26 de marzo de 2013

LA PASCUA DE RESURRECCIÓN Y LA LUNA LLENA DE ARIES (27 / 03 / 2013)









El Festival de Pascua. Es el Festival del Cristo viviente resucitado, el Instructor de los hombres y el Guía de la Jerarquía espiritual. Es la expresión del Amor de Dios. En ese día será reconocida la Jerarquía espiritual que Él guía y dirige, y se pondrá el énfasis sobre la naturaleza del Amor de Dios. Este festival será fijado anualmente de acuerdo a la primera Luna llena de Aries, y constituye el gran Festival cristiano de Occidente.”

Alice Bailey, La Reaparición de Cristo





Aries:
primera Luna Llena Mayor


Por
Isabella di Carlo



Aries y el fuego

Desde el punto de vista energético el año no comienza el 1 de Enero sino con el comienzo de Aries. Él es el primero de los 12 signos y es también el primero de los Tres Festivales Mayores, esta cualidad, la de ser el primero, es decir la de poseer la fuerza del inicio, el dinamismo, el ímpetu más potentes, es una de las que mejor le definen. La otra es ser un signo de fuego. Dice la antigua enseñanza ( Sabiduría Eterna - Alice Bailey; Mme Blavatsky) que la Creación es en sí misma obra el fuego. Hay devas creando formas, trabajan a nivel cósmico, solar y planetario, el elemento con el que trabajan es el fuego. El fuego es la esencia de toda la existencia. Es el constructor, el preservador y el destructor. El fuego es el que lo purifica y lo consume todo. El Fuego es Dios. Dios es fuego.
El fuego es irradiador y emanador, vivificador y estimulante. El fuego transmite y transmuta. El Veda contienen miles de versos en honor al fuego, estudiarlo, contemplarlo, son de por sí tareas que elevan. Al fuego en sanscrito se le denomina Agni, Aries es un mes excepcional para reflexionar en Agni, abrirse a su poder, resucitar con él y en él.
Podemos contemplar una vela cada día, o emplear un recipiente grande con alcohol y encender una hoguera sencilla, o si tenemos los medios y conocemos los mantrams, encender la hoguera con el sistema tradicional con 21 maderas que construyen 7 triángulos superpuestos como una torre, representando los 7 planos.  
Podemos simplemente conocer las energías activas durante el mes y visualizar en la meditación matinal nuestra naturaleza como un cáliz y el fuego descender a nuestra mente como propósito, como inspiración, como voluntad; a nuestro campo emocional como alegría, pasión, pureza y como amor. Podemos invocar a Dios, al alma, y saber que el fuego es vida. Podemos recibirlo en cuerpo físico como salud, vitalidad, flexibilidad.
En el Antiguo Testamento dice, "Nuestro Dios es un fuego abrasador". En Aries, con las energías de la resurrección activas, podemos preguntarnos si nos hemos abierto al fuego, si hemos dicho que si a la vida, si nos atrevemos a amar, si nos atrevemos a cambiar, si dejamos atrás los territorios cómodos y nos aventuramos en lo que ahora la vida pide de nosotros. Estamos destinados a ser antorchas vivas, a estimular en los demás la alegría, el amor, el optimismo, el deseo de conocerse y liberarse. Cumplamos la cita que tenemos con nuestro destino.


Aries y el mundo de las Ideas

“Surjo y desde el plano de la mente rijo”, es el pensamiento semilla de Aries. Como decía Helena Roerich, "El beneficio más grande con el que nosotros podemos contribuir consiste en el ensanchamiento de la conciencia y en el mejoramiento y enriquecimiento de nuestro pensamiento, junto con la purificación del corazón para así poder fortalecer nuestras emanaciones y de esta manera, elevando nuestras vibraciones, restauraremos la salud de todos aquellos que nos rodean. Cartas de Helena Roerich, II, 25 de Octubre de 1936
Mercurio como regente esotérico del signo permite en Aries la intuición y el reconocimiento del plan divino. Que nuestra intención sea estos días cultivar la paz de la mente para que ella pueda recibir la instrucción del alma para este año que comienza.
Que el trabajo de meditación unido a cientos, miles de grupos en todo el mundo mejore las condiciones de toda la humanidad. Recordemos las palabras del Buda: "todo lo que somos, surge de nuestros pensamientos y con nuestros pensamientos construimos el mundo". Que el trabajo espiritual de meditación en Luna Llena nos de la luz necesaria para cumplir con nuestra parte.


Aries y el simbolismo de la cruz

¿Cómo es posible que siendo la fuerza de inicio, de impulso, el fuego del comienzo, esté Aries vinculado a la semana santa, la cruz y la crucifixión? La respuesta es contundente: no acabamos de comprender la crucifixión y no ponemos suficiente énfasis en la resurrección. La cruz como sufrimiento y al Cristo Crucificado por encima del Cristo Resucitado, no son la visión correcta. La cruz es anterior al cristianismo, alude a algo muy simple: hace referencia  a la materia, a sus cuatro estados: tierra (el cuerpo físico) agua (el cuerpo emocional) aire (el cuerpo mental, el intelecto) y  fuego (el deseo transformado en aspiración - podemos definir la aspiración como anhelo de lo superior, como búsqueda del alma-). 
Cada vez que el espíritu entra en un cuerpo humano se crucifica en la materia, la tarea que tiene por delante, toas las veces es liberarse. El misterio la muerte y la resurrección de Cristo sobre la cruz, además de ser un hecho histórico pasado, es un hecho presente en cada Luna Llena y de modo espectacular cada vez que la energía de Aries está disponible.
La resurrección es el proceso conocerse, conocerse es trabajar con uno mismo en los diversos aspectos de nuestra naturaleza, llegar a adueñarnos de nuestra cruz. En otro términos puede decirse que la tarea es la de trabajar con el cuerpo físico, las emociones y la mente desde el fuego del alma. La tarea es transmutar lo inferior, (los vicios) en virtudes, valores eternos.
La Semana Santa cae algunas veces en Marzo y otras en Abril, siempre en Aries, Cristo Resucitó un domingo de Luna Llena en el mes de Aries. El domingo de Pascua energéticamente es la Luna Llena de Aries, sea o no domingo. La Iglesia acentuando lo de domingo, coloca el domingo de Pascua como el inmediato posterior al plenilunio de Aries, nosotros sabemos que el domingo de resurrección puede ser cualquiera de los siete días de la semana.
[…]


Aries y la Pascua de Resurrección

La Luna Llena de Aries está consagrada a Cristo. Es deseable leer sobre Su vida y Su enseñanza como parte del trabajo preparatorio para disponernos para recibir la energía en las meditaciones del plenilunio. 
La esencia de Aries en celebrar en presente la resurrección, y no en pasado. La Resurrección no es algo que Él protagonizó por nosotros, Él lo hizo primero, abrió el camino, nos sostiene, pero nosotros debemos seguirLe. SeguirLe no es mantener una tradición, ni es rememorar un proceso, es ser protagonistas de ese proceso.
Resurrección es el trabajo realizado para vencer la inercia de la materia, el egoísmo, la comodidad y florecer. Todo aumento en nuestra capacidad de comunicarnos, en nuestra creatividad, bondad, armonía, paz, valentía, es un paso en el sendero de la resurrección. Resurrección es aumento del fuego, el fuego es la vida expresándose en al materia.
La resurrección requiere de la muerte pues toda muerte anuncia la renovación de la vida. Podemos preguntarnos en Aries a que debemos morir. El símbolo de la Pascua son los huevos, representan la necesidad de que un cascarón duro se rompa para que nazca la vida tierna y nueva, el polluelo. Es el mismo símil en el caso de la oruga, resucita y se convierte en mariposa.
Eso es verdad todos los años en Aries pero lo es más en este período de gran crisis pues desde el 2008 hasta el 2012 la muerte y resurrección son el arquetipo a considerar a gran escala y lo seguirán siendo hasta el 2025. Es recomendable leer el artículo donde se analizan los sucesos de Egipto, Túnez y Libia que conmueven a la opinión pública desde comienzos de año, el fuego de la vida incendia los viejos regímenes totalitarios y las cadenas caen.
Que muchas personas comiencen a meditar hará que esta fase de gran transición que la humanidad vive se desarrolle con menor sufrimiento y que los cambios maravillosos que nos esperan lleguen antes.  
La energía liberada en Aries permite construir puentes entre  un reino y el otro, entre un hombre y otro, entre la personalidad y el alma o incluso entre la personalidad y la Tríada Espiritual. El fuego de Aries encuentra ba­rreras muy difíciles de franquear al tratar de llegar a la humanidad, son muchos los seres humanos que aún viven en una pesada nube de inercia, espejismo e ilusión. Esto es reconocible por sus efectos (trastornos físicos, emocionales y mentales) que se expresan como proble­mas de salud, problemas sociales, nacionales o internacionales, así como contaminación en el cuerpo del planeta. Las personas que no puedan responder a la energía de Aries con sus centros superiores vivirán irritabilidad, agresividad y diversos estados de gran tensión. El efecto de los grupos que meditan es hacer accesibles las cualidades benéficas derramadas cada mes para todos, por tanto meditar es un poderoso trabajo de servicio.
Podríamos decir que la nota de Resurrección va más allá de ser la esencial del signo y es también la clave de todo el proceso, la clave de la vida misma. Vivir en contacto con lo superior es un viaje de permanente transformación, redención, cambio y expansión.
El concepto de Resurrección sintetiza las dos líneas de acción fundamentales: la del amor y la de la voluntad. La resurrección es la liberación dinámica por amor. En Aries, el Poder de la Voluntad del Primer Rayo se encauza a través de la Jerarquía, el centro del corazón del planeta, y allí se transforma en Amor que Resucita, esa es la oportunidad.


¿Cómo emplear las energías de Aries en la construcción de un yo sano?

Al ser el primer signo en Aries comienza el desarrollo del yo, un yo sano es imprescindible para todo logro armónico, sea a nivel que sea. Se pueden obtener éxitos espectaculares sin un yo sano, pero ni serán armónicos, ni llevarán a la felicidad, ni tendrán la salud como resultado a largo plazo. Si nuestro yo no está aún suficientemente desarrollado la energía dinámica de Aries es un excelente impulso para comenzar a liberarnos de las dependencias excesivas de nuestro entorno. Quizás podamos tomar decisiones de emprender un trabajo real al respecto y si requerimos ayuda buscarla. Aceptarnos tal y como en verdad somos es condición indispensable para el proceso, regir la verdad, ponernos excusas, postergar, sólo nos lleva a perder el tiempo, el tiempo es vida. Si nuestro yo es demasiado fuerte también estamos ante un problema, existe el peligro de que cristalice, que pierda flexibilidad, permeabilidad y capacidad de fertilizarse del entorno, de dar y recibir adecuadamente. Si eso ocurre nos volvemos prisioneros de nuestro yo., no estamos abiertos a nuestros semejantes ni a la irradiación de nuestra alma. En el mes de Aries podemos derribar los muros que en errónea autodefensa hemos erigido a nuestro alrededor.
Lo esencial es el nacimiento del verdadero yo, esa es la resurrección, lograr una identidad basada en sentirnos valiosos por aportar lo que de verdad somos. Cuando eso ocurre no necesitamos competir, podemos compartir. Cuando eso ocurre no necesitamos agradar a todos sino ser fieles a nosotros mismos, a nuestro sentido interior de lo justo, de lo noble, de lo bueno sabiendo que después de todo nunca llueve a gusto de todos.
Otra faceta esencial de Aries es que se ve especialmente favorecido el trabajo del correcto pensar. El pensamiento erróneo es aquél que está desconectado de la mente universal, del propósito de toda la creación, aquel que no va en la dirección del bien, de la verdad. Examinar nuestros motivos, nuestras palabras, los efectos de nuestros comentarios sobre otros y nuestros procesos mentales con todo cuidado, es una tarea que trae grandes frutos si se realiza correctamente. Es recomendable tener un diario espiritual y tomar notas de las observaciones, grandes descubrimientos pueden hacerse durante este mes.
Cuando "la llama" en el corazón del hombre no se alimenta, no se carga, él   pierde la conexión con el Fuego único, en otras palabras no logra sincronizar su ritmo con el latido del Corazón cósmico. En Aries tenemos la oportunidad de volvernos a sintonizar con el Corazón cósmico, de volver a encender nuestro fuego.  "Para un hom­bre es una real tragedia no lograr alinear su cora­zón con el ritmo del Corazón cósmico, porque el corazón es el dis­tribuidor de la conducta recta, de las relaciones rectas, del equilibrio, de la compasión y la percepción intuitiva. En el momento en el que un corazón pierde el ritmo del latido cósmico, el hombre pierde el escudo de la bondad, la belleza y la verdad." (Torkom Saraydarian, Sinfonía del zodíaco)
Por último, se dice que el fuego de Aries nos ofrece "un suelo ardiente", ello refiere a un trabajo purificatorio; el fuego tiene un poder transmutador de  la energía disponible de primer rayo que cumple con la faceta de destrucción necesaria en la resurrección, en el nacimiento de un nuevo orden. En Aries podemos como en ningún otro momento elegir una limitación sobre la que trabajar para vencerla, es un tiempo propicio para desapegarnos del no yo. Resucitar es emerger de la tumba del no yo, del no ser, de as identificaciones erróneas sea en el plano físico, el emocional o el mental; resucitar es avanzar en grados de libertad, de consciencia, de belleza. Resucitar es alinear la personalidad con el alma para ser el Ser que somos en verdad.



RAYOS DE ARIES


Primer Rayo: El es la energía ígnea de la Voluntad. Su empuje permite dirigirse hacia la meta apartando, o si es preciso destruyendo cualquier obstáculo que se interponga en el camino. En Pascua se regalan huevos, la destrucción del cascarón rígido, de la capa externa que encierra la vida, es una bella imagen de lo que a nivel profundo ocurre en presencia de la influencia del  primer rayo. En este momento - los días que van de la Luna Llena de Aries a la de Tauro - como en ningún otro instante del año tenemos disponible la energía dinámica que permite al ser liberarse de sus falsas identidades, de sus máscaras, del miedo, la rigidez, el desaliento, la depresión y toda forma cristalizada de la energía. 
Si se medita con la adecuada actitud, esta energía puede utilizarse para quemar todas las formas de pensamiento, todas las modificaciones mentales que están contra el bien supremo de la humanidad y son los obstá­culos de nuestro progreso espiritual. 

El Segundo Rayo es el Amor- Sabiduría, lo que Cristo encarnó con total perfección. El Amor se derrama sobre todos los hombres en Pascua ya que la energía de la Voluntad de Dios encauzada a través de Cristo, se manifiesta como Amor que Resucita.

El Cuarto Rayo permite alcanzar la armonía conciliando los opuestos, da claridad de visión, permite acceder a la intuición y se manifiesta como voluntad de armonizar. La intuición se manifiesta cuando el espejo de la mente se abre y se imprimen en ella, imágenes, ideas nuevas, completamente originales de gran nivel de síntesis, hermosura  y verdad.

Séptimo Rayo: Favorece el servicio gru­pal, sacrificio grupal, orden, ritmo y manifestación. Esta energía puede quedarse en el nivel del ritual,  o puede usarse para acrecentar el espíritu del servicio sacrificado, para organizar nuestra personalidad y nuestra vida social en armonía con el Plan divino. El séptimo rayo tiende el puente entre espíritu y materia, permite a través del orden que la manifestación se de de forma correcta y creadora. 

Sexto Rayo tiene el poder de de "atraer la mente del hombre hacia el ideal". El idealismo, la devoción, así como el sacrificio individual son característicos del sexto Rayo. El sacrificio puede ser como lo vemos en las celebraciones de Semana Santa el de cargar con cien kilos a hombros llevando durante seis horas el paso, rememorando con ello la vida de Cristo, llevando la imagen de de una Virgen como homenaje. El sacrificio puede ser honrar a la Virgen no en una imagen, sino obrando como obraron ellas. Respondemos a diferentes niveles unos y otros, a diferentes niveles en diferentes momentos de nuestra vida, estamos a tiempo de ascender de nivel hoy, ahora. La respuesta puede seguir siendo rememorar la vida de Cristo o puede ser seguirle en vivo y en directo aplicando Sus enseñanzas.



Fuente: http://www.nuevagaia.com. Se han eliminado del texto las referencias puntuales al fenómeno de Luna Llena de Aries en 2011, la bibliografía general, dos notas al píe, y una meditación guiada final, todo ello accesible en el artículo original publicado en el sitio arriba citado.


23 de marzo de 2013

"UNA TIERRA SIN CAMINOS" (XXIV): KRISHNAMURTI ANTE LA ESPERANZA HUMANA Y EL FUTURO






“Era como un seguro viviente contra la estupidez humana. Era bueno saber que teníamos ese seguro ahí; era grato, satisfactorio. Y cuando murió, sentimos que en el mundo se había formado un enorme hueco donde antes había usina de vida, de belleza, de inteligencia. Y eso nos hizo sentirnos inseguros. Y cuando uno se siente inseguro, hay temor, angustia, tristeza, desorientación. La pregunta es: ¿Qué significado real tenía la presencia viva de Krishnamurti si uno no se había consubstanciado con la enseñanza hasta convertirla en el aire, el sol y el pan psicológico de cada día? Usted lo expresó bien: una especie de seguro, era bueno saber que estaba ahí... mientras que aquí todo seguía igual. En ese sentido, la muerte de Krishnamurti no va a modificar nada que no haya modificado en vida.”


Armando Clavier, en diálogo con Fabio Zerpa




Pregunta: Nunca ha hablado usted del futuro. ¿Por qué? ¿Le tiene usted miedo?

Krishnamurti: ¿Cuál es la importancia del futuro en nuestra vida? ¿Por qué habría de tener importancia? ¿Qué entendemos por futuro? El mañana, el ideal, la sempiterna esperanza de la utopía, de lo que yo debería ser, el dechado en diferentes formas de una sociedad ideal, ¿es eso lo que entendéis por futuro? Vivimos de esperanza, y la esperanza es instrumento de nuestra muerte. Cuando esperáis, estáis muertos, porque la esperanza consiste en eludir el presente. No esperáis cuando sois felices. Es sólo cuando sois desdichados, cuando os veis frustrados, restringidos, cuando sufrís, cuando penáis, cuando sois prisioneros, que miráis hacia el futuro. Cuando estáis realmente gozosos, felices, el tiempo no existe. Vivimos con esperanza desde el nacimiento hasta la muerte porque somos infelices, desde el comienzo hasta el mismísimo fin; y la esperanza es la vía de escape, no la resolución de nuestro estado actual, que es de infelicidad. Miramos hacia el futuro como medio de evitar el presente, y el hombre que elude el presente yendo hacia el pasado o hacia el futuro, no vive. Él no conoce la vida tal como es vivida, sólo conoce la vida con relación al pasado o al futuro. La vida es dolorosa, tortuosa, por eso buscamos evadirnos de ello; y si se nos promete el cielo, somos perfectamente felices. Por eso es que el partido, de izquierda o de derecha, termina por vencer. Los partidos siempre prometen algo para mañana o para cinco años después, y ello nos seduce y le acordamos fe, y al final resultamos destruidos. Porque queremos esquivar el presente, si no podemos mirar hacia el futuro nos volvemos hacia el pasado los instructores del pasado, los libros del pasado, el conocimiento de lo que dijeron Sankara, Buda y otros. Vivimos, pues, en el pasado o en el futuro, y un hombre que vive en el pasado o en el futuro tiene efectivamente las respuestas de los muertos, pues todas esas respuestas son meras reacciones. De nada sirve, por lo tanto, hablar del pasado y del futuro, de recompensas y castigos. Lo importante es descubrir cómo vivir, cómo estar libre de miserias en el presente. La virtud no es para mañana. Un hombre que procura ser misericordioso mañana es un necio. La virtud no ha de ser cultivada; ella está en la comprensión de lo que es en el presente.
¿Cómo habéis de vivir en el presente sin la pena, sin el dolor del infortunio? El sufrimiento no ha de resolverse en términos de tiempo sino por la comprensión; sólo puede resolverse en el presente, y es por eso que yo no hablo del futuro. Surge una extraordinaria actividad y vitalidad cuando hay observación directa de lo que es; pero vosotros deseáis jugar con las cosas, y cuando jugáis con cosas serias os quemáis. Os veis arrastrados por esperanzas y recompensas, y el hombre que persigue la esperanza vive en la muerte.
Nuestro problema consiste en saber si el dolor puede terminar por el proceso del tiempo, que es la continuidad. El dolor no puede tener fin a través del tiempo, porque el proceso del tiempo es continuación del sufrimiento, y por lo tanto no resuelve el sufrimiento. El dolor puede terminar instantáneamente. la libertad no está al final sino al comienzo. Para comprender esto tiene que haber un comienzo de libertad: la libertad de ver lo falso como falso, la capacidad de ver las cosas como son, no en el tiempo sino ahora. Esto lo hacéis cuando estáis vitalmente interesados, cuando os halláis en una crisis. ¿Qué es una crisis, después de todo? Es una situación que reclama vuestra plena atención sin que os refugiéis en creencias. Cuando no hay solución, cuando no hay respuesta alguna de la mente, cuando la mente no tiene una respuesta ya hecha, ninguna conclusión, y sois incapaces de resolver el problema, entonces os halláis en una crisis. Pero por desgracia, mediante vuestro estudio de los libros y vuestro seguimiento de instructores, vuestra mente tiene una explicación para todo problema; por lo tanto nunca estáis en un momento de crisis. Hay un reto a cada minuto, y una crisis viene cuando la mente no tiene respuesta ya preparada. Cuando no podéis hallar una salida, consciente o inconscientemente, por medio de palabras o por medio de evasiones, entonces os halláis en una crisis. La muerte es una crisis, aunque podéis rodearla de explicaciones. Estáis en crisis cuando perdéis vuestro dinero, cuando miles quedan destruidos en un solo segundo. El terminar es la crisis; pero vosotros nunca termináis, siempre deseáis que las cosas continúen. Sólo cuando hay una crisis sin evasión ni escapatoria, y por lo tanto os enfrentáis con ella directamente, sólo entonces el problema se resuelve. La inquietud por el futuro es evadirse de la crisis; la esperanza es eludir lo que es. Para hacer frente a la crisis es preciso despojarse completamente del futuro y del pasado; es inútil, por consiguiente, hablar del futuro.”




3798_original

(Ojai, California, cerca de Pine Cottage, la casa de J. K.)




Extraído de J. Krishnamurti, La revolución fundamental (Doce conferencias pronunciadas en India, 1949-1950), Cap. VI; Kier, Bs. As., 1989. Traducción: A. Orzábal Quintana.




22 de marzo de 2013

"UNA TIERRA SIN CAMINOS" (XXIII): KRISHNAMURTI Y LAS MÁSCARAS DEL HOMBRE ESCLAVO










“A través de las edades, el hombre ha buscado algo más allá de sí mismo, más allá del bienestar material ‑lo que llamamos verdad, Dios o realidad, un estado sin temporalidad­ algo que no pueda ser perturbado por las circunstancias, por el pensamiento o por la corrupción humana. El hombre se ha planteado siempre el interrogante: ¿Qué significa todo esto? ¿Tiene la vida algún significado? Ve la enorme confusión de la vida, las brutalidades, las revoluciones, las guerras, la división interminable en las religiones, ideologías y nacionalidades, y con un sentimiento de continua y profunda frustración, se pregunta: ¿Qué ha de hacer uno? ¿Qué es lo que llamamos vivir? ¿Hay algo más allá? Al no encontrar esa cosa desconocida con miles de nombres que siempre ha buscado, ha cultivado la fe ‑fe en un salvador o en un ideal‑, pero la fe invariablemente engendra violencia. 

En esta batalla constante que llamamos vida, tratamos de establecer un código de conducta de acuerdo con la sociedad en que hemos crecido, ya sea una sociedad comunista, o una llamada sociedad libre. Aceptamos una norma de conducta, que es parte de nuestra tradición como hindúes, musulmanes, cristianos, sea lo que seamos. Recurrimos a alguien para que nos diga cuál es la conducta correcta o equivocada, cuál es el pensamiento recto o errado, y siguiendo este patrón, nuestra conducta y nuestro pensamiento se vuelven mecánicos y nuestras respuestas automáticas. Podemos observar esto muy fácilmente en nosotros mismos.

Por siglos hemos sido tratados como párvulos por nuestros maestros, autoridades, libros y santos de nuestra devoción. Les decimos:'Háblenme de todo esto: ¿Qué hay más allá de las colinas, de las montañas y la tierra?' Y quedamos satisfechos con sus descripciones, lo cual quiere decir que vivimos de palabras, y que nuestra vida está vacía y hueca. Somos gente de segunda mano. Hemos vivido de lo que se nos ha dicho, ya sea guiado por nuestras inclinaciones, nuestras tendencias, o compelidos a aceptarlas por las circunstancias y el medio ambiente. Somos el resultado de toda clase de influencias, no hay nada nuevo en nosotros, nada que hayamos descubierto por nosotros mismos; nada original, prístino, claro.

A través de la historia de la teología, nos han asegurado los líderes religiosos que si ponemos en práctica ciertos rituales, si repetimos ciertas plegarias o mantras, si vivimos conforme a determinados patrones, si reprimimos nuestros deseos; si controlamos nuestros pensamientos, sublimamos las pasiones, moderamos los apetitos y refrenamos la indulgencia sexual, encontraremos, tras suficiente tortura de la mente y del cuerpo, algo más allá de esta mezquina vida. Es lo que millones de los llamados religiosos han hecho a lo largo del tiempo, ya sea en aislamiento, internándose en el desierto o en las montañas, o en una cueva, o vagando de pueblo en pueblo con una escudilla de mendicante, o bien en grupos, uniéndose a un monasterio, forzando sus mentes a seguir un patrón establecido. Pero una mente torturada, una mente abatida, una mente que desea escapar de toda aflicción, que ha renunciado al mundo exterior y se ha endurecido por la disciplina y la conformidad, tal mente, por mucho que busque, solo encontrará aquello que esté de acuerdo con su distorsión.

Así, pues, para descubrir si realmente hay algo más allá de esta existencia ansiosa, culpable, temerosa y competitiva, me parece que debe uno enfrentarse a ella en forma por completo diferente. El enfoque tradicional consiste en partir de la periferia hacia el centro, y a través del tiempo, con la práctica de la renunciación, seguir gradualmente hasta alcanzar esa flor interna, esa belleza y ese amor internos ‑en efecto, hacer todo lo que pueda volver a uno apocado, falso y mezquino‑ despojarse poco a poco; tomar tiempo; dejarlo para mañana, para la próxima vida. Y cuando al fin llega uno al centro, descubre que ahí no hay nada, porque la mente se ha vuelto incapaz, torpe e insensible.

Habiendo observando este proceso, uno se pregunta: ¿Es que no hay un enfoque del todo diferente? Esto es, ¿no es posible irrumpir súbitamente desde el centro? El mundo acepta y sigue el enfoque tradicional. La causa principal del desorden en nosotros mismos es la búsqueda de la realidad prometida por otros. Seguimos mecánicamente a quien nos asegura una vida espiritual confortable. Es de lo más extraordinario que aunque la mayoría de nosotros nos oponemos a la tiranía y a la dictadura política, internamente permitimos que la autoridad, la tiranía de otro nos tuerza la mente y nuestra manera de vivir. De modo que si rechazamos por completo, no intelectualmente, sino realmente toda llamada autoridad espiritual, todas las ceremonias, rituales y dogmas, ello significa que nos quedamos solos, y en conflicto con la sociedad, y dejamos de ser respetables. No es posible que un ser humano respetable pueda acercarse a esa infinita e inconmensurable realidad.

Usted ha empezado ahora por negar algo absolutamente falso ‑el enfoque tradicional‑ pero si lo niega como una reacción, habrá creado otro patrón en el cual se verá de nuevo atrapado. Si usted se dice a sí mismo intelectualmente que esta negación es muy buena idea, pero no hace nada al respecto, no podrá seguir más adelante. Sin embargo, si usted lo niega porque comprende la estupidez y la poca madurez de ello, si lo rechaza con tremenda inteligencia, porque es libre y no tiene miedo, creará una gran perturbación en usted mismo y a su alrededor, pero se habrá salido de la trampa de la respetabilidad. Entonces se descubrirá que no se está buscando. Esta es la primera cosa por aprender ‑no buscar‑. Cuando buscamos solo estamos vagando de tienda en tienda.


La pregunta de si hay o no hay un Dios o verdad o realidad, o como quiera usted llamarla, nunca puede ser contestada por los libros, por los sacerdotes, filósofos o salvadores. Nadie ni nada puede contestar la pregunta, sino usted mismo, y para ello, debe usted conocerse. La inmadurez se origina en la total ignorancia de uno mismo. El conocimiento de uno mismo es el principio de la sabiduría. ¿Y qué es usted, usted como individuo? Creo que hay una diferencia entre el ser humano y el individuo. El individuo es una entidad local que vive en un país determinado, que pertenece a una cultura particular, a una sociedad particular y a una religión particular. El ser humano no es una entidad local. Está dondequiera. Si el individuo actúa en un rincón fijo del vasto campo de la vida, entonces su acción está por completo desligada del conjunto. Por lo tanto, se debe tener presente que estamos hablando de la parte de la totalidad, no de la parte, porque en lo mayor está lo menor, pero en lo menor no está lo mayor. El individuo es la pequeña entidad condicionada, desdichada, frustrada, satisfecha con sus pequeños dioses, sus pequeñas tradiciones, mientras que un ser humano esta interesado en el bien general, en la desdicha y la confusión total del mundo.

Los seres humanos somos lo que hemos sido por millones de años: celosamente codiciosos, envidiosos, agresivos, celosos, impacientes y desesperados, con destellos ocasionales de gozo y afecto. Somos una mezcla extraña de odio, temor y gentileza. Somos a la vez violentos y pacíficos. Ha habido un progreso exterior desde el carro de bueyes al avión, pero psicológicamente el individuo no ha cambiado en absoluto, y la estructura de la sociedad en el mundo es su creación. La estructura social exterior es el resultado de la estructura psicológica interna de nuestras relaciones humanas, porque el individuo es el producto de la experiencia total, el conocimiento y la conducta del hombre. Cada uno de nosotros es el almacén de todo el pasado. En el individuo está lo humano, que es toda la humanidad. La historia completa del hombre está escrita en nosotros mismos.

Observen de hecho lo que realmente está ocurriendo dentro y fuera de ustedes mismos en esta cultura de competencias donde viven con sus deseos de poder, posición, prestigio, nombre, éxito y todo lo demás. Observen los logros de los cuales están ustedes tan orgullosos, la totalidad de este campo que llaman vida, donde toda forma de relación es un conflicto que engendra odios, antagonismos, brutalidad y guerras interminables. Este campo, esta vida, es todo lo que conocemos, y siendo incapaces de comprender la enorme lucha de la existencia, la tememos naturalmente, y buscamos un escape en toda clase de medios sutiles. Y también estamos temerosos de lo desconocido (le tememos a la muerte, le tememos a lo que existe más allá del mañana) de modo que tememos lo conocido y tememos lo desconocido. Esta es nuestra vida diaria. En ella no hay esperanza y, por lo tanto, cualquier filosofía, cualquier forma de concepto teológico, es meramente un escape de la verdadera realidad de lo que es.

[…]

Así usted ve que no puede depender de nadie. No hay guía, ni maestro, ni autoridad. Hay solamente usted ‑sus relaciones con otros y con el mundo‑ no hay nada más. Cuando usted se da cuenta de esto, o bien siente una gran desesperación de la cual viene el cinismo y la amargura o bien, al enfrentarse al hecho de que usted y nadie más es responsable del mundo y de usted mismo, por lo que piensa, por lo que siente, por su modo de actuar, toda lástima de sí mismo desaparece. Normalmente arrojamos la culpa sobre los otros, lo cual es una forma de autocompasión.

¿Podemos usted y yo, entonces, producir en nosotros mismos, sin influencia exterior o sin persuasión alguna, sin ningún temor al castigo; podremos producir en la misma esencia de nuestro ser una total revolución, una mutación psicológica, de manera que ya no seamos brutales, violentos, competidores, impacientes, temerosos, codiciosos, envidiosos y todas las restantes manifestaciones de nuestra naturaleza que han estructurado esta corrompida sociedad donde vivimos nuestras vidas diarias?

[…]

En primer lugar, ¿puedo rechazar toda autoridad? Si puedo, significa que ya no tengo temor ¿Entonces, qué ocurre? Cuando usted rechaza algo falso con lo que ha estado cargado por generaciones; cuando arroja de sí un peso de cualquier clase, ¿Qué sucede? Usted tiene más energía, ¿no es cierto? Tiene más capacidad, más empuje, mayor intensidad y vitalidad. Si no siente esto, entonces no ha arrojado, no ha descartado el peso muerto de la autoridad. Pero cuando usted lo ha desechado, y tiene esa energía en la cual ya no hay temor en absoluto ‑temor de cometer un error, temor de hacer lo correcto o no‑ entonces, ¿no es esa energía misma la mutación? Necesitamos una tremenda cantidad de energía, y la disipamos con el temor. Pero cuando existe esa energía que surge al liberarnos de toda forma de temor, esa energía misma produce la revolución radical interna. Usted no necesita hacer nada a ese respecto.

Así, usted se ha quedado sólo consigo mismo, y ese es el verdadero estado de un hombre que se toma en serio todos estos asuntos; y como no busca ayuda de nadie ni de nada, está libre para descubrir. Y cuando hay libertad, hay energía; y cuando hay libertad no se puede hacer nada erróneo. La libertad es por completo diferente de la rebelión.
No existe eso de conducirse bien o mal cuando hay libertad. Usted es libre, y desde esa libertad, actúa. Y como consecuencia, no tiene miedo, y una mente que nada teme es capaz de gran amor. Y cuando hay amor, puede hacerse lo que se quiera.

 […]”






Extraído de J. Krishnamurti, Libérese del pasado (Freedom from the Known), Cap. I; Ed. Orión, México, 1987. Traducción: Krishnamurti Foundation Trust – Londres.


A la izquierda: Inocencio X, estudio de Francis Bacon sobre D. Velázquez.