[Cuenta una de las muchas leyendas en torno a la vida de J. S. Bach que el mayor músico de la historia hizo un largo viaje (en carreta o a pie) para conocer personalmente al maestro DIETRICH BUXTEHUDE, a quien mucho admiraba y cuya música aprovechó sin reparos. Sin embargo, pareciera que alguna "deuda kármica" condenaba al gran Kapellmeister a resignarse, una y otra y otra vez, al desprecio de sus contemporáneos, expresado a través de la indiferencia, el desplante, la exclusión o la calumnia... Su egregio ancestro artístico no pudo tolerar la libertad y la imaginación arrolladoramente revolucionarias del joven "organista" (único tratamiento oficial que le concedió su patria)... Pero él no cejó en exaltar su obra extraodinariamente rica y compleja, transformando cuanto material le sirviera de fuente teórica e inspiración compositiva... No hace falta recordar al otro por quien Bach caminó muchos kilómetros y nunca encontró: el de los entusiastas "fuegos de artificio", que tuvo el coraje de evitarlo acaso por temor a que su ataviada mediocridad y su viciosa inclinación al plagio quedaran al descubierto... Por supuesto, estoy mentando al todavía hoy (para mí, al menos) sobrevaluado G. F. Händel, cobarde mendicante de alcobas nobles y fotocopias traídas a escondidas de Italia... Nada más motivador, nada que nos vuelva más invulnerables e indómitos como vivir con el mundo podrido y estúpido sordo, ciego y de espaldas a nuestra aventura de crear con la naturalidad de un niño... - G. A.]
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