6 de octubre de 2015

EN UN CLARO DEL BOSQUE CELTA (XVII /: ESCOCIA DE LAS BALADAS / "The Twa Corbies"





Los dos cuervos


Una vez, mientras iba caminando,
Escuché a dos cuervos lamentarse;
Y uno de ellos dijo al otro:
“¿dónde comeremos este día?

“Detrás de aquella cerca abandonada
He visto un caballero asesinado,
Y nadie sabe que yace allí tendido
Salvo su halcón y su perro y su dama.

“Su perro se fue tras de la caza,
Se halcón se fue en busca de presas,
Su dama se fue con otro amante,
Así que podremos disfrutar nuestra comida.

“Te posarás sobre su cuello blanco,
Y yo le arrancaré sus ojos claros.
Con un dorado mechón de su cabello
Más tarde techaremos nuestro nido.

“Muchos por él se habrán de lamentar,
Pero nadie sabrá dónde se ha ido;
Sobre sus huesos ya blancos y desnudos
El viento va a soplar eternamente”.


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The Twa Corbies
[Texto original en escocés]


As I was walking all alone,
I heard twa corbies making a mane;
The tane unto t’other say,
“Where sall we gang and dine to-day?”

“In behint you auld fail dyke
I wot there lies a new-slain knight;
And naebody kens that he lies there,
But his hawk, his hound, and his lady fair.

“His hound is to the hunting gane,
His hawk, to fetch the wild-fowl hame,
His lady’s ta’en another mate,
So we may mak our dinner sweet.

“Ye’ll sit on his white hause-bane
And I’ll pike out his bonny blue een.
Wi’ae lock o’his gowden hair,
We´ll theek our nest when it grows bare.

“Mony a one for him makes mane,
But nane sall ken whare he is gane;
O’er his white banes, when they are bare,
The wind sall blaw for evermair”.




[El texto de esta balada escocesa proviene de “Minstrelsy” III, 239, una recopilación realizada por Walter Scott en 1803. Los eruditos la consideran como una variación sobre “The Three Ravens”, recogida por Ravencroft en Melismata (1611).]


Texto original y versión castellana, así como los comentarios críticos citados abajo, de Jorge Fondebrider y Gerardo Gambolini, en Canciones celtas (‘Reynardine’ y otras baladas), Buenos Aires, Javier Vergara, 2000.

[En este estupendo volumen (que incluye la generosa reproducción de la notación musical de la línea melódica básica encabezando cada canción), y más allá de las inexorables divergencias interpretativas suscitadas siempre por una traducción, sobre todo tratándose de textos de un grado tan alto de sutileza y de misterio, se echan, sí, verdaderamente de menos las oportunas referencias bibliográficas puntuales de los filólogos eminentes evocados en la muy responsable introducción general a la antología. – G. A.]



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“Para M. J. C. Hodgart, ‘una balada es una canción que comenta la vida por medio de un relato en estilo popular”. G. H. Gerould define balada como “una canción folclórica que cuenta una historia”. Francis B. Gummere, por su parte, describe las baladas como ‘poemas destinados al canto, de naturaleza muy impersonal, probablemente conectados en sus orígenes con la danza comunal, pero sometidos a un proceso de transmisión oral entre personas libres de influencias literarias”. Esta última característica se acentúa en la definición de Albert B. Friedman quien, por su parte, señala que se trata de ‘una narración breve, tradicional, impersonal y cantada, transmitida oralmente de generación en generación, marcada por su propia y peculiar estructura y su propia retórica, sin influencia de las convenciones literarias’. Ramón Menéndez Pidal, finalmente, remite el género a un tronco europeo común que, con sus respectivas variantes, puede rastrearse en los romances españoles, las narraciones épico-líricas francesas, las viser de Suecia y Dinamarca, los cantos narrativos del norte de Italia, de Alemania, de Servia, de Grecia y de Finlandia. El erudito español señala especialmente que ‘las baladas inglesas y escocesas han sido tenidas por congéneres de los romances’, que, siempre según su definición, son ‘poemas épico-líricos breves que se cantan al son de un instrumento, sea en danzas corales, sea en reuniones tenidas para recreo simplemente o para el trabajo en común’.

De acuerdo con todos estos puntos de vista, una balada de las llamadas ‘tradicionales’ no puede ser equiparada a un poema. En primer lugar, en el poema hay un único poeta que expresa una subjetividad individual, mientras que en las baladas pueden intervenir distintos agentes [sic]  - a veces lejanos en el tiempo y el espacio – que van modificando la subjetividad original – acaso de un hipotético autor -  hasta llegar a sentimiento comunal, con frecuencia distante del propósito original de la balada. En segundo término, las baladas, aunque desde antiguo hayan sido recopiladas en colecciones, no fueron compuestas para ser leídas sino cantadas, y, por lo tanto, están estrechamente asociadas a la música, de la que recibirán no pocos condicionamientos; entre otros, los patrones rítmicos que llegarán incluso a determinar la naturaleza de su versificación y rimas.”

[J. Fondebrider / G. Gambolini, Palabras Preliminares, “Una aproximación al término ‘balada’”, p. 7-9]


“La mayoría de las baladas tradicionales proviene de Gran Bretaña. Allí existen zonas bien determinadas donde la tradición baladística se desarrolló y desde donde se expandió hacia otras regiones de la isla e, incluso, de ultramar. William Entwistle estudió el problema y llegó a la conclusión de que las regiones de tradición baladística más antiguas son: 1) el sur de Inglaterra, 2) las Midlands, 3) la frontera anglo-escocesa, 4) las Tierras Bajas de Escocia, y 5) el noreste de Escocia. De todas, la más importante es esta última.
[…]
Diversas son las circunstancias para que así haya sido. En primer lugar, el noreste de Escocia era una región fronteriza entre dos etnias distintas con diferentes lenguas, costumbres y organizaciones sociales: por un lado, los habitantes de las Tierras Altas, predominantemente celtas; por el otro, los habitantes de las Tierras Bajas, de origen anglosajón. Durante la Edad Media ese tenso equilibrio se rompió y, a partir del siglo XI, el noreste de Escocia se transformó en un inmenso campo de Batalla hasta la definitiva conquista anglosajona, que terminó por relegar a los celtas a unos pocos territorios occidentales. Sin embargo, parte del patrimonio cultural celta sobrevivió a la declinación de ese grupo. Entre otras cosas, en el terreno específico de las baladas. David Buchan señala que ‘en la canción folclórica gaélica hay una marcada ausencia de los temas clásicos de las baladas […] sin embargo, debería tenerse en cuenta que gran parte del folclore británico tiene sustento en lo celta y, siendo el noreste de Escocia un territorio ocupado durante siglos por ese pueblo y luego, una región fronteriza, el elemento celta ha pervivido […] Los invasores anglosajones y anglonormandos de los primeros tiempo de la Edad Media adoptaron como propias muchas de las melodías anteriores a su llegada. La evidencia de esto es la falta de proporción de canciones del noroeste escocés construidas sobre la base de cuartetas, forma celta por excelencia, y la manera en que las cadencias de las melodías folclóricas compuestas entre los siglos XII y XIV derivan de prototipos gaélicos”.

[J. Fondebrider / G. Gambolini, ibidem, “Localización de las baladas”, p. 10-12]



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Una lectura “alquímica” de
“The Twa Corbies”


“El propósito del poder de vida-muerte, que encuentra exteriormente una sintética representación por el acto sexual tanto para hombres como para mujeres, es generar Cambio. El objetivo de la genuina iniciación es reemplazar la incesante danza de los cambios por un número reducido de modificaciones [alterations] elegidas y de largo alcance que sometan las energías aleatorias. El resultado final es una modificación del mundo, una liberación que comprende no sólo al individuo, sino que resuena a través de la humanidad y el planeta mismo…
En nuestra búsqueda del Cuervo Negro (Black Crow), debemos compenetrarnos no solamente con la naturaleza de la Diosa que toma la forma de cuervo, sino con ése el más mágico de todos los temas, el significado de los Nombres. La etimología de los vocablos Corvus y Corpus  es un ejemplo interesante de generación mágica de palabras interrelacionadas… El origen de ciertas palabras (algunos sirían de todas las palabras) descansa en potentes patrones creativos que son propiedad común de grandes grupos, relacionados a través del entorno, la cultura y el contacto con el Mundo Interno (Innerworld).
En la magia práctica, las palabras poseen una significación tradicional que no debería subestimarse. Una vez más, encontramos que la interpretación literal desvirtuada en esta significación, oscureciendo su valor.
Uno de los aspectos principales y más populares de las prácticas ocultas divulgadas es el concepto de la Palabra de Poder. Algunos grupos abocados a la magia, afines a la religión oficial del Estado o a la ortodoxia hebraica, plantean como exigencia que las Palabras son, y sólo puede ser, el ‘Nombre de Dios’ judeo-cristiano. Esta banalidad ha sido hegemónica en el ocultismo durante tanto tiempo que ha adquirido un peso espurio de suyo, compuesto  por un esmalte glamoroso de secretismo, mistificación e ignorancia descarada bajo la impostura de autoridad jerárquica. Sin embargo, ello deriva de genuinas raíces mágicas, y los Nombres religiosos al menos cargan con el poder de la creencia derivada de miles de adoradores, la mayor parte de los cuales están muertos hoy día.
El ocultismo moderno ha tratado de tomar distancia de algunas de las más ortodoxas o vacías Palabras de Poder, a menudo con resultados calamitosos. Al menos una respetada autoridad moderna nos enseña que las palabras tienen que ser investidas, que su potencia tiene que ser impuesta sobre ellas, metida adentro de ellas por el esfuerzo del facilitador [operador]  y, quizá, mago.
Así, en un extremo tenemos a aquellos que creen firmemente que la magia sólo puede ser accionada mediante la aplicación de los nombres divinos de una confederación tribal del Oriente Medio, mientras que, en el otro, tenemos a quienes enseñan que las palabras no son esencialmente mágicas, pero deben forzosamente acabar por serlo gracias al músculo de la consciencia activada [awareness] humana. Amabas posturas lamentan que comentaristas inteligentes se burlen tan frecuentemente del Arte.
El advenimiento del Cuervo Negro en la alquimia es un estadio de desarrollo más avanzado del del cuervo carroñero que merodeaba por los campos de batalla de las antiguas guerras. El Cuervo es el Animal-Tótem de la Diosa de la Muerte [the Totem Beast of the Goddess of Death] , descomponiendo el cuerpo que el espíritu podría haberse liberado. En nuestro contexto alquímico, a menudo se lo describe o muestra de forma ilustrativa como una de las etapas de la Transmutación. Tiene el significado de la materia negra y putrefacta, y puede estar referido a la materia de la psiquis así como a la del cuerpo físico muerto.
La interrelación de Corvus y Corpus  debería resultar evidente desde el punto de vista de la magia. En Philosophia Reformata, Mylius 1622, se muestra una buena ilustración de este Advenimiento.
Mucho tiempo antes de que fueran publicadas las exposiciones alquímicas, el cuervo estaba perfilado en la tradición oral, y está íntimamente vinculado al simbolismo prototípico de la mitología del Grial. En el Mabinogion, el Rey-Dios celta Bran toma su nombre de la palabra raven (cuervo); él es de una estatura gigantesca, potente en la batalla, y es el poseedor del Caldero de la Inmortalidad.
En la balada ‘The Twa Corbies’, dos cuervos (crows) o grajos (ravens) se hacen un festín con el cuerpo de un caballero recién muerto. Todos, su Halcón, su Perro y su Amada lo han dejado:

And o’er his banes when they are bare
The wind sall blaw for ever mair.

Aquí nos encontramos con la primitiva batalla-de-cuervos dentro del onírico contexto cortesano, lo cual realmente es una construcción atemporal, aunque superficialmente medieval en su estilo. Los cuervos hablan entre sí, mofándose de la futilidad de la aspiración moral. Ellos no son, por lo tanto, literales aves de carroña, sino los Animales-Tótem del Poder de Recibir[i]. En los cuentos heroicos irlandeses, son una manifestación de la Diosa. Esto se refleja en su uso del cuerpo del Caballero como comida y como materiales de construcción del nido: en la Rueda de la Vida nada se pierde, todo es reconfigurado [rearranged].”



Extraído de R. J. Stewart, The UnderWorld Initiation (A Journey Towards Psychic Transformation) [la iniciación a través del InfraMundo – un viaje hacia la transformación psíquica], Part I / Chapter 5: The Power of Taking (Parte I / Cap. 5: El Poder de Recibir], p. 97-99. The Aquarian Press, Wellingborough, Northhamptonshire, 1985. Traducción del pasaje y nota: G. Aritto / 2015, para su sola lectura en este blog.

Este arduo pero formidable volumen de Stewart, ya usado un par de veces en este espacio digital, dedica su Parte II, titulada Foundations of the Hidden Tradition in Song and Balladry (fundamentos de la Tradición Oculta en la canción y la composición de baladas), a una exploración hermenéutica, de perfiles ocultistas, de nueve baladas escocesas, a partir de textos originales fijados por la tradición oral. Esas baladas son (en inglés): “The Leaves of Light”, “Young Tam Lin”, “Thomas The Rhymer”, “Lord Bateman”, “The Daemon Lover”, “The Wife of Usher’s Well”, “The Cruel Mother”, “The False Knight on the Road”, y “Down in Yon Forest”.  Algunas entre ellas nos han llegado también en forma de relato, figurando en colecciones de cuentos tradicionales / folclóricos de Escocia.


"Twa Corbies",
por Henry Justice Ford (1860-1941)




[i] Al comienzo del capítulo, Stewart define: “En la Tradición del InfraMundo [UnderWorld Tradition], y en general en las enseñanzas esotéricas, el Poder Negativo, el de la catálisis y la descomposición, está simbolizado por una forma femenina antropomórfica. Esta forma actúa como vehículo para el Poder de(l) Recibir [Power of Taking], y se lo puede expresar como la imagen de una diosa, una espontánea construcción de la consciencia, o incluso, temporalmente, como una mujer humana. Nosotros estamos especialmente compenetrados con este Poder bajo la mediación de seres del Inframundo, y ciertos órdenes o tipos de ser están íntimamente comprometidos con los viejos Misterios de la interacción dinámica entre los humanos y el entorno.” [ibidem, p. 92] El capítulo inmediatamente anterior trata del estadio previo en el proceso iniciático de transformación; se titula, por complementación con éste, (traducible como “El Poder de Recibir / Tomar”) “The Power of living” [el Poder de(l) Dar]. 


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