trono ni continuación del linaje de Pendragon que Merlín había engendrado meticulosamente. El hijo y heredero de Arturo y Ginebra se habría convertido, además, en el conquistador del Santo Grial, posteriormente gobernando un Logres redimido y libre del encantamiento.
Se nos deja en una situación en que Arturo, del linaje de Pendragon a través de Uther, y del de los reyes-sacerdotes atlantes a través de Igraine, es enlazado en matrimonio con Ginebra, quien trajo consigo la dote de la Mesa Redonda. No obstante, el florecimiento de este tremendo plan potencial es arruinado desde su mismo brote por la interferencia de Morgan le Fay, que desvía las fuerzas de Arturo para sus propios fines. Esto está simbólicamente descrito en los relatos del robo de Excalibur y su vaina perpetrado por ella.
[…]
Por eso, Ginebra es fructificada según lo esperado y despertada por Lancelot, el mejor caballero del mundo, quien ha sido astralmente iniciado en su juventud por la Dama del Lago. Gracias a su ayuda Ginebra puede actuar como una reina en lo que hace a ser líder y centro focal de la corte y de la Hermandad de la Mesa Redonda, aun cuando queda todavía el problema de no haber un heredero para el trono. En vez de ser Arturo el padre del ganador del Grial, su semilla ha sido desviada por Morgan para producir al malvado Mordred que, finalmente, expresa sus poderes perversos mediante la usurpación del trono, la abducción de la reina, el derrocamiento de la jerarquía religiosa, y el advenimiento revolucionario de los comunes.
De ahí que Merlín propicie una unión carnal entre Lancelot y Elaine de Carbonek, una de las doncellas del Castillo del Grial. Por este medio Galahad fue traído a la vida. Sin embargo, no había pareja con la cual Galahad tuviese relación, la que probablemente habría sido hija de Lancelot, acaso con Elaine de Astolat, en el plan original. Por ello, el Grial, cuando es ganado, en vez de ser el Caldero de la Abundancia en armonía con los frutos de la Tierra, se volvió Copa de la Iluminación Espiritual divorciada de la Tierra, que virtualmente mataba a los pocos que eran capaces de beber de ella. En esto, Bors[6], el hombre de la familia humana usado, en términos generales, como base, (aunque los escribas monacales tienden a denigrar esto), es el verdadero conquistador, ya que él regresó como testigo de la existencia del Grial. No fue, empero, capaz de transmitir los frutos de su visión al grupo como un todo. Percivale y Galahad, como Enoc, ‘caminaron con Dios y no estuvieron’. El gran quiasmo entre la realidad espiritual y la terrenal causado por la Caída, y la expulsión del hombre y la mujer primeros del Paraíso Terrenal se mantiene.
Más tarde, el romance de Lancelot y la doncella que, en el curso normal de los acontecimientos podría haber sido la verdadera dama, Elaine de Astolat, terminó en tragedia. Ella muere de amor no correspondido, flotando su cuerpo en el río como señal del fracaso de la corte toda ante el que fue su destino.” (G. Knight, 1983, § Fuerzas polares en el Aura - Cap. 16 / Parte III)
  


Extraído de Gareth Knight, The Secret Tradition in Arthurian Legend (La Tradición Secreta en la leyenda artúrica), Northamptonshire, 1983, U. K., ya citado y traducido antes en EN UN CLARO DEL BOSQUE CELTA I y II. Fragmentos de los Capítulos 16: Morgan le Fay, y 17: Polar Forces in the Aura, incluidos respectivamente en la Parte II: The Grade of Merlin and the Faery Women, y la Parte III: The Grade of Guenevere and the Forces of Love. Traducción del inglés exclusivamente para esta publicación: G. Aritto / 2015. 







[1] “Lightning Flash”: simplemente, relámpago; aunque la imagen adjunta (no insertada aquí) de la espada con la empuñadura hacia arriba y la hoja en zig-zag hacia abajo remite inmediatamente a un rayo desplegándose entre el cielo y la tierra. (Ésta y las restantes notas, de G. A.)
[2] Como el resto de ellas, eliminada de esta publicación.
[3] Los nadis están vinculados con los chakras. El canal central, sushumna, juega un papel vital en las prácticas yoguis y tántricas. Los diez primeros nadis, según el Shiva Svarodaya, están conectados con las diez "puertas" o aberturas del cuerpo: 1. Sus humnaobrahmarandha (fontanel/tapa de la cabeza). 2. Ida (ventanilla nasal izquierda) 3. Pingala (ventanilla nasal derecha)...
[4] “Faery women”: como en otras ocasiones, faery denota cualquier hecho o entidad procedentes del Otro Mundo o reino de los elementales o de las hadas. Aquí se mentan sin duda simplemente faeries de sexualidad femenina, o sea, genéricamente hadas.
[5] Para una definición de  “glamour” (o “espejismo”) e “ilusión” – junto con los conceptos de “maya” y “el Morador en el Umbral” – , su diferenciación precisa y su relación respectiva con la Intuición, la Iluminación, la Inspiración y el Ángel de la Presencia, ver Alice Bailey, Espejismo (Glamour): Un problema mundial, publicado por la Fundación Lucis de Buenos Aires, y distribuido por Editorial Kier, Bs. As., 1950.
[6] Se trata de Bors de Ganis, hijo del rey francés Bors de Galia, hermano de Lionel y primo hermano de Lancelot, hijo, a su vez, del rey Ban de Benwick. Aunque Knght no especifica qué texto - o corpus de textos concurrentes -  ha seguido en la hermenéutica de estos dos capítulos, es probable que la base narrativa de su análisis siga esencialmente siendo, como en gran parte de las ciento setenta páginas previas, el romance de Sir Thomas Malory.

Imagen final (abajo): extraída de http://sonicunbound.deviantart.com/art/Unbound-Logres


1 de junio de 2015

EN UN CLARO DEL BOSQUE CELTA (II): ARTURO, EL SANTO GRIAL Y LOS GIGANTES DE LAS ESTRELLAS





“Es a la tradición antigua a lo que debemos volver en pos del origen de las fuerzas que penetraron la puesta en marcha de la Mesa Redonda, pues ésta posee su prototipo en los cielos nocturnos. Se la describe bien, literalmente, como la sabiduría ‘estrellada’. La inclinación de la Tierra y el plano de su órbita alrededor del Sol, y la posición del propio Sol en el espacio galáctico, brindan ciertas imágenes que calan muy hondo en el alma del hombre.
En apariencia, tenemos un ancho cinturón de constelaciones que circundan la Tierra, los signos del zodíaco. Éstas son como el ecuador de una esfera celeste que comprende la Tierra. Entre este borde del zodíaco y el punto polar central, la Estrella Polar, en torno a la cual parecen girar, existen otras diversas constelaciones. Éstas no reciben en absoluto el mismo grado de atención que las del zodíaco. Nosotros podemos ignorar, para nuestros fines, aquellas constelaciones que han recibido nombre en los pasados pocos cientos de años y concentrarnos en aquellas constelaciones listadas por los antiguos.
Hay una gran cantidad de constelaciones que aparecen debajo de la inclinación del Zodíaco. Son las estrellas del Hemisferio Sur. La mayor parte de ellas es, no obstante, visible al menos en ciertos momentos del año a observadores del Hemisferio Norte. En efecto, un observador en El Cairo, que está aproximadamente 30° por encima del Ecuador, puede ver constelaciones ubicadas a hasta 60° en el Hemisferio Sur. Ninguna constelación por debajo de esta línea de visión posee un nombre antiguo, de modo que en nuestras investigaciones nosotros estamos, francamente, tratando con una cultura del Norte, comparativamente hablando.
El Cairo está en el mismo grado de latitud que los grandes observatorios estelares babilónicos antiguos y el sitio tradicional de la Atlántida, hacia el Oeste.
Dentro de la mitología clásica griega necesitamos remontarnos al panteón familiar de Zeus y sus camaradas olímpicos, a los dioses que ellos expulsaron, que eran sus padres, y a los que se conoce como Titanes.
El origen de los Titanes – o dioses gigantes – yace a tal punto remoto en el tiempo que tuvieron como telón de fondo escénico sólo la tierra y el cielo. Ellos nacieron de la Madre Tierra primitiva, Gaia, y de la paternidad de Urano, lo profundo celestial, el primitivo Padre Cielo.
Había doce Titanes, seis hermanos y seis hermanas, y tenemos una historia extraña de cómo Urano originariamente no cejó en seguir procreando con Gaia y aprisionando todos sus hijos dentro de ella. En otras palabras, todas las fuerzas arquetípicas que forman la subsiguiente vida sobre la Tierra provienen de los cielos estrellados, y su evolución se mantiene dentro de los confines de la esfera terrestre, una gran ordalía cósmica[1].
Tarde o temprano esta siembra primordial de influencias cósmicas adentro de la esfera terrestre tenía que detenerse y así se describe en el mito titánico como Gaia forjando una hoz de pedernal y dándosela al más joven de los Titanes a fin de que pudiese castrar a Urano. La hoz es un instrumento de siega y de desmonte de cuanto se fue en vicio; su forma de luna creciente la hace particularmente un arma de los poderes receptivos femeninos. El hecho de que sea de pedernal, la piedra usada para las más antiguas herramientas del hombre y también la fuente de las chispas del fuego, resulta asimismo significativo. Ella mantiene dentro de sí toda la subsiguiente civilización humana y la tecnología.




Un gran número de otros importantes eventos ocurrieron con esta cesación de la entrada de influencias creativas cósmicas dentro de la esfera de la Tierra. Ellos hubieron de conducir a la instauración de significados sexuales de la generación (simbolizada por el nacimiento de Afrodita), y a la instauración de los significados de equilibrio, o justicia cósmica, (las Furias o Erinias). Fueron originadas otras generaciones no-humanas, tal como una raza de gigantes que están también mencionados en el Libro del Génesis. Además de las ninfas del fresno, las cuales pueden significar un tipo de orden angélico / elemental mediador; el fresno es hasta el día de hoy un árbol particularmente mágico, aparte de su importancia en la mitología Escandinava como Yggdrasil, un Árbol de la Vida nórdico.
[…]
Estas extrañas criaturas y otras semejantes[2], representan, no el mal, sino fuerzas primitivas. Les fueron conocidas a las antiguas civilizaciones atlantes prediluvianas, y memorias borrosas de ellas han llegado a nosotros como creencias persistentes que pueden parecer no más que supersticiones. Sin embargo, su vitalidad expresa un núcleo profundamente oculto de verdad.
Nuestra preocupación principal, de todos modos, son los desarrollos artúricos a partir del mito titánico. Sus primeros orígenes comunes se evidencian en similitudes corroboradas en el cielo nocturno. Así, la Mesa Redonda es una forma de zodíaco celeste. La cresta de la dinastía Pendragon se entronca con uno de los dioses titánicos. Las antiguas fuerzas se muestran, también, en los patrones sonoros similares de los nombres. Por ejemplo, el Rey Uriens de Gore (Uriens of Gore), el esposo de la media-hermana de Arturo, la hechicera Morgan le Fay, es semejante al gran cazador del firmamento, Orión. El patrón del caballero de la Mesa Redonda como héroe solar se describe en los cielos como Hércules. Una antigua orden de caballería ha de ser fundada en los Centauros.
La tradición de los caballeros rescatando bellas doncellas –con todo lo que esto implica en el simbolismo más profundo más allá de la caballería social- se ha de fundar en las constelaciones circumpolares relacionadas con el mito de Perseo y Andrómeda. Las extrañas naves del Santo Grial están en la gran constelación antigua de la Nave Argo (en tiempos modernos desintegrada en numerosas agrupaciones constelares más pequeñas) y las fuerzas espirituales de los cisnes (El Cisne), las águilas (El Auriga), y los caballos alados (Pegaso) están ahí también. Lo mismo se puede afirmar de las fuerzas telúricas más primarias respecto de las formas monstruosas, Hidra, Serpiente, Lobo, Erídano, e incluso la Copa del propio Grial – Cráter.



Mediante estos símbolos buscamos alcanzar los mismos abismos imaginativos que fueron sondeados por William Blake cuando escribió: ‘El gigante Albión fue Patriarca de los atlantes; él es el Atlas de los griegos, uno de aquellos griegos llamados Titanes. Las narraciones de Arturo son los hechos de Albión, aplicados a un Príncipe del siglo quinto’.
Son las mismas fuentes antiguas, en su versión greco-irlandesa, las que brindan los relatos de los antiguos Tuatha de Danaan –los hijos de la diosa Dana-, que han pasado al mito y la leyenda artúrica y del Grial, y más tarde a los mazos del Tarot, y los cuatro instrumentos mágicos tradicionales relacionados con los Cuatro Elementos: la Lanza, la Espada, la Copa y la Piedra (o Escudo).
Los Thuata de Danaan, un Día de Mayo, o Beltaine, en medio de la bruma, llegaron ‘a través del aire y del elevado aire’ a Irlanda, desde un lugar con cuatro ciudades, cada una con cuatro hombres sabios para enseñar a los hombres jóvenes ‘destreza y conocimiento y sabiduría perfecta’. En las palabras de Lady Gregory:

Y ellos trajeron de esas cuatro ciudades sus cuatro tesoros: una Piedra de la Virtud de Falies, que fue llamada la Lia Fail, la Piedra del Destino; y de Gorias trajeron ellos una Espada; y de Finias una Lanza de la Victoria; y de Murias el cuarto tesoro, el Caldero del que ninguno jamás se alejó insatisfecho.

En la leyenda artúrica tenemos la aparición de esos mismos tesoros. La espada Excalibur de Arturo, que provenía de los talleres de feéricos de la Dama del Lago y que fue devuelta a ella al final de la misión de Arturo. La Lanza que produjo el Golpe Doloroso que provocó el maligno encantamiento de la Tierra de Logres de la Leyenda del Grial. La Copa que es representativa del propio Santo Grial, aun cuando la forma real del grial nunca se hace visible a ojos mortales. La piedra que apareció flotando en el río, con la espada de un rey clavada en ella, pasible de ser desenvainada sólo por aquel sobre quien recayera el destino del reino terrenal, en el caso de Arturo, o del reino espiritual, en el caso de Galahad.
La Copa y la Lanza tienen aun más antiguas raíces el palo y el caldero. Ambos fueron atributos del Dagda, el antiguo padre de los dioses. El Dagda es una figura titánica en la mitología irlandesa, cuyas funciones fueron después asumidas por Lugo Lavadha, el dios sol y maestro de todas las habilidades. Luego el palo se volvió refinado en la tecnológicamente más eficiente lanza y, en tiempos aun más tardíos, Lugo Lavadha se tornó humanizado como el mejor caballero del mundo, Lanzarote (Lancelot) del Lago.
El Dagda y su caldero aparece además en la rama galesa de la mitología celta como Bran el Bendecido (Bran the Blessed). Bran poseía un caldero que les restauraba a los guerreros heridos devolviéndoles la vida y que les brindaba alimento ilimitado –dos requisitos importantes, por cierto, para el hombre tribal primitivo. Una característica de gran envergadura es alguna sugerencia de decapitación en las leyendas de Bran. Esto aparece más tarde, en paralelo con las leyendas del Grial, como la cabeza de Juan el bautista sobre una bandeja.
En las leyendas originales de Bran, la cabeza de Bran continúa dando recepción a sus camaradas durante siete años en las islas del lejano Oeste antes de ser traída a Londres para ser enterrada en el Monte Blanco (White Mount), sobre el cual ahora se asienta la Torre de Londres, como una infalible atalaya contra la invasión extranjera. Hay una tradición posterior de que Arturo la exhumó en virtud de que no necesitaba ayudas primitivas como aquella para su defensa del ámbito, un acto de hybris que conllevó su derrumbe y el éxito de las subsiguientes invasiones. Se trata de una glosa posterior sobre el hecho que la tradición artúrica asumió suya a partir de la más temprana tradición de Bran. El caldero es una forma primitiva del Grial y el nombre de Bran aparece, algo cambiado, como Bron, uno de los reyes guardianes del Grial, y, como Hebrón, ¡de la progenie de José de Arimatea!
En una de las versiones galesas de la leyenda artúrica hallada en el Mabinogion (un manuscrito tardío pero que contiene material oral muy antiguo) recibimos alguna idea de la dinámica de la leyenda del Grial pre-cristiana artúrica en el relato de Peredur, el Hijo de Evrawc, un antecedente de Percivale o Parzifal.
Esta es una versión localizada del antiguo héroe griego Hércules, quien es representado en las constelaciones como lo arquetípico humano enfrentado a doce trabajos, los cuales quedan representados por los signos del zodíaco. El número y la naturaleza de estos trabajos pueden variar de cultura en cultura pero todos ellos significan el héroe, forjando su individualidad desprendida del abrazo del alma grupal, en la evolución de la consciencia humana individualizada. Esto se recapitula en el proceso de la infancia y la adolescencia, pero es además una tarea microcósmica de la totalidad de la raza humana, en una evolución de la consciencia desde el hombre-animal hasta el hombre-angélico, desde los instintual a los modos intuitivos de percepción y comportamiento.
En las versiones más primitivas de esta pauta de desarrollo humano, en una forma que le habla al entendimiento del hombre tribal más consciente-del-grupo, esto se ofrece y entiende mejor como una cacería, incluso una suerte de cacería del tesoro, cuya recompensa es un compromiso de matrimonio y un ascenso en el estatus a fin de convertirse en un emparentado con la realeza. El patrón se preserva en muchos relatos folclóricos y cuentos de hadas.
El Mabinogion, traducido por Lady Charlotte Guest en 1849, ha sido comparado con la choza de un campesino construida con piedras antiguas a partir de un monumento de la antigüedad. Probablemente surgió a la existencia a partir de cuenteros medievales que juntaron fragmentos de la tradición oral, obteniéndolos de fuentes tanto antiguas como contemporáneas que no entendieron totalmente.
Cinco de los relatos se relacionan específicamente con Arturo y, pese a la configuración amorfa y rudimentaria de la narrativa[3], que ubica sus méritos literarios por debajo de los antiguos poemas épicos y las antiguas sagas, evidencian un punto de transición donde el mito se está volviendo relato folclórico y romance.
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En otro poema galés, The Spoils of Annwn[4], Arturo y sus hombres perpetran un atraco al aposento de los dioses paganos que es diversamente llamado Fortaleza de las Hadas[5] o Fortaleza de Cristal. En algunos versos se lo considera una isla y en otros versos como una región subterránea. Los nombres diversos, que incluyen Fortaleza de los Ricos y la Isla de la Puerta Activa, todo apunta a los planos internos, el mundo astral, y las fuerzas feéricas y elementales ahí dentro.
Ellos asaltan Annwn para obtener como ganancia el caldero de su señor, el cual es cuidado por nueve doncellas que se encuentran en distintas formas en el mito antiguo. El caldero podría identificarse con el del Dagda o con el caldero de la inspiración de la diosa Keridwen. En esta versión es además una vasija para comprobar el coraje de los guerreros, ya que ella no ha de hacer hervir la carne de un cobarde. En verdad, sólo siete retornaron a salvo de esta incursión particular, cuyo número místico enfatiza el hecho de que estamos tratando con los fragmentos de un ritual iniciático.
Un ritual de iniciación es la concentración en escala pequeña, en forma simbólica, de las tareas que han de ser realizadas por el alma en su viaje evolutivo. Es, así, un dispositivo para orientar la dirección del esfuerzo en lenguaje pictórico que habla al alma.
Al señor de Annwn, o el Inframundo, cuyo nombre es Pwyll, se lo encuentra más tarde en una forma más refinada como Pellas o Pellam, el cuidador del Castillo del Santo Grial, Carbonek. Entonces, aunque la más reciente Búsqueda del Santo Grial puede haber sido cristianizada y templada con influencias orientales, en sus raíces se entronca en gran parte con la antigua tradición de Misterios de Gran Bretaña.
De todos modos, no es el primitivo Arturo el que ha mantenido las imaginaciones de los hombres a lo largo de centurias. Sin duda este nivel de leyenda proto-artúrica aporta mucho del poder detrás del florecimiento tardío medieval de la leyenda hacia la imagen de una sociedad de caballeros y damas ideal en una tierra de cuento de hadas de hermosos palacios, recios castillos, verdes parajes, bosques encantados, con claros y fuentes y aventuras misteriosas. Este cuadro idealizado de la vida del siglo XII es el patrón que mantiene la imaginación moderna.
Por lo tanto, examinemos la Hermandad de la Mesa Redonda según este aspecto del siglo XII, pero mantengámonos atentos al saber profundo y antiguo de las estrellas que él encarna. Saber que se remonta atrás en las brumas más allá del tiempo registrado cuando la humanidad estaba en su infancia.
En algún sentido, las idealizaciones de la leyenda artúrica son como los sueños de la adolescencia, el material más antiguo característico de las fantasías de la infancia, más vívidos y más amenazadores e inmediatos. Buscamos explorar el poder detrás de estas imágenes de la infancia y la adolescencia raciales a fin de encontrar nuestro camino en el mundo moderno, donde nos tambaleamos con incertidumbre hacia el manejo de las responsabilidades de la adultez cósmica, con los poderes como de dioses sobre la vida y la muerte a los que el desarrollo de la mente concreta nos ha inducido en nuestra tecnología, poderes que imponen tanto el rápido crecimiento en estatura moral como la autodestrucción.”



Extraído de Gareth Knight, The Secret Tradition in Arthurian Leyend (The Magical and Mystical Power Sources Within the Mysteries od Britain) (La tradición secreta en la leyenda artúrica – Las fuentes mágicas y místicas de poder dentro de los Misterios de Gran Bretaña). Part One. 2: The Titans and the Star Lore (Parte I, cap. 2: Los titanes y el saber de las estrellas). The Aquarian Press, Irthlingborough, Northamptonshire, U. K., 1983. Versión castellana de este fragmento: G. Aritto / 2015.

Imagen de arriba (inicio): Rembrandt, La caída de los Titanes






[1] “A great cosmic crucible”: en rigor, el punto exacto de fundición de un metal; por extensión, prueba o examen crucial. [Ésta y las restantes notas, de G. A.]

[2] El autor trata, en la sección aquí extirpada de esta versión, figuras y hechos de la materia mítica helénica: Gías, Koto, Briareo, gigantes de cien brazos surgidos del océano; los Cíclopes, Tifón; el dragón y la dragonesa Delfina, esta última, el ancestro de la ‘pitonisa’ de Delfos.

[3] “In spite of the shapeless and scrappy form of the narrative”: literalmente, “a pesar de la forma amorfa y mal estructurada de la narrativa”, en que “forma amorfa” resulta una suerte de oxímoron algo difícil de volcar fielmente a nuestro romance. Tal vez haya que entender que la “forma interior” del conjunto narrativo no halla expresión concreta en su manifestación verbal superficial.

[4]El botín de Annwn”.

[5] Fairy Fortress”, donde Fairy puede abarcar no sólo la entidad que conocemos y codificamos como hada sino todo el dominio de seres existentes en el reino dévico-elemental mejor definido por el celtismo galo feérico.