8 de agosto de 2015

EN UN CLARO DEL BOSQUE CELTA (IV) / DRUIDAS: La mística de la Verdad, el misterio de la Palabra creadora, la religión de la libertad








Escuelas druídicas                            


Fue Julio César quien habló de lo extenso del estudio involucrado en el volverse un Druida. En algunos casos los pupilos permanecerían unos veinte años, así  dice él, bajo la tutela de sus maestros. Presume él además que hubo importantes escuelas de enseñanza druídica en la Gran Bretaña. Pomponius Mela, escribiendo después de la proscripción romana de los druidas, habla de los druidas yendo al encuentro a fin de instruir a sus pupilos ‘en secreto lo mismo en una cueva que en un valle apartado’.[1] Sin duda, existe para exponer evidencia suficiente de que la casta druídica tuvo a su cargo la educación céltica. En lo que concierne a la Galia, Camille Jullian observa a partir de las evidencias que los druidas ‘congregaban a su alrededor a los varones jóvenes de las familias gálicas y les enseñaban todo cuanto ellos sabían o creían de lo relativo al mundo, el alma humana, y los dioses. Unos pocos de esos estudiantes se quedaban con sus maestros hasta que hubiesen alcanzado la edad de veinte años; sin embargo, está claro que aquellos que hubieran de volverse sacerdotes recibían la parte del león en atención’.

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Libros druídicos


‘Se dice’, escribió Julio César de los druidas, ‘que ellos encomendaron a la memoria una inmensa cantidad de poesía, y así algunos de ellos continúan sus estudios durante veinte años. Consideran impropio confiar sus estudios a la escritura, aunque usan el alfabeto griego para casi todo lo demás…’
Una interpretación superficial o una lectura errónea de esta ahora famosa cita, ha llevado a incluso los más serios investigadores a expresar a veces la idea de que los celtas pre-cristianos eran analfabetos. Es bien sabido que los textos irlandeses y galeses que sobrevivieron datan del período cristiano, cuando se considera que la proscripción religiosa a los druidas a destinar los conocimientos célticos a la escritura no importaba ya más. El irlandés se convirtió entonces en la tercera lengua escrita de Europa después del griego y el latín.
Cuando discutamos la filosofía de los druidas, en nuestra sección siguiente, estaremos tratando el concepto druídico de Verdad como poder supremo, el cual se encuentra como un pensamiento indoeuropeo básico. A esta altura, deberíamos simplemente hacer mención, como una razón para la prohibición druídica de escribir, que la enseñanza era que la Verdad era la Palabra y la Palabra era sagrada y divina y no debía ser profanada. Los celtas creían en el poder mágico de la Palabra.La Verdad es el fundamento del habla y todas las Palabras están fundadas en la Verdad’. Los druidas creían que ‘por la Verdad permanece la tierra’. Sin embargo, ¿en qué medida se aplicó esta prohibición religiosa de la que habla César?
Una lectura más minuciosa de César nos muestra claramente que a lo que se prohíbe dar forma literaria es sólo el conocimiento druídico (la ‘Palabra’), y que los celtas – en este particular aspecto, los celtas continentales – venían usando letras griegas. Deberíamos añadir que usaban también letras etruscas y latinas. La prueba de esto se recoge de las antiguas inscripciones célticas, particularmente las halladas en la Italia del norte (Galia Cisalpina) y en España. Han sido estudiadas en Lepontica, por el Dr. Michel Lejeune (Paris, 1971), inscripciones en cementerios que datan de entre los siglos cuarto y segundo A. C., tales como Briona, Todi y Saignon. Las inscripciones funerarias célticas, las señas de identidad del artesano en las piezas de cerámica y otras mercancías bastan para demostrar algún grado de conocimientos alfabéticos. Más aun, durante muchos años al Calendario de Coligny, datado en el primer siglo A. C., se lo consideró el más extenso documento en lengua celto-gálica…
Un punto que muchos asimismo olvidan es el hecho de que tras las conquistas romanas de los territorios célticos, muchos celtas comenzaron a escribir en la lengua del conquistador. Presumiblemente, estos celtas, salvo que hubiesen rechazado totalmente la religión céltica pagana, creyeron que la proscripción druídica en lo tocante a la práctica de la escritura no se hacía extensiva a la expresión literaria en otras lenguas. El paso del tiempo ha hecho que estos escritores fueran aceptados como autores latinos – del mismo modo que muchos escritores irlandeses, escoceses o galeses, debido a que escriben en inglés, son considerados escritores ingleses. En verdad, en el primer siglo A. C. surgió toda una ‘escuela literaria céltica’, principalmente identificada con escritores de la Galia Cisalpina. Celtas de Iberia, Provence (La Provincia) y más tarde de Galia propiamente dicha, se sumaron pronto a la literatura latina…
La cuestión más importante es si alguna práctica de escritura relativa a la historia céltica, la filosofía, el derecho y otras materias escaparon a la proscripción druídica.


Según el Dr. Joyce: ‘Los druidas galos prohibieron a sus discípulos poner por escrito parte alguna de su saber, estimando esto como una práctica non santa. No existe mención de ninguna prohibición tal entre los druidas irlandeses’.
Lo cierto es que en las sagas irlandesas los druidas leen y escriben en un alfabeto irlandés distintivo: Ogham. En la mitología irlandesa la invención del alfabeto se atribuye a Ogma, no sólo dios de la elocuencia y la enseñanza sino, significativamente, de los druidas. De todos modos, el grueso de inscripciones en Ogham que sobreviven data del período cristiano, esto es, los siglos quinto y sexto de nuestra Era. Hay 369 inscripciones, la mayoría en Irlanda, pero muchos en Gales y Escocia, con unos pocos en Cornwall y la Isla de Man y algunos en lo que hoy es Inglaterra. La inscripción en Ogham más hacia el este fue registrada en la zona de Silchester, la cual fue la capital tribal de los atrebates célticos. La distribución de estas inscripciones, a partir de una concentración en Munster (sugestivamente el área del origen más remoto en la tradición irlandesa) en dirección al este está en concurrencia con el movimiento de los maestros misiones cristianos irlandeses. Cuando, en 1390, Maghnus Ó Duibhgánnáin compiló el Libro de Ballymote (Book of Ballymote), que incluía una copia del Leabhar na gCeart (Books of Rights = libro de los derechos), incluyó un tratado sobre el Ogham con una clave alfabética. El alfabeto en sí mismo consiste de cortas líneas dibujadas encima, o cruzando, una línea de base. Se ha defendido el Ogham como el alfabeto druídico en la fantasía popular, y más frecuentemente ‘El Alfabeto de los Árboles’, ya que cada letra irlandesa toma su nombre de un árbol; por caso, A: ailim  (olmo); B: beithe (abedul); C: coll (avellano), y así el resto.
Dado que todos los restos corresponden al período cristiano, se ha sostenido que el Ogham no estuvo operativo hasta aquel entonces y que se basó en el alfabeto latino. Otros, como el Dr. Barry Fell, de Harvard, ve inscripciones en Ogham por todas partes – tanto en España como en América, ¡y fecha tales ‘inscripciones’ ca. 500 A. C.! Podemos, no obstante, estar seguros de que el Ogham no pervive desde antes del siglo quinto de nuestra Era. Sin embargo, es pertinente preguntarse si pudo haber existido antes de esa fecha.
La mención del uso del Ogham ocurre frecuentemente en los antiguos mitos irlandeses…[2]

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… Las inscripciones en Ogham que sobreviven sólo lo hacen porque fueron grabadas en piedra. Es obvio que las varas de madera, de haber existido, hubieran sido fácilmente quemadas o que, si sobrevivieron a los fanáticos cristianos, se habrían deshecho al pudrirse con el paso de los años. Y un aspecto interesante es que las inscripciones en Ogham que efectivamente sobrevivieron resultan ser una forma arcaica de ‘irlandés literario’; arcaicas incluso en el momento en que fueron hechas… Así como la lengua del pueblo cambió, los textos antiguos, no. Éstos fueron, se presume, transmitidos en una tradición estrictamente oral desde tiempos remotos hasta el punto en que se los encomendó a la escritura. Como Myles Dillon y Nora Chadwick han observado por igual:

Irlanda poseyó una riqueza en tradición oral preservada cuidadosamente desde el más temprano período de nuestra era mayor que cualquier otro pueblo en la Europa al norte de los Alpes. Por esta razón, la fundamentación de su historia primitiva a partir de materiales tradicionales es de interés general mucho más allá de su área geográfica y política, y segunda sólo respecto de la del antiguo mundo griego y romano.

Nos ha llegado de Irlanda literatura y enseñanza tremendas. Pero, aun así, podemos igual lamentar la aparente destrucción de los libros druídicos por los fanáticos misiones cristianos, que fue claramente un crimen contra el conocimiento.



Los druidas como Filósofos


La palabra ‘sacerdote’ no fue nunca aplicada a druidas por ningún escritor clásico, pero muchos griegos y romanos usaron el término ‘filósofo’ para describirlos. Dio Chrysostom, de hecho, hace una distinción clara entre un ‘druida’ y un ‘sacerdote’.
¿Qué era la filosofía de los druidas? ¿Podremos salvar alguno de sus principios básicos? Nora Chadwick ha observado, en su estudio The Druids (los druidas), que: ‘El aspecto excepcional de la enseñanza druídica puede resumirse como filosofía natural y ciencia natural – la naturaleza del universo físico y su relación con el género humano’. Diodorus Siculus sostiene: ‘El druida unía al estudio de la naturaleza la de la filosofía moral, vindicando que el alma humana es indestructible, y asimismo el universo, pero que en algún momento impredecible, el fuego y el agua prevalecerán’.
Mucho se ha discutido acerca de la filosofía moral druídica. Si uno hubiera de intentar extraer esa filosofía de las fuentes, no puede sino señalar el comentario sumario de Diogenes Laertius de que la principal máxima de los druidas era que el pueblo debería ‘rendir culto a los dioses, no ejercer el mal y ejercitar el coraje’. Para sintetizar, a partir de fuentes diversas, los druidas enseñaron que se debería vivir en armonía con la naturaleza, aceptando que el dolor y la muerte no son males sino parte del plan divino y que el único mal es la debilidad moral. De los textos en Irlandés Antiguo se colige que a los druidas les preocupó, por encima de todas las cosas, la Verdad y predicaron ‘An Fhírinne in aghaidh an tSaoil’ (The Truth against the World = la Verdad contra el mundo). El profesor Myles Dillon arguye que ‘esta noción de la Verdad como el principio más elevado y fortaleciente poder de creación dominan la literatura [irlandesa]’.

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Varios conceptos lingüísticos [sic] de esta idea de Verdad perviven. Un punto fascinante es que la palabra en Irlandés Antiguo para verdad es también la base de los conceptos lingüísticos de santidad, rectitud, lealtad, de religión y, por encima de todo, de justicia. Incluso en irlandés moderno puede decirse: ‘Tá sé/sí in dit na fhírinne anois’ para expresar que un hombre / una mujer está muerto/a. Esto quiere decir literalmente ‘él/ella está en el lugar de la Verdad ahora’. Esto es claramente una enseñanza de los druidas ya que encontramos un paralelo en el sistema parsi persa-iranio. El Avesta es el libro sagrado de los parsis que data de los siglos tercero o cuarto de nuestra Era, y resulta de la colección de antiguos escritos y tradiciones del maestro religioso y profeta de la antigua Persia, Zoroastro, más conocido popularmente como Zarathustra (ca. 628 – ca. 551 A. C.). En el Avesta, Asa, o Verdad, es el nombre del Ultramundo o el Paraíso al cual todos tenemos esperanza de acceder. En los Vedas hindúes encontramos que la Verdad (rta) es una tierra en el más alto estado del paraíso y la fuente del sagrado Ganges…
… El Acto de Verdad, satyakriya, ocurre frecuentemente en la literatura hindú. La misma noción de Verdad se puede hallar en algunas de las enseñanzas que sobreviven de Heráclito de Efeso (ca. 540 – 480 A. C.), en las cuales postula un principio de lo que devino en la escuela estoica de filosofía, de que la naturaleza o el universo estaban controlados por el logos, la Palabra o razón, que era la Verdad y sinónimo de naturaleza divina. Sea lo que fuere lo que ocurriese estaba de acuerdo con esta Verdad y el fin de hombres y mujeres era vivir en armonía con ella. El concepto fue mantenido por estoicos y estoico-platónicos, tales como Philo Judaeus (ca. 30 A. C. – 45 D. C.), un judío alejandrino helenizado, cuya obra ejerció influencia sobre los cristianos primitivos. El Evangelio de San Juan se redactó alrededor del año 100 D. C., y, a diferencia de los Evangelios Sinópticos[3], se trata de una composición unificada por un solo autor. Este autor muestra claramente que fue influido por Philo u otros estoicos de raíces platónicas con su sentencia ya bien al comienzo de todo: ‘En el principio era la Palabra (logos), y la Palabra (logos) era con Dios, y la Palabra (logos) era Dios’.
Agustín de Hipona, en Confesiones, admite que él encontró precisamente este concepto en los libros de los platónicos.
Así retornamos a la idea indoeuropea básica de Verdad en su entidad de Palabra y sinónimo de divinidad. Para los druidas y Brahmines, el principio dador-de-vida y poder fortalecedor fue la Palabra o Verdad, la causa última de todo ser. Los Vedas dicen que ‘por medio de la Verdad permanece la tierra’… Así, encontramos en muchos mitos celtas la idea de alguna retribución para la persona por no hablar la verdad. Usualmente, la mancilla habría de hacerse presente. La idea impregna muchas culturas indoeuropeas; el famoso vestigio moderno de la antigua idea que hallamos en el relato para niños Le aventure di Pinocchio (las aventuras de Pinocho) (1883), escrito por el italiano ‘Collodi’, Carlo Lorenzini (1826-1890). En este cuento la nariz de Pinocho crece cada vez que Pinocho dice una mentira.
Una demostración más de la importancia de la Palabra se ve en el concepto de que el nombrar las cosas les confiere el ser. Se nos relata que Ra, el gran dios solar y primera deidad egipcia en aparecer a partir del caos inicial, se creó a sí mismo pronunciando su propio nombre. Hasta que algo no es nombrado se mantiene oculto al conocimiento [unknown] sin lugar ni propósito… Por eso, la Palabra en sí misma es poder divino. En Irlandés Antiguo, así como en Irlandés Moderno, encontramos que ainm no era sólo la palabra para ‘nombre’ sino para ‘alma’ (como opuesta a ‘cuerpo’) y ‘vida’. La confrontación se da en galés con las palabras enwi, enaid y einioes que evolucionaron desde la palabra común. Para los antiguos celtas, junto con otras sociedades indoeuropeas, el mundo fue creado por la Palabra, desde el proceso del desarrollo del lenguaje.
Ya hemos observado que hubo entre los celtas en evolución una doctrina de la inmortalidad del alma y que fueron uno de los primeros pueblos europeos en poseerla. Ammianus Marcellinus observa: ‘Con gran desprecio por el destino mortal, profesaban ellos la inmortalidad del alma’.  Y Lucano, en su poema Pharsalia, se refiere a los druidas de este modo: ‘Son ustedes los que dicen que las sombras de los muertos no van en busca de la silente tierra del Erebo y las pálidas salas de Plutón; en cambio, nos dicen que el mismo espíritu posee un cuerpo nuevamente en alguna otra parte, y que la muerte, de ser verdad lo que ustedes cantan[4], no es sino el punto medio de una larga vida’.
La Escuela de Alejandría se dividió en relación con el hecho de si los celtas habían desarrollado su doctrina por sí mismos o bien habían tomado el concepto  de los griegos, de modo notorio de Pitágoras.





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Pitágoras, en el siglo sexto A. C., enseñó una doctrina de la reencarnación o transmigración del alma. Él defendió el haber sido el troyano Euphorbos, muerto en Troya, en una reencarnación anterior.
Según Diodorus Siculus, fue Polyhistor quien primero hizo mención de que ‘la doctrina pitagórica prevaleció entre los galos’, doctrina en la cual se enseñaba la inmortalidad del alma. Timagenes parece también haber enseñado la misma idea y Ammianus Marcellinus, usando a Timagenes como su autoridad, dice: ‘Los druidas, hombres de elevado intelecto, y unidos a la fraternidad íntima de los seguidores de Pitágoras, fueron se consagraron a la exploración de materias secretas y sublimes, y con una consciencia desapegada de los asuntos humanos, declararon ser las almas inmortales’.
Estrabón dice: ‘Los druidas y otros aunaron el estudio de la naturaleza al de la filosofía moral, afirmando que el alma humana es indestructible, y así también el universo, pero que en algún momento impredecible, el fuego y el agua prevalecerán’. La observación del cínico soldado de César de que esta doctrina explicaba la bravura de los celtas en la batalla es también un eco de Lucano.
Hippolytus (ca. 170 – 236 D. C.), un importante autor cristiano que escribió en griego pero de cuya obra sólo quedan fragmentos, sostuvo que los druidas habían adoptado las enseñanzas de Pitágoras gracias a la intermediación de Zalmoxis de Tracia, que había sido su esclavo. De acuerdo con Herodoto (ca. 490 – ca. 425 A. C.), un griego de Halicarnassus, a quien a veces se refiere como ‘el padre de la historia’, Zalmoxis fue el esclavo del filósofo mientras Pitágoras vivió en Samos. Hippollytus dice que Zalmoxis finalmente retornó a Tracia con riquezas y prestigio, y prometió a su pueblo la inmortalidad a través de esta nueva enseñanza y terminaron considerándolo su dios.

Entre los celtas, los druidas, habiendo examinado en profundidad la filosofía de Pitágoras, Zalmoxis, un tracio por su raza, el esclavo de Pitágoras, convertido para ellos en el fundador de esta disciplina, él después de la muerte de Pitágoras, habiéndose ganado un lugar ahí, se convirtió en el fundador de esta filosofía para ellos. Los celtas honraban a los druidas como profetas y vaticinadores porque anticipaban hechos [matters] por las cifras y números de acuerdo con la técnica pitagórica… Los druidas, con todo, practicaban además las artes mágicas. [Sin cita del fragmento]

Existe un problema aquí. Hippolytus obviamente sabía que Tracia había sido ocupada por los celtas. Cambaules y un ejército celta se habían mudado al interior de Tracia en 298 A. C. Los celtas establecieron el país durante un tiempo. El último rey tracio en llevar un nombre distintivo celta gobernó en 193 A. C. Sin embargo, Pitágoras vivió en el siglo sexto A. C., mucho antes de que los celtas hubiesen llegado a Tracia. Entonces, ¿en qué medida podemos dar crédito a la tradición de Zalmoxis? ¿Fue él un celta o fue un tracio?...

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El enlace pitagórico con los druidas han sido tratado románticamente so pretexto de que un druida llamado Abaris viajó a Atenas y trabó conversación con Pitágoras.

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Hiperbórea


Ahora bien, a Abaris se lo describe como un hiperbóreo. Un hiperbóreo, ‘morador más allá del viento norte’, era un miembro de un pueblo fabuloso del que los griegos creían existía en el inaccesible norte. Rendían ellos culto a Apolo, de quien se creía moraba una parte del año con ellos. Aquellos que eran particularmente favorecido por los dioses podrían volverse inmortales y vivir con los hiperbóreos. Las fuentes originales no hacen de Abaris un celta o, más precisamente, un druida. Fue John Word en 1747 quien sostuvo que ‘los britanos y los hiperbóreos eran uno y el mismo pueblo…’ Su fuente autorizada era, aparentemente, Hecateo de Mileto, quien identificó a los hiperbóreos como habitantes de las Islas Británicas.

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La base de la idea céltica de inmortalidad del alma era la de que la muerte no era sino un cambio de lugar y que la vida continuaba con sus formas y bienes en otro mundo, un mundo de los muertos, el fabuloso Ultramundo [Otherworld]. Cuando la gente moría en aquel mundo, sin embargo, sus almas renacían en éste. Así, tenía lugar un constante intercambio de almas entre los dos mundos; la muerte en este mundo llevaba un alma al Ultramundo, la muerte en ese mundo traía un alma a éste. Philostratus de Tyana (ca. 170 - 249 D. C.) observó con corrección que los celtas celebraban el nacimiento con luto en razón de la muerte en el Ultramundo, y consideraban la muerte con júbilo en razón del nacimiento en el Ultramundo. Un escritor clásico observó que tan firme era su creencia en el renacer en el Ultramundo que algunos celtas se mostraban sumamente dichosos al aceptar pagarés por deudas a ser pagadas como reintegro en el Ultramundo. La fuente es Valerius Maximus, del siglo primero D. C., que dice de los celtas que ‘se prestaban sumas de dinero unos a otros que eran reintegrables en el próximo mundo, tan firmemente están ellos convencidos de que las almas de los hombres son inmortales’.

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El tema de la muerte y el renacer es un hilo constante a través de todas las sagas y todos los cuentos mitológicos celtas. El tema de la resurrección del guerrero puede hallarse tanto en la Segunda Rama de El Mabinogion como en el relato de la batalla entre los Tuatha Dé Danaan y los Fomorii en que los cuerpos arrojados dentro de calderos mágicos retornan a la vida…
Una noche del año el Ultramundo se volvía visible al género humano. Era ésta la fiesta de Samhain (31 de octubre / 1 de noviembre), cuando las puertas al Ultramundo eran abiertas y los habitantes podían disponer el cumplir venganza sobre aquellos que vivían en este mundo que habían sido injustos con ellos. La creencia antigua sobrevive en el seno del cristianismo en una forma transmutada como Hallowe’en, el anochecer de All Hallows [itálicas mías], con el All Hallows u All Saints’ Day (Día de Todos los Santos) fijado el 1 de noviembre. La idea moderna es que ésta es la noche cuando las brujas y los demonios y espíritus provenientes del Infierno se disponen a atrapar almas incautas.
Las descripciones del Ultramundo entre los celtas abarcan un rango que va desde el oscuro purgatorio amenazador de las islas Fomorii, hasta las agradables landas soleadas de la Tierra de la Juventud o Tierra de Promisión.

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Creo que no podemos abandonar una discusión sobre la filosofía de los druidas sin referirnos al hecho de que los celtas produjeron algunos de los más fascinantes filósofos cristianos primitivos. Estos filósofos abarcan desde el celto-galo Hilary de Poitiers (ca. 315 – ca. 367 D. C.), considerado uno de los más extraordinarios teólogos de la Iglesia Cristiana primitiva, que escribió, entre otros discursos, De Trinitate (sobre la Trinidad), hasta Eriugena (ca. 810 – ca. 880 D. C.), en ocasiones llamado Johannes Scotus, John the Irishman, a quien se considera el más importante filósofo del mundo occidental entre Agustín de Hipona y Tomás Aquinas.
Pero entre esos dos destacados filósofos celtas hace su aparición otro que, significativamente, fue acusado por sus enemigos de intentar reavivar la ‘Filosofía Natural de los druidas’.



El filósofo en cuestión era Pelagius (ca. 354 – 420 D. C.). Fue él un celta que recibió usualmente el apelativo de ‘Brito’, lo que daría a entender que era británico, aunque un escritor contemporáneo comenta despreciativamente que ‘estaba lleno de porridge irlandés[5]’, lo que llevó a algunos investigadores a considerar que era un irlandés. Así lo creyó Heinrich Zimmer en su estudio Pelagius in Ireland (Pelagius en Irlanda) (Berlin, 1901). Se considera que el nombre es una forma helenizada del nombre celta ‘Morgan’, significando concebido-por-el-mar [sea-begotten]. Un contemporáneo suyo, un hombre que lo conoció personalmente, Eusebius Hieronymus (San Jerónimo), lo describió como un hombre pensativo, grave e imperturbable. Pelagius no parece haber sido ordenado sacerdote pero era veluti monarchus, alguien que seguía la disciplina del monasterio. Fue él inicialmente respetado por la sabiduría de sus declaraciones.
Pelagius fue a Roma alrededor del año 380 de nuestra Era. Se sintió dolido por la laxitud de los estándares morales con que se encontró entre los cristianos de ahí y culpó por ello directamente a la doctrina expuesta por los escritos de Agustín de Hipona, que sostenían que todo estaba preordenado y que el Hombre estaba manchado y cagado de pecado porque asumió el pecado original de Adán. Además, Dios había ordenado esto, de ahí que el Hombre no tenía libre voluntad en la materia. Pelagius creía que ambos, el hombre y la mujer, podían tomar el escalón inicial y fundamental hacia su salvación, haciendo uso de sus propios esfuerzos y no aceptando las cosas como preordenadas. Pelagius creyó que las teorías de Agustín ponían en peligro la entera ley moral. Si los hombres y las mujeres no eran responsables de sus actos buenos y malos, no existía nada por lo cual contenerlos de darse el gusto de pecar en virtud de que ello estaba preordenada de todos modos. En el escrito de Pelagius más antiguo conocido, de alrededor de 405 D. C., una filosofía queda clara: ‘Si yo debería, yo puedo’.

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Resulta aquí interesante que mientras los antiguos celtas de cierto tenían una palabra para ‘culpabilidad’ o ‘responsabilidad’, no parecieron tener un concepto claro de la idea cristiana de pecado. Tanto en Irlandés como en Galés Antiguos la palabra para pecado, pecad (irlandés), y pechod (galés), es un préstamo del latín peccatum, y se la usa siempre en su sentido cristiano como opuesta al Irlandés Antiguo cin o lochtach significando ‘culpa’ o ‘culpabilidad’, o el galés euogrwydd. El concepto nuevo de la idea cristiana de pecado parece muy ajeno al mundo celta y, creo yo, es subrayado por los argumentos pelagianos. En la Iglesia Celta, la confesión de pecado no era obligatoria y cualquiera que confesase que era necesaria se hacía un elegido ‘amigo de(l) alma’ (‘soul friend’). Según el Padre Joseph MacVeigh, en Renewing the Irish Church (renovando la Iglesia irlandesa) (1993): ‘El amigo-de(l)-alma (anam chara) que actuaba como un guía y consejero espiritual – no un confesor – para los monjes y conversos jóvenes era parte de la práctica druídica’. Luego el pecado y la necesidad de confesarlo era algo nuevo para las percepciones celtas.
La idea del ‘amigo-de(l)-alma’ o ’amigo álmico[6]’, o guía espiritual, fue un concepto usado en la sociedad céltica pre-cristiana, y el rol fue usualmente ejercido por un druida. Tal vez resulte, además, significativo que en la sociedad cristiana celta primitiva el lugar de ‘amigo álmico’  fuera ocupado por mujeres. Hay muchos ejemplos; Ita de Cluan Credill fue el amigo álmico de Brendan. Columbanus tenía una mujer como amigo álmico. Sin embargo, posteriormente en su vida, dado que pasó más tiempo en Francia e Italia y fue influenciado por percepciones romanas, ordenó que los varones sólo podían tener confidencia con amigos-de(l)-alma varones.
Leslie Hardinge ha señalado las íntimas similitudes entre Druida y ‘santos’ celto-cristianos primitivos:

En su posición social y su influencia política los poderosos santos fueron, en ocasiones, aparentemente los sucesores de los druidas. Druidismo y cristianismo fueron, superficialmente considerados, similares. Ambos tenían estaciones en las cuales las fogatas eran extinguidas según un ceremonial, y eran luego reencendidas a partir de una llama simbólica. Ambos bautizaban a los bebés, momento en el cual se otorgaba el nombre del niño. Ambos defendían operar curas mágicas, predecir acontecimientos, y transferir enfermedades de los seres humanos a plantas u otros objetos. Ambos fueron maestros de jóvenes y consejeros de reyes. Al igual que el druida, el amigo-de(l)-alma cristiano podía desterrar a un pecador. Ambos maldecían a sus enemigos, y, como [San] Senan cierta vez exclamó, ‘Más fuerte es la maldición que he traído conmigo, y mejor es mi saber’.

No poseemos registro de la defensa de Coelestius al escuchar sentencia ante Auretius de Cartago. Fue juzgado culpable de siete cargos presentados en su contra.
Colestius fue condenado y excomulgado por adherir con sus creencias a las ideas planteadas por Pelagius. Con este triunfo, Agustín y sus adeptos comenzaron su ataque al propio Pelagius…

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… El 30 de abril, año 418 D. C., en Ravenna, el emperador Honorius (395 – 423 D. C.) fue persuadido de tomar la iniciativa sobre la cuestión teológica gestionando una proscripción política contra Pelagius, confiscándole todos sus bienes. Zosimus, como obispo de Roma, no tuvo mucho para elegir sino seguir la ‘pista’ dada por el emperador. A regañadientes, también denunció ahora a Pelagius.
La Iglesia Occidental no hizo una denuncia de Pelagius hasta el sínodo de Efeso en el año 431 de nuestra Era. Se consideró, hasta el fin de sus días, que la Iglesia Celta estaba acribillada por la ‘herejía pelasgiana’. Por cierto, el segundo Consulado de Orange en 592 D. C. hizo una reafirmación de la condena del pelagianismo como movimiento, lo que implicaba que tenía todavía una fuerte adhesión entre los celtas.
Hacia 420 D. C. no se oyó más del propio Pelagius, aun cuando su amigo Coelestius emergió en 428 D. C. en Constantinopla en busca de ayuda del obispo Nestorius. Sobre qué le ocurrió a este prominente filósofo nada se sabe.
Ahora bien, si Pelagius verdaderamente reproducía la filosofía de los druidas, y esto no es improbable, ya que fue indudablemente un hombre de su cultura y estaba enseñando los conceptos sociales de ésta dentro del marco de una nueva religión, y éste fue el aspecto que llevó a Agustín y sus seguidores a denunciarlos como un intento de reavivar la ‘Filosofía Natural de los druidas’, debemos preguntarnos, ¿cuál era esta filosofía?
La esencia del pelagianismo era que los hombres y las mujeres eran responsables de sus actos y que aunque existían diversos factores externos dominantes, la elección final era suya. No hay, y no puede haber, pecado donde la voluntad no es absolutamente libre; donde uno no es capaz de elegir entre el bien y el mal. (Si necessitatis est, peccatum non est; si voluntatis, vitari potest.)[7]
Pelagius enseñó que nacemos sin-carácter (non pleni) y libres de tendencias hacia el bien o el mal. Para distinguir el bien del mal, uno tiene que ser instruido (ut sine virtute, ita et sine vitio = [al igual que sin virtud, así también sin vicio]). Él arguyó que, a diferencia de la enseñanza de Agustín, no somos ya dañados por el pecado de Adán, salvo en la medida en que nos brinda un ejemplo de nuestros ancestros del mal que puede influir sobre nosotros o engañarnos (non propagine sed ejemplo = [no por la propagación sino por el ejemplo]). El poder de elección, que reafirma el libre albedrío, significa que en cada elección en la vida, en cada momento de la vida, no importa qué le haya ocurrido previamente al individuo, él o ella es capaz de elegir entre el bien y el mal.

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Podría argumentarse que para negar ‘influencia divina’ en este asunto Pelagius estaba sugiriendo que la doctrina cristiana de la ‘Gracia’ era suplantada por la de la ‘Naturaleza’, aun cuando no parece haber llevado esta racionalización hasta la instancia de la conclusión lógica, lo que habría sido una negación de la ‘redención’, tan central en el credo cristiano. El cristianismo occidental estaba enfatizando, en estos tiempos, el carácter sobrenatural del cristianismo como agente en el mundo subjetivo, desarrollando una doctrina de ‘pecado’ y ‘Gracia’. Pelagius, y en verdad la Iglesia Celta, que tenían más en común con la Iglesia Ortodoxa oriental y los primitivos cristianos griegos como John Chrysostom y Origen, mantenía con celo el libre albedrío humano, odiaba hacer del ‘pecado’ un poder de la Naturaleza [Natural power], y estaba desarrollando la doctrina de la Trinidad, la encarnación y el carácter sobrenatural del cristianismo en un mundo objetivo.

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En Pelagius, el ‘Britano siciliano’[8], Fastidius y otros escritores ‘pelagianos’, podría descubrirse un cierto eco… de las filosofías de los druidas. Sin embargo, el observador podría ahora objetar que seguramente existe una contradicción en sus aproximaciones filosóficas aquí. Sabemos que los celtas gozaron de renombre por sus augurios; su adivinación mediante el vuelo de los pájaros y otros medios; sus vaticinios del futuro. La mitología y el folclore célticos están llenos de druidas que declaran el destino fatal de los individuos, y el intento de aquellos individuos de escapar de aquel destino fatal es usualmente la senda misma por la que finalmente lo encuentran. Esto parece contradictorio a la idea básica consagrada en la filosofía expuesta por Pelagius…

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Este asunto no es tan blanco o negro. Hay dos argumentos. El argumento más razonable, y el más simple, es que al tratar sobre una civilización paneuropea por un milenio y medio, podrían emerger y emergerían diversos hilos conductores del panorama filosófico. Probablemente es más apropiado hablar de filosofías druídicas que de filosofía druídica; aquellos que aceptaron la Fatalidad o Predestinación y aquellos que no. De todos modos, nada está jamás agotado; por ejemplo, astrólogos de la mayor seriedad sostendrán que la astrología no tiene que ser un argumento para la predestinación, sino simplemente que un conocimientos de influencias astrológicas en momentos diversos proporciona a la gente una posibilidad de elección. Y la elección es aquello con lo que la aproximación pelagiana está más compenetrada.”
  
 

Zodíaco céltico



Extraído de Peter Berresford Ellis, The Druids (los druidas), W. B. Eerdmans Publishing Company, Grand Rapids, Michigan, U. S. A., 1995. El fragmento corresponde a Chapter 8: The Wisdom of the Druids (Cap. 8: la sabiduría de los druídas), págs. 157 – 189. Versión castellana de este extracto, notas y comentarios – para su exclusiva publicación en este blog digital -: G. Aritto / 2015.


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* Dada la peculiar despreocupación de Peter B. Ellis por ofrecer a sus lectores citas bibliográficas precisas y puntuales al invocar textos de su apabullante enciclopedia personal - la misma despreocupación en que reincide en otros libros suyos como The Celts (los celtas), publicado originariamente bajo el título The Ancient World of the Celts (el antiguo mundo de los celtas), London - 1998 -,  listo abajo las obras por él mismo recomendadas, en este fascinante volumen, de los autores que convoca en los fragmentos precedentes:

-         Julio César, De Bello Gallico (difundido como Comentario a la Guerra de las Galias) ;
-         Pomponius Mela de Tingentera – próximo a Gibraltar - (ca. 43 D.C.), De Chorographia (sobre la cronografía);
-         Camille Jullian, Recherches sur la religion gaulois (investigaciones sobre la religión gala), Bordeaux – 1908; e Histoire de la Gaule (historia de la Galia), Paris – 1908;
-         P. W. Joyce, A Social History of Ancient Ireland (historia social de la Irlanda antigua), London – 1903;
-         M. Dillon, ed. Early Irish Society (sciedad irlandesa primitiva), Cork – 1963;
-         ------------, Celt and Hindu (celta e hindú), Dublín – 1973;
-         ------------, Celts and Aryans (celtas y arios), Simla, India -1975;
-         M. Dillon y N. Chadwick, The Celtic Realms (los reinos celtas), London – 1967;
-         L. Hardinge, The Celtic Church in Britain (la Iglesia céltica en Gran Bretaña), London – 1972.

    Del Dr. Barry Fell no existe acuse bibliográfico. Tampoco hay referencia alguna a la edición manejada por Ellis de los escritos de Pelagius.







[1] El llamado “ciclo de Saros” de nuestra Luna se cierra cada casi dieciocho años y once días, según el cálculo de los antiguos astrólogos caldeos. Se trata del itinerario celeste que realiza el satélite hasta la reincidencia de eclipses lunar / solares reconocibles. Hay quienes sugieren que el período que abarcaba aquella “paideia” céltica, el retiro formativo holístico de los jóvenes bajo la guía integral de un druida, coincidía, por alguna razón de índole cósmica, con el mencionado “ciclo de eclipses” asumido por el satétile (¿natural?) del planeta.

[2] Ellis enumera y se explaya a continuación sobre varios textos irlandeses antiguos; entre otros: Immrain Brain (Voyage of Bran = viaje de Bran); Táin Bó Cuailnge (el robo del toro de Cuailnge); Leabhar na Nuachonghbala (The Book of Leinster = el Libro de Leinster); Leabhar Buidhe Lecain (Yellow Book of Lecan = Libro Amarillo de Lecan); Cosmographia Aethici Istrii (Cosmography of the World = cosmografía del mundo), de Aethicus of Istria; Audacht Morían (Morann’s Will = testamento de Morann).

[3] Se conoce bajo la denominación conjunta de “Evangelios Sinópticos” a los otros tres recogidos por la tradición ortodoxa en el Nuevo Testamento, es decir, los de Mateo, Marcos y Lucas. Como bien se sabe, el libro escrito por el anciano discípulo Juan mantuvo desde su origen un lugar diferenciado como fuente del Conocimiento secreto y expresión de simbolismo hermético que nutrió, hasta el exterminio definitivo de los cátaros (comienzos del siglo XIII), la doctrina marginal y heterodoxa de las sectas gnósticas surgidas del seno del cristianismo primitivo y contestatario del orden eclesiástico instaurado por Roma. Es extraño que Ellis no selle más directamente el movimiento filosófico que está describiendo como sustrato místico de los escritos de Juan con el nombre que recibe en cualquier historia de la filosofía occidental: neoplatonismo. Fueron justamente los metafísicos de la Patrística cristiana quienes mejor leyeron a Plotino en los confines antiguos de la Alta Edad Media (el numen evocado por Ellis a continuación, San Agustín - Obispo de Hipona, es el ejemplar por antonomasia).

[4] “… if  what you sing es true...”, en la versión inglesa de Ellis: ¿no resulta llamativa, y asaz fascinante, la alusión de Lucano al canto de los druidas?...

[5] “Porridge” da nombre a una suave preparación comestible hecha a base de avena hervida en agua o leche; el cazo típico en que ser sirve y toma se conoce, consecuentemente, como “porringer”.

[6] “álmico”, si se me permite este amigable neologismo, tan en boga en los actuales tiempos de espiritualidad “acuariana”.

[7] Glosando el pasaje: si la elección nace de la necesidad, entonces no hay pecado; si, en cambio, surge de la libre voluntad, puede evitárselo.

[8] “Sicilian Briton’ es el apodo que recibió un anónimo escritor celto-británico que, según todos los indicios, produjo sus escritos en Sicilia. Ellis habla de este ‘pelagiano’ fantasmagórico y cita pasajes suyos en párrafos precedentes.




Peter Berresford Ellis


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