16 de marzo de 2013

"UNA TIERRA SIN CAMINOS" (XVII): KRISHNAMURTI Y LOS PERFILES "CADAVÉRICOS" DEL PENSAMIENTO









Creemos que somos intelectuales

Casi todos hemos desarrollado capacidades intelectuales ‑las llamadas capacidades intelectuales, que en realidad no son en absoluto capacidades intelectuales-, leemos muchísimos libros, nos hemos llenado con lo que han dicho otras personas con sus numerosas teorías e ideas. Creemos que somos muy intelectuales si podemos citar innumerables obras de innumerables autores, si hemos leído muchas variedades diferentes de libros y tenemos la capacidad de correlacionarlos y explicarlos. Pero ninguno de nosotros, o muy pocos, tenemos una concepción intelectual que sea original. Habiendo cultivado el así llamado intelecto, toda otra capacidad, todo otro sentimiento se han perdido, y tenemos el problema de cómo originar un equilibrio en nuestras vidas, a fin de tener no sólo la más alta capacidad intelectual y ser capaces de razonar objetivamente, de ver las cosas exactamente como son, de no estar ofreciendo interminablemente opiniones acerca de teorías y códigos, sino de pensar por nosotros mismos, de ver muy fielmente, por nosotros mismos, lo falso y lo verdadero. Y ésta es, a mí entender, una de nuestras dificultades: la incapacidad de ver, no sólo las cosas externas, sino también la clase de vida interna que uno tiene, si es que tiene siquiera alguna.

    1 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas - Vol. XV




Todo pensamiento es distracción

Una mente competitiva, atrapada en el conflicto del devenir, que piensa en términos de comparación, es incapaz de descubrir lo real. El pensamiento‑sentimiento que es intensamente alerta se halla en el proceso de constante descubrimiento propio, el cual, por ser genuino, es liberador y creativo. Ese descubrimiento propio nos libera del espíritu adquisitivo y de la completa vida del intelecto. Es esta compleja vida del intelecto la que encuentra satisfacción en las aficiones: la destructiva curiosidad, la especulación, el mero conocimiento, la capacidad, el chismorreo, etc.; y estos obstáculos impiden la simplicidad de la vida. Una afición, una especialización, sirven para agudizar la mente, concentrar el pensamiento, pero no contribuyen a que el pensar‑sentir florezca en la realidad.
Liberarnos de la distracción es más difícil cuando no comprendemos plenamente el proceso del pensar‑sentir, que en sí mismo se ha vuelto el medio de distracción. Siendo este proceso siempre incompleto, proclive a la curiosidad y a la formulación especulativa, tiene el poder de crear sus propios obstáculos, sus ilusiones, todo lo cual impide la percepción de lo real. Así es como se convierte en su propia distracción, en su propio enemigo. Dado que la mente es capaz de generar ilusión, este poder debe ser comprendido antes de que la mente pueda liberarse de las distracciones que ella misma crea. La mente debe estar por completo quieta, silenciosa, porque todo pensamiento se vuelve una distracción.

2 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas Vol. XVII




Unidad de mente y corazón

El adiestramiento del intelecto no resulta en inteligencia. Antes bien, la inteligencia nace cuando actuamos en perfecta armonía, tanto intelectual como emocionalmente. Hay una diferencia enorme entre intelecto e inteligencia. El intelecto no es sino pensamiento funcionando independientemente de la emoción. Cuando el intelecto, prescindiendo de la emoción, es adiestrado en cualquier dirección determinada, uno puede poseer un gran intelecto, pero carece de inteligencia, porque en la inteligencia hay una capacidad inherente tanto de sentir como de razonar; en la inteligencia, ambas capacidades están igualmente presentes de manera intensa y armoniosa.
Hoy en día, la educación moderna está desarrollando el intelecto, ofreciendo más y más explicaciones acerca de la vida, más y más teorías, sin que en eso intervenga la calidad armoniosa del afecto. Así es como hemos desarrollado mentes con habilidad para escapar del conflicto; por esto nos satisfacemos con las explicaciones que nos ofrecen los científicos y los filósofos. La mente ‑el intelecto- se contenta con estas innumerables explicaciones, pero la inteligencia no, porque para comprender tiene que existir, en la acción, unidad completa del corazón y la mente.

    3 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas- Vol. I




El intelecto corrompe el sentimiento

Vea, está el intelecto, y está el sentimiento puro ‑el sentimiento puro de amar algo, de tener emociones intensas y generosas-. El intelecto razona, calcula, sopesa, compara. Pregunta: «¿Vale la pena eso? ¿Me beneficiará en algo?» Por otra parte, está el sentimiento puro: el extraordinario sentimiento que uno experimenta por el cielo, por su prójimo, por su esposa, por su hijo, por el mundo, por la belleza de un árbol, etc. Cuando se unen el sentimiento puro y el intelecto hay muerte de instante en instante. ¿Comprende? Y cuando el sentimiento puro es corrompido por el intelecto, hay mediocridad; es lo que sucede con la mayoría de nosotros. Nuestras vidas son mediocres porque estamos siempre calculando, preguntándonos si eso vale la pena, qué beneficio podremos obtener, no sólo en el mundo del dinero, sino también en el mundo así llamado espiritual: «Si hago esto, ¿obtendré aquello?»

4 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas - Vol. XI




El intelecto no resolverá nuestros problemas

La mayoría de nosotros es muy indiferente a este extraordinario universo que nos rodea; jamás vemos el ondear de la hoja en el viento, jamás observamos una brizna de hierba, ni la tocamos para percibir la calidad de su ser. Esto no tiene la intención de ser sólo poético, así que, por favor, no escapen hacia un estado especulativo, emocional. Digo que es esencial tener este sentimiento profundo por la vida y no quedar preso en discusiones y ramificaciones intelectuales, en la aprobación de exámenes, en citar a otros y descartar algo nuevo arguyendo que ya ha sido dicho antes. El intelecto no es el camino, no resolverá nuestros problemas; el intelecto no nos nutrirá con aquello que es imperecedero. El intelecto puede razonar, discutir, analizar, partir de inferencias para llegar a una conclusión, etc., pero el intelecto es limitado, porque es el producto de nuestro condicionamiento. Pero la sensibilidad no lo es. La sensibilidad no está condicionada; lo saca a uno directamente fuera del campo de los temores y las ansiedades [...] Empleamos nuestros días y nuestros años en cultivar el intelecto, en argumentar, discutir, pelear, luchar por ser «alguien», etcétera, a pesar de este mundo extraordinariamente maravilloso y de esta Tierra tan rica ‑no la tierra de Bombay, de Punjab, no la tierra rusa o la norteamericana-; esta Tierra es nuestra, es suya y mía; y no se trata de un disparate sentimental, se trata de un hecho. Pero, desafortunadamente, la hemos dividido a causa de nuestra mezquindad, de nuestro provincialismo. Y sabemos bien por qué lo hemos hecho: por nuestra seguridad, para obtener más y mejores empleos. Ése es el juego político que practican en todo el mundo, y así es como nos olvidamos de ser seres humanos, de vivir dichosamente en esta Tierra que es nuestra, y de hacer algo por ella.

5 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas- Vol. XI




El destello de la comprensión

No sé si ha notado usted que hay comprensión cuando la mente está muy quieta, siquiera por un segundo; el destello de la comprensión tiene lugar cuando cesa la verbalización del pensamiento. Sólo experimente con ello y verá por sí mismo que tiene el destello de la comprensión, esa rapidez extraordinaria del discernimiento instantáneo, cuando la mente está muy silenciosa, cuando el pensamiento se halla ausente y la mente no está agobiada por su propio ruido. En consecuencia, la comprensión de lo que fuere, de una pintura moderna, de un niño, de nuestra esposa, de nuestro vecino, o la comprensión de la verdad ‑verdad que se encuentra en todas las cosas-, sólo puede tener lugar cuando la mente está muy silenciosa y quieta. Pero esa quietud no puede ser cultivada, porque si usted cultiva una mente quieta, ésa no es una mente quieta, es una mente muerta.
Cuanto más se interesa uno en algo, cuanto mayor es su intención de comprender, tanto más simple, clara y libre es la mente. Cesa la verbalización. Al fin y al cabo, el pensamiento es la palabra, y la palabra es la que interfiere. La pantalla de las palabras, que es la memoria, se interpone entre el reto y la respuesta. Y lo que responde al reto es la palabra, proceso al que llamamos intelección. Así, la mente que parlotea, que verbaliza, no puede comprender la verdad; la verdad en la relación, no una verdad abstracta. No hay verdad abstracta. Pero la verdad es muy sutil [...].
Como un ladrón en la noche, llega secretamente, no cuando uno está preparado para recibirla.

6 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas - Vol. V




El intelecto desprevenido

Uno puede conocerse a sí mismo sólo cuando no está consciente de que lo hace, cuando no calcula, no se protege, no está constantemente vigilando para guiar, transformar, sojuzgar, controlar; cuando se ve a sí mismo inesperadamente, esto es, cuando la mente no tiene preconceptos en relación consigo misma, cuando está abierta, no cuando está preparada para encontrarse con lo desconocido.
Si mi mente está preparada, no puedo, por cierto, conocer lo desconocido, ya que soy lo desconocido. Si me digo a mí mismo: «Yo soy Dios», o. «Soy nada más que un conjunto de influencias sociales o un haz de cualidades», si tengo algún preconcepto acerca de mí mismo, no puedo comprender lo desconocido, aquello que es espontáneo.
Así pues, la espontaneidad puede llegar sólo cuando el intelecto se halla desprevenido, cuando no se está protegiendo, cuando ya no siente temor en relación consigo mismo; y esto puede ocurrir únicamente desde lo interno. Es decir, lo espontáneo ha de ser lo nuevo, lo desconocido, lo incalculable, lo creativo, aquello que debe ser expresado, amado, en lo cual la voluntad, como proceso del intelecto que controla y dirige, no tiene participación alguna. Observe sus propios estados emocionales y verá que los instantes de gran júbilo, de gran éxtasis, son impremeditados; ocurren inadvertidamente, de manera misteriosa, secreta.

    7 DE SEPTIBMBRE   Obras Completas - Vol. III




La memoria carece de vida en sí misma

¿Qué entendemos por pensamiento? ¿Cuándo piensa uno? Obviamente, el pensamiento es el resultado de una respuesta, neurológica o psicológica, ¿no es así? Es la respuesta inmediata de los sentidos a una percepción, o es la respuesta de la memoria acumulada. Es decir, existe la respuesta inmediata de los nervios a una sensación, y está la respuesta de la memoria almacenada, la influencia de la raza, del grupo, del guru, de la familia, de la tradición y demás, a todo lo cual llamamos pensamiento. De modo que el proceso del pensamiento es la respuesta de la memoria, ¿verdad? Uno no tendría pensamientos si no tuviese memoria, y la respuesta de la memoria a ciertas experiencias pone en acción el proceso del pensamiento.
¿Qué es, entonces, la memoria? Si usted observa su propia memoria y cómo la acumula, notará que ésta es, o bien factual, técnica, y se relaciona con la información ‑ingeniería, matemáticas, física y demás-, o es el residuo de una experiencia inacabada, incompleta. Observe su propia memoria y lo verá. Cuando usted termina una experiencia, cuando la completa, no queda recuerdo de esa experiencia, en el sentido de un residuo psicológico. Hay un residuo sólo cuando una experiencia no es plenamente comprendida; y no hay comprensión de la experiencia debido a que miramos cada experiencia a través de los recuerdos del pasado. Por lo tanto, jamás nos enfrentamos a lo nuevo como lo nuevo, sino siempre a través de la pantalla de lo viejo. Está claro, pues, que nuestra respuesta a la experiencia se halla condicionada y es siempre limitada.

8 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas - Vol. V




La conciencia es del pasado

Si usted observa muy cuidadosamente, verá que el flujo del pensamiento no es constante, sino que existe un intervalo entre dos pensamientos; aunque no sea más que una infinitesimal fracción de segundo, existe un intervalo que tiene significación en el balanceo del péndulo hacia atrás y adelante. Vemos el hecho de que nuestro pensar está condicionado por el ayer, el cual se proyecta hacia el mañana; tan pronto admite usted el pasado, también tiene que admitir el futuro, ya que no hay dos estados como el pasado y el futuro, sino un estilo que incluye tanto lo consciente como lo inconsciente, tanto el pasado individual como el colectivo. El pasado colectivo y el individual, en reacción al presente, emiten ciertas respuestas que crean la conciencia del individuo; por lo tanto, la conciencia es del pasado, y ése es todo el trasfondo de nuestra existencia. Tan pronto tiene usted el pasado, tiene inevitablemente el futuro, porque el futuro es meramente la continuidad modificada del pasado, pero sigue siendo ese pasado, de modo que nuestro problema es cómo originar una transformación en este proceso del pasado, sin crear otro condicionamiento, otro pasado.

9 DE SEPTIEMBRE   La libertad primera y última




¿Por qué es uno irreflexivo?

El pensador piensa sus pensamientos por obra del hábito, de la repetición de la imitación, lo cual genera ignorancia y dolor. No es un hábito la irreflexión? La percepción alerta crea orden pero jamás crea hábito. Las tendencias arraigadas no hacen sino originar irreflexión. ¿Por qué es uno irreflexivo? Por que reflexionar es penoso, crea perturbaciones, genera oposición, puede ocasionar que las acciones de uno vayan en contra del patrón establecido. Pensar y sentir de un modo amplio, tornarse lúcidamente consciente de las cosas, sin opción ni preferencia alguna, puede llevarnos a profundidades desconocidas, y la mente se rebela contra lo desconocido; por eso se mueve de lo conocido a lo conocido, de hábito en hábito, de patrón en patrón. Una mente así jamás abandona lo conocido para descubrir lo desconocido. Al advertir las dificultades del pensar reflexivo, el pensador se vuelve irreflexivo a causa de la imitación y el hábito; temiendo pensar, crea patrones de irreflexión. Como el pensador es temeroso, sus acciones nacen de ese temor, y entonces, al ver sus acciones, trata de cambiarlas. El pensador siente miedo de sus propias creaciones; pero la acción es el actor, de modo que el pensador tiene miedo de sí mismo. El pensador es el miedo; es la causa de la ignorancia, del dolor. El pensador puede dividirse en muchas categorías de pensamiento, pero el pensamiento sigue siendo el pensador. El pensador y sus esfuerzos por ser, por devenir, son las verdaderas causas de conflicto y confusión.

10 DE SEPTIEMBRE  Entrevistas




El pensador es el pensamiento

¿No es, acaso, necesario comprender al pensador, al hacedor, al actor, puesto que su pensamiento, su proceder, su acción no puede separarse de él? El pensador es el pensamiento, el hacedor es el hecho, el actor es la acción. El pensador se revela en su pensamiento. El pensador mediante sus acciones crea su propia desdicha, su ignorancia, su conflicto. El pintor pinta este cuadro de felicidad efímera, sufrimiento y confusión. ¿Por qué produce esta pintura dolorosa? Indudablemente, éste es el problema que debemos estudiar, comprender y disolver. Por qué piensa el pensador sus pensamientos, de los cuales fluyen todas sus acciones? Ésta es la roca contra la cual ha estado usted golpeándose la cabeza, ¿verdad? Si el pensador pudiera trascenderse a sí mismo, cesaría todo conflicto; y para trascenderse a sí mismo tiene que conocerse. Aquello que se conoce y comprende, que se realiza y completa, no se repite. Lo que da continuidad al pensador es la repetición.

11 DE SEPTIEMBRE   Entrevistas




No existe la libertad de pensamiento

No sé si está claro para cada uno de nosotros, que vivimos en un estado de contradicción. Hablamos de paz, y nos preparamos para la guerra. Hablamos de no-violencia, y somos fundamentalmente violentos. Hablamos de ser buenos, y no lo somos. Hablamos de amor, y estamos llenos de ambición, espíritu competitivo, despiadada eficiencia. Hay, pues, contradicción. La acción que surge de esa contradicción no hace sino generar frustración y más contradicciones [...].
Vea, señor, todo pensamiento es parcial, jamás puede ser total. El pensamiento es la respuesta de la memoria, y la memoria es siempre parcial, porque es el resultado de la experiencia; de modo que el pensamiento es la reacción de una mente condicionada por la experiencia. Todo pensar, toda experiencia, todo conocimiento son inevitablemente parciales; por lo tanto, el pensamiento no puede resolver los muchos problemas que tenemos. Usted podrá tratar de razonar lógicamente, sensatamente, acerca de estos problemas, pero si observa su propia mente verá que su pensar está condicionado por sus circunstancias, por la cultura en que ha nacido, por los alimentos que ingiere, por el clima en que vive, por los diarios que lee, por las presiones e influencias de su vida cotidiana […].
Debemos, pues, comprender muy claramente que nuestro pensar es la respuesta de la memoria, y la memoria es mecánica. El conocimiento es siempre incompleto, y todo pensar nacido del conocimiento es parcial, limitado, jamás es libre. No existe, pues, la libertad de pensamiento. Pero podemos empezar a descubrir una libertad que no es un proceso del pensamiento, y en la cual la mente está alerta a todos sus conflictos y a todas las influencias que hacen impacto en ella.

    12 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas - Vol. XI




Pensar sin el pensador

El mono en el árbol siente hambre, y entonces surge el impulso de tomar una fruta o una nuez. La acción viene primero, y después la idea de que hubiera sido mejor guardarla. Para expresarlo en palabras diferentes: ¿Qué viene primero, la acción o el actor? Sin la acción, ¿hay un actor? ¿Comprende? Esto es lo que estamos preguntándonos siempre: ¿Quién es el que ve? ¿Quién es el observador? ¿Está el pensador separado de sus pensamientos? ¿Hay separación entre el observador y lo observado, el experimentador y la experiencia, el actor y la acción?... Pero si usted examina realmente el proceso, con mucho cuidado, detenimiento e inteligencia, verá que la acción está siempre primero, y que la acción con un objetivo en vista crea al actor. ¿Me sigue? Si la acción tiene un objetivo en vista, el logro de ese objetivo da origen al actor. Si usted piensa muy claramente, sin prejuicio, conformismo, sin tratar de convencer a nadie sin un objetivo en vista, en ese puro pensar no hay un pensador; existe únicamente el pensar. Sólo cuando su pensar contiene la búsqueda de un objetivo, se vuelve importante usted y no el pensamiento. Quizás haya observado esto. Es realmente importante descubrirlo, porque a partir de ahí sabremos cómo actuar. Si el pensador viene primero, entonces el pensador es más Importante que el pensamiento; y todas las filosofas, las costumbres y actividades de la presente civilización se basan en esta hipótesis. Pero si el pensamiento viene primero entonces el pensamiento es más importante que el pensador.

 13 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas - Vol. V




Percepción instantánea

Para mí sólo hay percepción, la cual consiste en ver algo, instantáneamente, como falso o verdadero. Esta percepción instantánea de lo falso y lo verdadero es el factor esencial, no así el intelecto, basado en su habilidad, su conocimiento, sus compromisos. A veces debe haberle sucedido que ha visto la verdad de algo instantáneamente, tal como la verdad de que uno no puede pertenecer a nada. Eso es la percepción: ver la verdad de algo instantáneamente, sin análisis, sin razonamientos, sin todas las cosas que el intelecto crea con el fin de posponer la percepción. Ésta es por completo diferente de la intuición, palabra que usamos con mucha soltura y facilidad [...].
Para mí, sólo existe esta percepción directa, no el razonamiento, el cálculo, el análisis. Uno debe tener la capacidad de analizar; debe tener una mente buena y aguda para poder razonar. Pero una mente que se limita al razonamiento y al análisis es incapaz de percibir qué es la verdad [...].
Si usted se comunica consigo mismo, sabrá por qué «pertenece» a algo, por qué se ha comprometido; y si avanza más, verá la esclavitud, el cercenamiento de la libertad, la falta de dignidad humana que acarrea ese compromiso. Cuando percibe todo esto instantáneamente, está libre; no tiene que hacer un esfuerzo para liberarse. Por eso es esencial la percepción.

14 DE SEPTIEMBRE   Obras Completas- Vol. XI




Comprensión de instante en instante

La comprensión fundamental de uno mismo no adviene por obra del conocimiento o de la acumulación de experiencias, todo lo cual no es más que el cultivo de la memoria. La comprensión de uno mismo es de instante en instante; si nos limitamos a acumular conocimientos acerca del «yo», esos conocimientos mismos impiden toda comprensión ulterior, porque el conocimiento y la experiencia que se acumulan se convierten en el núcleo por medio del cual el pensamiento se concentra y tiene su existencia.

 15 DE SEPTIEMBRE   La libertad primera y última




Comprender el proceso de nuestro pensar

Supongamos que usted jamás hubiese leído un libro, religioso o filosófico, y tuviera que descubrir el sentido, el significado de la vida. ¿Cómo procedería al respecto? Suponga que no hubiese Maestros, ni organizaciones religiosas, ni el Buda, ni Cristo, y usted tuviera que empezar desde el principio, ¿cómo emprendería esa tarea? Ante todo, tendría que comprender su proceso del pensar, ¿no es así?, y no proyectarse a sí mismo, no proyectar sus pensamientos hacia el futuro, creando a un Dios de su agrado; eso sería demasiado infantil. Así que primero tendría que comprender el proceso de su propio pensar. Ése es el único modo de descubrir algo nuevo, ¿verdad?
Cuando decimos que el aprendizaje o el conocimiento es una traba, un obstáculo, no estamos incluyendo el conocimiento tecnológico ‑cómo conducir un auto, cómo hacer funcionar una maquinaria- o la eficiencia que trae el conocimiento. Tenemos en mente algo muy distinto: ese sentido de felicidad creadora que ninguna cantidad de conocimiento o estudio puede traer consigo. Ser creativo en el más genuino sentido de esa palabra es estar libre de instante en instante, porque el pasado es lo que continuamente ensombrece el presente. Aferrarse tan sólo a la información, a las experiencias de otros, a lo que alguien ha dicho, por importante que sea, y tratar de aproximar a eso la propia acción, todo ello es conocimiento, ¿verdad? Pero para descubrir algo nuevo, uno debe empezar por sí mismo; debe emprender un viaje, haciéndolo completamente desnudo, en especial de conocimientos, porque es muy fácil experimentar gracias a la creencia y al conocimiento; pero estas experiencias no son sino los productos de nuestra propia proyección y, por lo tanto, son completamente falsas, irreales.” 








Extraído de J. Krishnamurti, El libro de la vida (Meditaciones diarias con Krishnamurti), Edhasa, Madrid, 1996. Traducción: A. Clavier.



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