29 de marzo de 2013

EL CRISTO, EL GRAN INICIADO JESÚS, Y LA "NUEVA HUMANIDAD": Misterios develados por JOSÉ TRIGUEIRINHO










“En griego, el término [XRISTÓS] significa ungido; desde el punto de vista de la evolución cósmica, se refiere a la consciencia que expresa la esencia de las leyes universales. La  vida crística es la aplicación y la vivencia correcta de esas leyes. En la actual civilización, ese nombre tomó connotaciones sectarias e ideológicas distantes de su acepción genuina. Cristo es el nombre dado también a una Entidad de alta evolución que, por intermedio de Jesús, expresó la energía del Segundo Rayo Cósmico en la faz de la Tierra. Pero, con mayor frecuencia, el término se refiere a la energía en sí, y no a esa Entidad que la manifestó. Como consciencia, representa la realización divina que, un día, la humanidad entera alcanzará. Como Avatar, se reveló por intermedio de diversos instructores que, en el transcurso de las épocas, vinieron al plano físico para conducir al hombre por la senda espiritual. Cristo es energía cósmica de unificación, y no un individuo; está en todos y se expresa con libertad en quienes prenuncias etapas futuras de perfeccionamiento del género humano. Es la síntesis de la vibración del centro del sistema solar, el sol espiritual, vibración que, por sus características de atracción, ayuda a conducir el universo creado al Origen. Todos los que personifican esta energía inmaterial y sublime pueden ser denominados crísticos. La expresión auténtica de la energía crística, el amor-sabiduría, en los niveles concretos del planeta, significa un avance del cosmos entero. No obstante, innumerables aspectos suyos aún son desconocidos para la humanidad de la superficie de la Tierra; esto se debe, en parte, a que pocos individuos se relacionan con dicha energía de manera impersonal. En este sistema solar, la energía crística sintetiza a las demás, está presente en todo su ámbito y es la vía de realización de los seres; sin embargo, tiene que ser despertada, dinamizada e irradiada. Cuanto más el ser humano se aproxima al propio núcleo interno, más penetra en esa energía y más es utilizado por ella como canal de expresión. La energía crística no es, por lo tanto, exclusividad de sectas o religiones y tampoco puede ser explicada. Para conocerla, el hombre debe recorrer la senda de la entrega al yo supremo y dejarse impregnar por su esencia de amor. Esa energía es la que consuma la verdadera transformación de la consciencia –todo lo que el individuo debe hacer es no colocar obstáculos a su actuación y, por el contrario, facilitarla, cultivando el despojamiento y el desapego, pues ella trabaja para liberarlo de las ilusiones del mundo formal: es el camino, la verdad y la vida. La energía crística lo ayuda a trascender el ego y lo lleva a estados más amplios. El espíritu crístico es síntesis; es la cualidad de la consciencia de la Jerarquía planetaria y la nota que la simboliza con el propósito solar. 
Como consecuencia de la manifestación de esa energía de un modo bastante avanzado y perfeccionado, a través de un ser encarnado hace dos mil años, la estructura planetaria se modificó fundamentalmente. Las posibilidades de contactos internos, la evolución del alma y el despertar gonádico aumentaron en la Raza humana de la superficie terrestre después de esta irradiación en los planos concretos. Y, si entendemos la cura como la implantación, en la forma, de la vibración correspondiente a la idea que le dio origen (sea esa forma los cuerpos de un hombre, una célula o un átomo material), la energía crística puede ser considerada curativa, pues es mediadora entre el patrón arquetípico y el mundo exterior. Cuando Cristo se manifestó en Jesús, no sólo lo hizo en aquel ser, sino también con gran potencia, aunque en menor grado, en los Apóstoles. Éstos llegaron a curar y a expurgar fuerzas involutivas del aura de algunos individuos, incluso mientras Jesús estaba encarnado. La energía crística determina la tonalidad de la vibración de este sistema solar, y de todos los cuerpos que forman parte de él, pero sin limitarse a ese ámbito. El hecho de que una galaxia esté cualificada por el Segundo Rayo Cósmico es una de las razones por las que pudo albergar una coyuntura planetaria desequilibrada como la de la Tierra. Dos consciencias distintas prestaron servicio por medio de los cuerpos de Jesús: se propio ser, eslabón entre la humanidad y la Jerarquía planetaria, y la Entidad-Cristo, eslabón entre la Jerarquía planetaria y la solar. Debido a esta interacción se amplió la posibilidad de que algunas consciencias actuasen directamente en los planos materiales sin pasar por el nacimiento físico, utilizando para ello los vehículos de un ser encarnado. En estos casos, tampoco se requiere la transformación monádica[1]: la consciencia sólo se expresa durante el período necesario para el trabajo evolutivo que le corresponde en los planos materiales. Sin embargo, este proceso no se asemeja en nada al de la incorporación de seres humanos terrestres desencarnados en personas sensitivas; la sublime interacción de Cristo y Jesús contiene las claves de la unión del hombre con la esencia de la vida, que él denominó Padre, y constituye un referente para su actual realización. Esta interacción no fue develada totalmente, excepto a ciertos Iniciados, en los planos internos. No obstante, ahora, con los impulsos que trae la transición planetaria y con la consumación de la fase comenzada hace más de veinte siglos, caen muchos velos y puede concretarse la aproximación de la humanidad a la Jerarquía, de manera inédita en la historia de la Tierra. La encarnación de Cristo en los cuerpos de Jesús fue propiciada no sólo por una coyuntura planetaria y solar, sino también cósmica; en los niveles internos, se alinearon Sirius, el Sol, Venus y la Tierra. El comienzo de una nueva fase se hizo realidad en el planeta. Cristo representaba la ligazón del Sol y de la Fraternidad de Sirius con la Tierra, y Jesús la ligazón de la Tierra con el Sol, por intermedio de Venus; en la unificación de la consciencia de Cristo y Jesús, y en el servicio que ellos prestaron al impregnar la materia terrestre, se consolida el circuito energético Tierra-Venus-Sol-Sirius. Las energías que fluyeron en esa coyuntura especial estaban imbuidas de las emanaciones cósmicas de Sirius. Grande fue la potencia de esa manifestación crística preparada durante eras por las Jerarquías y por manifestaciones anteriores de menor voltaje. Según Rudolf Steiner (1861-1925), Vishva Karman era el nombre de Cristo para Zoroastro.”







"JESÚS CRISTO 

HIJO DE DIOS SALVADOR",

donde el griego ÍXTHYS = 'pez'



"JESÚS. Innumerables interpretaciones fueron tejidas en torno a la vida y la naturaleza de Jesús. El Nuevo Testamento, el relato más difundido de sus actos, fue elaborado con textos escogidos en concilios cristianos, siguiendo criterios generalmente dogmáticos y unilaterales. Además, su sentido original fue tergiversado, voluntaria o involuntariamente, a lo largo del tiempo y con las sucesivas traducciones. De ese modo, los conocimientos verdaderos acerca de ese miembro de la Jerarquía espiritual se hicieron cada vez más raros. Existen relatos semejantes al de la concepción sobrenatural de Jesús, según está descrita en los Evangelios: en la India, referidos a Krishna, y en Egipto antiguo, referidos a sus divinidades. El mito creado en torno de Jesús sirvió de fundamento para una religión exotérica que después se dividió en varias facciones, cada una de las cuales sostiene posiciones más o menos trascendentales del mensaje que él canalizó. Algo poco común siempre estuvo presente en la naturaleza de este ser. Rudolf Steiner presentó una obra notable respecto de los Evangelios, en base a las informaciones que recogía de los archivos akáshicos. Reveló mucho sobre la genealogía de Jesús, aclarando la aparente contradicción entre los Evangelios. Además, explicó cómo, desde el punto de vista esotérico, los cuerpos de Jesús fueron formados tanto por sustancias primordiales, equivalentes a lo que existía en la Tierra antes de la caída del hombre (lo cual le concedió salud y pureza inigualables), como por elementos que, después de componer los cuerpos sutiles de un antiguo avatar, fueron conservados para esa finalidad. Los cuerpos de Jesús fueron preparados en el transcurso de varias encarnaciones para la tarea futura que tendrían. En el momento del Bautismo, en el Jordán, fueron cedidos a la Entidad-Cristo, según reveló también Alice A. Bailey al transmitir las enseñanzas del Maestro Tibetano D. K. (Djwhal Khul). En el proceso de encarnación de Cristo en Jesús, se aplicó una variante de la ley de transmutación con características diferentes a las de una simple transmutación monádica. Por eso no se puede establecer el límite entre la manifestación de Cristo y la de Jesús a partir del momento de esa interacción. Lo que se conoce de la vida de Jesús da testimonio de su enseñanza. La Entidad cósmica que se expresó por intermedio de Jesús se manifiesta a los hombres de acuerdo con la capacidad de ellos para acoger su energía y de acuerdo con su nivel de consciencia. Jesús se dio a conocer como Cristo al impulsar en esta humanidad especialmente el desarrollo de un alma. A medida que se establece el contacto de un hombre con el nivel anímico, la energía crística aflora de modo más potente y estimula su proceso cósmico: el despertar y el desenvolvimiento de la mónada. Cuando actúa en el plano monádico, esa Entidad se denomina Samana.


Jesús no se dirigió a un pueblo en especial; su mensaje es universal, como toda la obra de la Jerarquía; nació hebreo, pero siguiendo un destino mundial y con repercusiones en toda la humanidad de la superficie de la Tierra. Paul Brunton, en su libro, La realidad interna, comenta el origen extraterrestre de Jesús, y, según Helena P. Blavatsky, una de las funciones de Jesús era traer a esta humanidad enseñanzas de origen divino, cimiento de una nueva civilización. Al principio, su palabra se irradió por Occidente. Él sabía que tendría pocos seguidores mientras estuviese en el mundo material; también sabía cuál sería el desenlace de su encarnación. No vino para fundar organizaciones, sino para dejar simientes en lo íntimo de los seres humanos; como no cumplió las expectativas de sus contemporáneos, cristalizados en la letra muerta de las escrituras, éstos lo rechazaron. No obstante, a pesar de las tendencias retrógradas y de la falta de comprensión de la mayoría, su tarea fue cumplida, pues la energía crística, el amor-sabiduría, se afincó en el interior del planeta, posibilitando hoy la implantación de un nuevo código genético, más sutil, en la parte rescatable de la humanidad. Esa energía, además, permitió que el alma humana se polarizase en el nivel intuitivo y se desvinculase de ciertas leyes restrictivas, como la del karma material. Las palabras ‘El Reino está dentro de vosotros’, atribuidas a Jesús, sintetizan una gran enseñanza, cuya esencia recién ahora la humanidad comienza a vislumbrar. Es en el propio universo interior donde el ser humano encuentra los orígenes de su existencia, las causas de lo que ocurre en el mundo tangible y el destino que le aguarda. Con esa premisa se puede comprender, con mayor facilidad, la obra de Jesús y la de otros enviados de la Jerarquía, como también colaborar con ella.”






LA TRANSFIGURACIÓN: [Es] el proceso por el cual el yo consciente pasa a reflejar con pureza la energía de su ser interior. Es la Tercera Iniciación. Significan gran progreso para las partículas de los cuerpos de aquellos que la viven –en realidad, también es una iniciación de la materia. La transfiguración dinamiza el fuego solar y en el plano etérico y lo irradia hacia toda la órbita planetaria. La posibilidad de que el individuo sea transfigurado depende, en parte, de la cualidad de la vibración de sus cuerpos y, en parte, del grado en que el fuego del espíritu haya sido activado en él. Sus cuerpos deben haberse sutilizado y purificado en una proporción tal que les permita recibir, sin desintegrarse, una energía tan intensa que los transfigura. En la transfiguración, hasta el cuerpo físico es profundamente transformado y llega a expresar la luz interna en cierta medida.”

Se entiende por INICIACIÓN la “expansión de la consciencia por medio de la cual un ser adquiere control de las leyes regentes de cierto nivel de existencia, así como de su cuerpo de expresión en ese nivel, convirtiéndose en una prolongación de las energías creadoras. Este término designa procesos que marcan avances específicos en la evolución individual y que repercuten en el Todo… Las Iniciaciones constituyen peldaños en la trayectoria de la consciencia rumbo al Origen. Todas las partículas –átomo, ser humano o Logos- están destinadas a vivenciarlas. Es el camino para trascender las leyes materiales e ingresar en mundos incorpóreos e inmateriales; hace emerger facultades superiores y torna lúcido al individuo en niveles suprafísicos. Al adquirir control de las leyes en nivel de existencia, la consciencia está apta para ser iniciada en otro, más sutil. Con esta sucesión de niveles, se aproxima a su fuente interior. […] En todo el cosmos, las Iniciaciones en general ocurren espontáneamente en el transcurso de la evolución. Sin embargo, en algunos casos se necesita un esfuerzo adicional, externo, para acelerar ciertos desarrollos. En la Tierra, los iniciados reciben esa ayuda desde mediados de la Raza atlante y continuarán recibiéndola hasta la Cuarta Raza del próximo ciclo planetario de expresión.” (INICIACIÓN)

Tercera Iniciación: El alma asumía el control de la personalidad y, por primera vez, se encontraba frente al Logos planetario; la voluntad del ego humano se disolvía en el alma. Fue simbolizada por la transfiguración de Jesús.” (INICIACIONES EN EL PASADO, EN EL PRESENTE Y EN EL FUTURO)








CRUCIFIXIÓN / LA CRUZ. Símbolo universal de la perfecta interrelación de la existencia material (asta horizontal) con la realidad interior (asta vertical). No se puede precisar el período o el lugar de origen de este símbolo; en todos los tiempos estuvo presente en la cultura de los pueblos terrestres. Estimula al ser humano a penetrar en los misterios de la esencia de la Vida. Según la enseñanza esotérica, la cruz y el Árbol de la Vida son símbolos equivalentes. A esto alude H. P. Blavatsky en La Doctrina Secreta (Tomo IV, Ed. Kier) cuando afirma que la figura de un hombre crucificado representa originariamente el renacimiento, o sea, la Iniciación. No obstante, en el plano esotérico, la cruz se convirtió en símbolo de muerte, por haber sido usada por los romanos como instrumento de tortura y mal interpretada por los primeros organizadores cristianos. La cruz fue, es y será parte del camino iniciático del ser humano. En los Centros de Misterios de Grecia, de Egipto, de la India y de Caldea, ella era la base para el renacimiento. El gesto de la señal de la cruz, adoptado actualmente por religiones y sectas cristianas, es herencia de los ritos iniciáticos antiguos, aunque hoy no se utilicen los mantras de gran pureza que los acompañaban en aquella época. A través de los tiempos, el símbolo de la cruz presentó diversas formas, captadas por Iniciados sintonizados con núcleos arquetípicos que rigen la evolución de la humanidad y del planeta, y vitalizadas por energías superiores. Cada una de ellas expresa un matiz de la verdad que vivifica este símbolo; canaliza, con todo, el impulso para trascender y transmutar el estado de consciencia ya alcanzado. La cruz expresa el equilibrio perfecto y la fusión de los cuatro elementos básicos de este universo: tierra, agua, fuego y aire. Aun así, tiene una potente acción transmutadota; conduce las fuerzas del mundo material a sus posiciones correctas en el campo energético del cual forman parte. Por eso es conocida su eficacia para disolver núcleos con tendencias involutivas. La crucifixión corresponde a la Cuarta Iniciación del hombre, la Iniciación de la gran renuncia, en la cual se cumplen las palabras de Cristo: ‘[…] Padre, hágase Tu voluntad…’. Al entregar el ego a la crucifixión –lo que implica ingresar en la senda del olvido de sí, de la ecuanimidad, del abandono de los propios conceptos-, los individuos son, por lo general, poco comprendidos por el mundo. No obstante, ése es el misterio de la cruz: los que en su centro dejan que se desvanezca la ilusión y, por medio del perfecto equilibrio entre el asta vertical y la horizontal, apaciguan en sí mismos los opuestos, llegan a la compasión. Ésta, nutrida por la renuncia y alentada por la sabiduría, anuncia la consciencia de la eternidad.”








RESURRECCIÓN. Proceso oculto que se desencadena en el nivel etérico, en una avanzada etapa de ascensión del ser humano. Por medio de la resurrección, la red etérica, que mantuvo cohesionada a la materia del cuerpo físico, es sustituida por una prolongación del cuerpo de luz con vibración adecuada para proyectarse en los niveles concretos; sin embargo, téngase en cuenta que esta materialización no tiene nada que ver con la condensación de formas que se efectúa con la manipulación de fuerzas psíquicas. A fin de que la resurrección se cumpla, el débito kármico para con el reservorio planetario de átomos debe ser equilibrado con la restitución del material que componía el cuerpo físico del individuo. Por eso, el cuerpo resucitado no es el mismo que él usó antes: está plasmado en un nuevo molde etérico y las leyes que lo rigen son distintas. Para construirlo, es necesario que, después de desencarnar, los núcleos internos del ser se sumerjan en la Fuente de Vida y retornen con la chispa que reunirá nuevas partículas y las vivificará.
Algo diferente de la resurrección, aunque semejante en ciertos aspectos internos, ocurría en la época en que los Centros de Misterios estaban activos en el nivel concreto de la superficie de la Tierra. Algunos procesos de ampliación de la consciencia relacionados con los primeros grados iniciáticos requerían que el individuo entrase en una especie de trance, conducido por sacerdotes genuinos; mientras su cuerpo físico permanecía en estado cataléptico, su ser recibía enseñanzas en los niveles sutiles. La duración de estas ceremonias variaba según la finalidad. Fueron realizadas en la Gran Pirámide, en Egipto, al igual que en templos y tumbas. En la llamada “resurrección” de Lázaro, relatada en la Biblia, públicamente Jesús lo hizo retornar de ese “trance” (él fue considerado muerto por los no iniciados), lo cual simbolizó un importante cambio: el alma del hombre ya estaba apta para transformar la consciencia y los cuerpos de la personalidad sin este tipo de intermediación. Se volvió capaz de esto después de un progreso largo y gradual, que culminó con la encarnación de Cristo en Jesús.

Con respecto a la verdadera resurrección, es uno de los pasos más avanzados que puede dar el hombre de la superficie de la Tierra, pues consolida su integración en la Fraternidad de Sirius, lo desvincula del mal cósmico y lo libera del nivel físico cósmico. La capacidad de un ser resucitado para lidiar con la materia es infinita si se la compara con la de un hombre común. Cuando se alcanza este punto, la mónada reúne las energías de los núcleos de consciencia inframonádicos, las absorbe mediante la acción del fuego cósmico y ‘resurge’ en un nivel superior. Entonces aumenta su poder de crear vínculos para expresarse en el mundo material siempre que sea necesario, es este mismo poder el que se nota en seres oriundos de mundos incorpóreos que se materializan en la Tierra con la finalidad de cumplir tareas del Plan Evolutivo. En la actual transición planetaria, y también en el ciclo cerrado el 8/8/1988, la resurrección forma parte de la Séptima Iniciación. En el ciclo venidero, será lograda en la Cuarta Iniciación, cuando las nueve Iniciaciones vigentes en el ciclo pasado (hoy, siete) estará sintetizadas en cinco.”





REAPARICIÓN DE CRISTO. [Se trata de la] exteriorización de la energía crística, profetizada de diferentes formas, tanto en la enseñanza esotérica como en la exotérico-religiosa. Sobrevendrá del despertar de la llama interior de la humanidad. En esta época, esa energía debe exteriorizarse en todo el planeta, y no sólo en el individuo y en una región, como ocurrió varias veces en el pasado. Los que buscan su fuente fuera de sí mismos estarán perdidos, pues las fuerzas involutivas son poderosas y hábiles para confundirlos. En el mundo interno es donde puede encontrarse el puro manantial de la energía crística, energía que devela el Plan Evolutivo, impulsa al ser humano al servicio, a la donación, a la unión con la Vida, a la integración en los Grupos Internos y en la Jerarquía. Seres que desde hace tiempo vienen profundizando sus vínculos con la consciencia crística están encarnados en este período de transición del planeta y colaboran en la implantación de patrones de conducta basados en el amor impersonal y trascendente, sobre los cuales será erigida la nueva humanidad. Rudolf Steiner predijo que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, muchos podrían tener una experiencia equivalente a la del Iniciado Pablo en el camino de Damasco: estar frente a Cristo en el nivel etérico (The Gospel of Mark). Esta experiencia no depende de la filiación a religiones formales. Es íntima y secreta; es el reconocimiento del eslabón del propio ser con la esencia solar, pues todo el sistema solar está incluido en la consciencia de Cristo y es sostenido por ella. A lo largo de los siglos, la expectativa de que Cristo reaparezca nuevamente, como un individuo en el nivel concreto, ha favorecido las mistificaciones; en 1137, en Francia, una persona llegó a ser condenada por un tribunal común por esta razón; en 1147, en Persia, el regreso de un pseudo Cristo fue ampliamente denunciado y esperado; en 1666, en Esmirna, surgió un movimiento importante en este sentido, cuyo representante peregrinó por varios países europeos, por el Norte de África y por el interior de Asia. Además de éstos, existen otros casos de mistificadores, incluso algunos recientes. En The Notebooks of Paul Brenton (Volume XI, Larson Publications, New York; también publicado por Editorial Kier, con el título Agendas), Brunton (1898-1981) dice que un error frecuente que se comete con los líderes espirituales es creer que son una reencarnación de Cristo. De hecho, se incurrió en este error a principios del siglo XX, cuando tal papel le fue atribuido a Krishnamurti. Sin embargo, él se negó a desempeñarlo. Aun así, la creencia persiste, y sobre ella, Paúl Brunton dice: ‘Ningún estudiante de filosofía debe dejarse engañar por esta revelación fantasiosa’. En cartas escritas entre 1929 y 1939, Helena Roerich afirma que si Cristo reapareciese en cuerpo físico tal vez no llegaría a ser condenado a muerte, pero le resultaría difícil escapar de la prisión o de la inmoralidad pública. El calificativo de anticristo le sería dado por teólogos y autoridades eclesiásticas, y sería renegado tal como lo fue hace siglos.
La energía crística nunca estuvo ausente. Su ‘reaparición’ se refiere al comienzo de una fase de mayor interacción de la consciencia humana con ella y a su mayor difusión y penetración en la vida planetaria. La humanidad se está preparando para una Iniciación, y por eso se aproxima aun más la energía crística. El planeta también está siendo iniciado, mientras que, al mismo tiempo, se consuma una importante Iniciación cósmica de la propia Entidad-Cristo. La reaparición de Cristo deriva de varios factores, entre los cuales están esas Iniciaciones, y se relaciona con el translado de la energía del Logos planetario [2], de Shamballa, en Oriente, a Miz Tli Tlan, en Occidente. Se hace notar de diferentes maneras en las dimensiones del plano físico y en los niveles etéricos; cítense como ejemplo las Jerarquías que, como luces, recorren los cielos. Por los dichos atribuidos a Cristo, su venida sería como un relámpago que sale del oriente y brilla hasta el poniente (Mateo, 24: 27); él vendría en medio de las nubes, con gran poder y gloria, y enviaría a los ángeles a reunir a sus elegidos (Marcos, 13: 26-27).
[…]


Entre otros impulsos, la venida de Cristo hace siglos facilitó el despertar anímico de la humanidad, y la dinamización de los Grupos Internos en el nivel causal. En esta etapa, su reaparición posibilita la exteriorización de la esencia solar en el nivel etérico del planeta, proporcionando el despertar de las mónadas y la activación de los Grupos Internos en el nivel gonádico con el centro intraterreno Erks como punto de convergencia de esos Grupos Internos. La proyección visible de Erks en la superficie del planeta, en un valle de Córdoba, Argentina, es una parte significativa de esta gran transformación planetaria y de esta reaparición.”




De José Trigueirinho, de Léxico esotérico, Kier, Bs. As., 2003. (Sin datos de traducción.)



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[1] Mónada: “El ser humano tiene varios centros de consciencia, puntos focales por medio de los cuales se expresa en diferentes niveles del universo. Para él, la mónada es el núcleo fundamental en su actual fase de evolución. Deriva de otro, más profundo, el regente gonádico, ‘centella cósmica emanada del Creador’. La mónada es la proyección del regente en el universo físico cósmico; el alma, la proyección de la mónada en los niveles abstractos, y el ego humano, la proyección del alma en el mundo concreto.” - J. Trigueirinho, en esta misma obra. 

[2] Logos planetario: “Consciencia rectora de ámbitos planetarioso de sectores del sistema solar. Hay dos escalones de Logoi planetarios: mayores y menores. Los Logoi planetarios mayores constituyen canales para transformación y transporte de la energía del sistema solar. Asumen conducir la obra del Logos solar y están vinculados directamente a él. Gobiernan la relación entre diferentes sectores del sistema y de éste con otras esferas siderales de vida. Rigen círculos de existencia, que son sectores de manifestación del sistema solar, todo lo que existe en esos círculos de existencia es vivificado, conducido y plasmado por la inducción, directa o indirecta, de los Logoi planetarios mayores. En cuanto a los Logoi planetarios menores, son prolongaciones de los Logoi planetarios mayores y rigen campos de expresión, parcelas de los círculos de existencia que pueden incluir la vida de planetas, asteroides u otros cuerpos celestes; su trayectoria abarca la evolución de los reinos de la naturaleza. Un Logos planetario puede manifestarse en más de un sistema solar concomitantemente… […] Las fases de manifestación de un Logos planetario mayor, y por lo tanto de un círculo de existencia, son preparatorias para las iniciaciones que el Logos debe alcanzar; en la primera fase, el círculo de existencia tiene tres campos de expresión; en la segunda fase, hasta siete, y en la tercera, hasta doce… Estas fases están implícitas en el triángulo de Pitágoras, cuyas relaciones matemáticas corresponden al proceso evolutivo logoico… En resumen, la creación y el desarrollo de un universo planetario forman parte de la ascensión de consciencias logoicas, son el medio por el cual se perfeccionan, se ejercitan en la aplicación de las leyes cósmicas y proveen condiciones para que evolucionen una infinidad de mónadas que integran sus diversos reinos.” - J. Trigueirinho, en esta misma obra.


Ilustración de portada (arriba): María Magdalena ungiendo los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo. Jean Béguin, Retablo del Rosario, Basílica de San Máximo, Var, Francia. Más abajo (en el apartado La Transfiguración): icono de finales del siglo XIV / principios de l XV, oriundo de Polonia.



2 comentarios:

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    1. Amigo "Invisit", no llego a comprender lo que tratas de expresar. No entiendo exactamente qué es lo que has "sentido" ni en qué podría ayudarte: no termino de conectar el contenido de la entrada con tu mensaje. Aclarámelo, si quieres. Mi saludo para vos.

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